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Siete decisiones que han debilitado el periodismo digital: de la gratuidad a la dependencia de las plataformas

La digitalización ha ampliado el acceso a las noticias, pero también ha consolidado decisiones que hoy pesan sobre la calidad y la sostenibilidad del periodismo: regalar contenidos, perseguir métricas que no siempre reflejan el valor real de una información, sustituir reporterismo por comentario y perder conexión con las comunidades locales.

La transformación digital ha multiplicado el acceso a las noticias, pero también ha dejado decisiones que han debilitado parte del valor periodístico, la relación con las audiencias y la sostenibilidad de los medios. La gratuidad generalizada, la dependencia de métricas y plataformas, el retroceso del reporterismo original o la pérdida de información local forman parte de ese proceso.

Es la tesis que desarrolla el periodista estadounidense Gabe Bullard en Against Convenience: Embracing Friction in an Age of Endless Ease. En un artículo publicado en Nieman Reports, Bullard resume siete conclusiones de su investigación aplicadas directamente a la evolución del periodismo y al consumo de noticias.

1. Regalar el contenido desde el principio de internet

Bullard parte de una de las decisiones más discutidas de la transición digital: ofrecer gratuitamente en internet el mismo producto periodístico por el que los medios cobraban en papel.

Para desarrollar esta idea recupera el ensayo de Richard J. Tofel Why American Newspapers Gave Away the Future. Tofel sostiene que los periódicos cometieron un error estructural al asumir que la información debía ser gratuita en internet.

La facilidad de acceso aumentó, pero los ingresos derivados de los nuevos dispositivos y de las conexiones digitales quedaron en manos de otros actores tecnológicos.

Preguntado por Bullard sobre qué habría ocurrido si los grandes medios hubieran implantado modelos de pago desde el principio, Tofel reconoce que es imposible saberlo, aunque considera probable que hubieran afrontado las siguientes disrupciones desde una posición económica más sólida.

2. Confundir precisión de los datos con conocimiento de la audiencia

La segunda decisión tiene que ver con el uso de la analítica editorial.

Bullard recuerda una reunión en la que propuso una historia sobre una oveja que había permanecido perdida durante meses. La propuesta fue descartada porque los datos de audiencia indicaban que, entre las historias sobre animales, solo las relacionadas con caballos alcanzaban determinados objetivos de páginas vistas procedentes de Facebook.

El ejemplo muestra una de las limitaciones de la analítica: un dato puede ser preciso y, al mismo tiempo, ofrecer una interpretación incompleta.

Que un contenido obtenga más clics puede reflejar una preferencia del público, pero también la manera en que un algoritmo decide distribuirlo.

Una página vista permite saber que alguien llegó a una noticia, pero dice mucho menos sobre la atención, el interés real, la fidelidad o el valor que esa persona atribuye al medio.

Bullard cuestiona especialmente que estas métricas terminen convirtiéndose en objetivos editoriales. Durante años, numerosos medios fueron presentados como referentes por su uso avanzado de los datos, mientras algunos de ellos han terminado perdiendo relevancia o incluso desapareciendo.

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3. Sustituir parte del reporterismo original por análisis y comentario

Otra de las transformaciones señaladas es el crecimiento del comentario y el análisis frente a la producción de información original.

Una parte importante de lo que actualmente circula como noticia no procede de nuevas investigaciones, entrevistas o hechos descubiertos por una redacción, sino de nuevas interpretaciones de historias publicadas previamente por otros medios.

Bullard considera que las redes sociales intensificaron esta tendencia, aunque sitúa una parte del cambio en una etapa anterior, cuando las redacciones comenzaron a producir contenidos pensando en los buscadores.

Cita para ello al director de Vanity Fair, Mark Guiducci, quien ha señalado que Google contribuyó a consolidar una dinámica en la que los periodistas observaban qué asuntos estaban ya generando interés y producían nuevas piezas sobre esos mismos temas desde la perspectiva de cada publicación.

Una cantidad limitada de reporterismo original puede terminar generando una enorme cantidad de análisis, comentarios y contenidos derivados.

