Paul Krugman, economista estadounidense y premio Nobel de Economía, ha advertido de que la creciente presencia de grandes fortunas en la propiedad de medios de comunicación y plataformas digitales puede convertir el control de la información en una herramienta de poder político.
Krugman ha desarrollado esta tesis en un vídeo publicado en su espacio de Substack, en el que analiza lo que denomina el avance de la oligarquía en Estados Unidos. Dentro de ese proceso, atribuye un papel central a la adquisición de periódicos, cadenas de televisión y redes sociales por parte de un reducido grupo de multimillonarios.
Según el economista, estas operaciones no deben interpretarse únicamente desde una perspectiva empresarial. En determinados casos, considera que el objetivo principal no es obtener beneficios, sino adquirir capacidad para influir en la conversación pública, orientar el debate político y decidir qué contenidos alcanzan mayor visibilidad.
La influencia puede pesar más que la rentabilidad. Krugman sostiene que el control de una organización periodística o de una plataforma permite intervenir en el espacio informativo de una forma que va más allá de la propiedad de una empresa convencional.
La posible transformación de CNN
Krugman utiliza como principal ejemplo la posibilidad de que la familia Ellison termine controlando CNN a través de Paramount. A su juicio, esa operación podría provocar una transformación profunda de la orientación informativa de la cadena.
El economista afirma que CNN es actualmente una fuente informativa valiosa y, en algunos asuntos, menos cautelosa que The New York Times, periódico en el que trabajó como columnista. Sin embargo, teme que un cambio de propiedad termine aproximando la cadena al modelo editorial de Fox News.
En su opinión, crear otro medio semejante a Fox News no tendría por qué resultar rentable, ya que ese espacio informativo ya está ocupado. Por ello, interpreta que el verdadero propósito de una operación de esas características sería comprar influencia política.
El medio actuaría como instrumento de poder. Krugman no presenta esta conclusión como un dato empresarial demostrado, sino como su interpretación sobre las motivaciones que pueden impulsar a algunas grandes fortunas a entrar en el sector de la comunicación.
Bezos y The Washington Post
El economista también analiza la propiedad de The Washington Post por parte de Jeff Bezos. Considera que la compra pudo responder inicialmente al prestigio asociado a controlar una institución periodística de referencia, pero sostiene que posteriormente se produjo una modificación de su orientación editorial y un debilitamiento de su estructura informativa.
Krugman afirma que el periódico conserva periodistas capaces de realizar un trabajo relevante y valiente. Sin embargo, considera que la cabecera es actualmente “una sombra” de la institución que fue durante las etapas de Katharine Graham y Ben Bradlee.
Krugman separa a la redacción de sus propietarios. Su crítica no se dirige al conjunto de los periodistas del diario, sino a la capacidad que tiene un multimillonario para modificar la línea editorial, los recursos y las prioridades de un medio.
Esta distinción constituye uno de los aspectos más relevantes para la industria periodística. Incluso cuando una redacción mantiene profesionales independientes, las decisiones sobre inversiones, nombramientos, estructura y orientación general permanecen en manos de la propiedad.
El poder informativo de los algoritmos
Krugman incluye también en su análisis a las plataformas digitales, especialmente X y Facebook. Según su planteamiento, sus propietarios disponen de una capacidad de influencia comparable a la de los dueños de grandes medios porque controlan los algoritmos que seleccionan y distribuyen la información.
En el caso de X, el economista acusa a Elon Musk de haber inclinado deliberadamente la plataforma hacia contenidos de derechas y posiciones extremistas. Sostiene que el cambio no afecta únicamente al tono de los mensajes publicados, sino también al sistema que decide cuáles aparecen con mayor frecuencia ante los usuarios.
Los algoritmos cumplen una función de selección editorial. Aunque no elaboren directamente las informaciones, determinan qué contenidos consiguen alcance, qué opiniones se repiten y qué asuntos parecen dominar la conversación pública.
Krugman advierte especialmente sobre el efecto que esta selección puede tener entre periodistas, políticos y otros integrantes de las élites que utilizan X de forma intensiva. A su juicio, pueden terminar creyendo que las opiniones más visibles en la plataforma representan al conjunto de la sociedad, aunque no sea así.
El economista menciona asimismo a Facebook y a Mark Zuckerberg. Considera que su intervención resulta menos explícita que la de Musk en X, pero sostiene que la plataforma continúa siendo una fuente informativa importante y que puede modificar el tono y la orientación del debate.
El control del espacio informativo
Para Krugman, la propiedad de medios y plataformas forma parte de un proceso más amplio de configuración del espacio informativo. Las grandes fortunas no solo pueden comprar empresas periodísticas, sino también financiar organizaciones, promocionar determinadas ideas y mantener en circulación argumentos favorables a sus intereses.
El economista pone como ejemplo la persistencia de planteamientos económicos que, según afirma, han sido desacreditados pero continúan recibiendo financiación y visibilidad. También menciona la influencia de los intereses vinculados a los combustibles fósiles sobre los discursos que cuestionan la ciencia climática.
El dinero contribuye a sostener determinadas ideas. En su análisis, la concentración de riqueza permite financiar de forma continuada mensajes, instituciones y canales capaces de condicionar la percepción pública.
Krugman reconoce que pueden adoptarse medidas para impedir operaciones concretas o proteger a un medio frente a una amenaza inmediata. Sin embargo, considera que estas actuaciones no resolverán el problema estructural mientras unas pocas personas acumulen recursos suficientes para adquirir organizaciones periodísticas y plataformas de distribución.
Su conclusión es que la concentración de la propiedad mediática no puede separarse de la concentración general de la riqueza. Mientras un grupo muy reducido disponga de un poder económico extraordinario, afirma, seguirá existiendo una presión constante para controlar los medios y el entorno informativo.
Para el periodismo, su análisis plantea una cuestión central: la propiedad de un medio no determina únicamente su viabilidad económica. También puede condicionar su independencia, la fortaleza de la redacción, la selección de los asuntos y su capacidad para fiscalizar a quienes concentran el poder económico y político.



