Julia Cagé

La crisis ocasionada por la covid llevó a muchos ciudadanos a recurrir a los medios de comunicación en busca de fuentes fiables, pero poco a poco, aunque queda algún poso, la situación vuelve al punto en el que estaba antes de la llegada de la pandemia y la desconfianza en los medios de comunicación sigue siendo la tónica general en muchas encuestas.

Hace apenas unas semanas, el Eurobarómetro anual de la Comisión Europea ponía de nuevo de manifiesto el hundimiento de la confianza de los españoles en sus instituciones, los partidos políticos y los medios de comunicación.

“Los medios de comunicación –publicaba El Mundo sobre el Eurobarómetro– no se libran del cuestionamiento de la opinión pública. De manera general la visión de los españoles es “claramente de desconfianza mayoritaria”, constata el informe. La radio es el medio que se considera más fiable, 42% frente a 46% de rechazo. A continuación la prensa, con sólo un 34% de aval, la televisión, con un 31%, Internet, un 25%, y un 14%, las redes sociales. El 83% afirma además que suele encontrar en los medios “noticias falsas” y para el 85% la desinformación es un problema para España y para la democracia (86%)”.

¿Qué se puede hacer para recuperar en parte esa confianza que los ciudadanos han perdido en los medios de comunicación?

Julia Cagé, presidenta de la Sociedad de lectores de Le Monde, especialista en medios de comunicación, economista, y profesora de Sciences Po Paris, sugiere dos medidas para avanzar en esa dirección: menor dependencia de accionistas privados en los medios de comunicación; y regular las redes sociales para que sean tratadas igual que un medio de comunicación, con las mismas responsabilidades.

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Según apunta Cagé en su última publicación L’Information est un bien public. Refonder la propriété des médias, “hoy, los medios de comunicación son propiedad de un número muy reducido de industriales, lo que plantea muchas preguntas en términos de conflicto de intereses, censura y autocensura de los periodistas. Por tanto, me parece urgente repensar las reglas que rigen hoy la propiedad de los medios”, indica en declaraciones a Le Petit Journal. 

Concretamente, sugiere, correspondería a los medios de comunicación repensar su organización económica y que sea menos dependiente de los accionistas privados.

Julia Cagé pide que “los periodistas por un lado y los lectores por el otro estén más asociados con la propiedad de los medios”. De esta manera, no solo se convierten en accionistas de los medios, sino que también tienen “derechos políticos”. En otras palabras, volver a colocar a los lectores y periodistas en el centro del funcionamiento económico de un medio fortalecería en gran medida su autonomía y su gobernanza dentro de él.

“Lo cierto es que en democracia ya no podemos dejar a los periodistas solos con sus accionistas”, sostiene.

Regular las redes sociales

Según Cagé, regular las redes sociales sería también un paso adelante, porque las haría responsables de la desinformación y se verían obligadas a actuar de verdad. Para Julia Cagé, la crisis por la covid ha sido reveladora de “la importancia de los fenómenos de desinformación y su tremenda difusión en las redes sociales”.

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Al regular las redes sociales y verse estas obligadas legalmente a atajar la desinformación, las redes serían como nuevos medios para el consumo de información, que facilitarían llegar a las audiencias que han abandonado el papel y la televisión, explica.

“No podemos permitir que un pequeño número de jugadores ponga de rodillas a nuestros medios de comunicación para enriquecerse”

Cagé también se muestra a favor de que las redes sociales paguen a los periódicos y considera que, en el modelo actual, son un enemigo natural de la información: “Desde el punto de vista económico, los GAFA (Google, Amazon, Facebook y Apple) son obviamente los “enemigos”: ganan dinero reproduciendo contenido en línea de forma gratuita que no han contribuido en absoluto a producir (son los medios los que invierten en la calidad de la información) y al mismo tiempo roban los ingresos publicitarios de los medios”.

La también autora del libro Salvar los medios de comunicación considera que aunque en estos momentos se dé esa situación, en la que las redes usan el contenido de los medios sin pagar por él, la realidad podría ser otra y por eso no hay que resignarse. “Por el momento, los gigantes de la web todavía se resisten a no pagar, pero esta batalla debe librarse hasta el final: no podemos permitir que un pequeño número de jugadores pongan de rodillas a nuestros medios de comunicación para enriquecerse”.

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