Para la audiencia, la oferta informativa aumenta, pero eso no significa necesariamente que aumente en la misma proporción la cantidad de información nueva.

4. Eliminar todas las fricciones del consumo informativo

Bullard amplía después el análisis hacia los hábitos de consumo.

Redes sociales, plataformas de vídeo, pódcast, retransmisiones en directo y auriculares permiten pasar prácticamente toda la jornada expuesto a comentarios, análisis y contenidos políticos.

El cambio no afecta únicamente a la cantidad disponible, sino también a las limitaciones que antes imponían los soportes y el propio entorno social.

Bullard no plantea eliminar estas herramientas, sino cuestionar la idea de que toda reducción de fricción represente necesariamente una mejora.

La posibilidad de consumir opinión de forma continua ha eliminado límites que anteriormente restringían la exposición permanente a determinados contenidos.

5. Recortar la crítica cultural

Otra de las áreas afectadas por la transformación económica de los medios ha sido la crítica especializada.

A medida que las redacciones reducían costes, desaparecieron numerosos puestos dedicados específicamente al cine, la televisión, la música, el teatro y otras manifestaciones culturales.

Las reseñas y recomendaciones continúan existiendo, pero una parte importante se ha desplazado hacia redes sociales, agregadores, creadores independientes y pódcast.

En el ámbito local, esa pérdida tiene además un impacto sobre la propia comunidad.

La cobertura cultural no solo analiza obras o espectáculos: también ayuda a mostrar qué ocurre en una ciudad y qué actividades forman parte de su vida cotidiana.

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En paralelo, una parte de la función de descubrimiento que antes desarrollaban críticos y periodistas ha pasado a los sistemas de recomendación de las plataformas.

6. Perder la conexión con la información local

Bullard identifica la pérdida de información de proximidad como otra de las consecuencias del nuevo sistema de distribución.

Una persona puede consumir noticias durante varias horas al día y conocer con detalle debates nacionales o internacionales sin saber quiénes son sus representantes locales o qué está ocurriendo en su propia ciudad.

Antes de internet, buena parte de la información nacional llegaba a través de periódicos, radios y televisiones locales. Incluso cuando el lector buscaba información de ámbito nacional, quedaba expuesto también a titulares y contenidos relacionados con su entorno.

La distribución directa a través de plataformas nacionales y globales ha reducido esa exposición accidental a la información local.

La consecuencia es una paradoja: el ciudadano dispone de acceso a más información que nunca, pero puede recibir menos noticias sobre la comunidad en la que vive.

7. Intentar recuperar a quien ya rechaza al medio

La última decisión que cuestiona Bullard afecta a la estrategia de audiencia.

Los medios dedican con frecuencia recursos a intentar recuperar a personas que expresan de forma abierta un rechazo intenso hacia una determinada cabecera o hacia el periodismo en general.

Bullard recoge en este punto las investigaciones del psicólogo Sacha Altay sobre desinformación y radicalización. Altay señala que la mayoría de las personas no desarrolla una relación extrema con las noticias falsas o las teorías conspirativas y que una parte mucho mayor de la población utiliza internet principalmente para distraerse o entretenerse.

Ese grupo puede representar una audiencia potencial más amplia, pero también resulta más difícil de identificar.

No suele comentar, protestar ni interactuar intensamente. En muchos casos, simplemente no encuentra las noticias o pasa de largo cuando aparecen en sus pantallas.

El reto para los medios no sería únicamente recuperar a quienes ya han decidido rechazarlos, sino entender y alcanzar a quienes mantienen una relación débil o inexistente con la información.

Las siete conclusiones de Bullard apuntan a una cuestión común: muchas de las decisiones tomadas para facilitar el acceso, mejorar la distribución o maximizar el rendimiento digital han tenido también costes que no siempre aparecían en las métricas.

La cuestión para los medios pasa ahora por determinar qué elementos del periodismo —desde el reporterismo original hasta la cobertura local o la especialización— deben preservarse aunque requieran más tiempo, más recursos y sean más difíciles de medir.

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