Comscore ha comenzado a reducir su estructura en Latinoamérica y España como parte de un plan global para recortar costes y limitar su presencia comercial en determinados mercados internacionales. La compañía sostiene, no obstante, que continuará prestando sus servicios a los clientes de la región.
La reestructuración ha generado incertidumbre entre medios, agencias y anunciantes, que durante años han utilizado sus mediciones como referencia común para comparar audiencias digitales. Según informa el diario argentino Perfil, varios medios latinoamericanos han dejado de emplear sus datos tras la reducción del equipo local.
El ajuste afecta a una compañía que ha desempeñado un papel central en la medición y comparación de las audiencias digitales. Su retirada parcial plantea dudas sobre la continuidad de una referencia compartida por el mercado publicitario y sobre la capacidad de mantener una atención comercial y técnica adaptada a cada país.
La medida forma parte de un plan anunciado por Comscore a comienzos de agosto para reducir plantilla y racionalizar su actividad internacional. La empresa prevé que la reestructuración permita ahorrar entre 20 y 25 millones de dólares anuales.
Los recortes responden al deterioro de sus resultados. En el segundo trimestre de 2026, los ingresos de Comscore descendieron un 11,3% respecto al mismo periodo del año anterior, mientras que el beneficio bruto pasó de 8,9 millones a 1,3 millones de dólares, de acuerdo con los datos recogidos por Perfil.
La pérdida de una medición aceptada por buena parte del sector puede fragmentar todavía más el mercado de las audiencias digitales. Los medios pueden recurrir a herramientas propias, como Google Analytics, pero sus cifras no siempre son directamente comparables porque dependen de configuraciones, criterios y metodologías diferentes.
La situación resulta especialmente relevante en España. La Asociación para la Investigación de Medios de Comunicación (AIMC) había seleccionado recientemente a Comscore para volver a ser el medidor recomendado de las audiencias digitales a partir de 2027. El ajuste internacional abre ahora interrogantes sobre las condiciones en las que podrá desarrollarse ese acuerdo.
En Latinoamérica, la reducción de la estructura local puede acelerar la búsqueda de proveedores alternativos o impulsar modelos en los que cada empresa presente sus propios registros. Esta segunda opción permitiría conocer el rendimiento interno de cada medio, pero dificultaría establecer comparaciones homogéneas entre competidores.
La ausencia de una referencia común también puede modificar la forma en que los medios presentan sus resultados a los anunciantes. Hasta ahora, la clasificación mensual de Comscore no solo funcionaba como instrumento de medición, sino también como argumento comercial para negociar campañas y reivindicar posiciones de liderazgo.
El cambio podría afectar asimismo a la estrategia de captación de visitas de algunas compañías. La competencia por ocupar los primeros puestos había llevado a determinados medios a invertir en publicidad y adquisición de tráfico para elevar su audiencia mensual. Una pérdida de relevancia de esas clasificaciones reduciría el incentivo para mantener este tipo de inversiones.
La reestructuración no supone, por el momento, la desaparición de los servicios de Comscore en España y Latinoamérica.



