La campaña Stealing isn’t innovation ha reunido en pocos días a más de 700 artistas, escritores, músicos y creadores audiovisuales que denuncian el uso de sus obras por parte de empresas tecnológicas para desarrollar sistemas de inteligencia artificial sin consentimiento ni compensación económica, una práctica que consideran contraria a la legislación sobre derechos de autor y alejada de cualquier noción de innovación responsable.
La iniciativa, respaldada por figuras como Scarlett Johansson, Cate Blanchett, Joseph Gordon-Levitt, Cyndi Lauper o miembros de R.E.M., sostiene que buena parte del crecimiento de la inteligencia artificial generativa se ha apoyado en el acceso masivo a contenidos creativos disponibles en internet, empleados para entrenar modelos sin acuerdos previos con sus autores. En el manifiesto difundido por la campaña, los firmantes subrayan que la comunidad creativa estadounidense genera empleo, crecimiento económico y exportaciones, y critican que algunas de las mayores compañías tecnológicas, muchas financiadas por capital riesgo, utilicen ese valor “sin autorización ni respeto por la ley de copyright”.
El texto rechaza de forma explícita la idea de que estas prácticas puedan considerarse progreso tecnológico. “Robar nuestro trabajo no es innovación. No es progreso. Es robo, simple y llanamente”, señala el comunicado, que insiste en que los creadores no son materia prima sino titulares de derechos reconocidos por la ley estadounidense. Los impulsores de la campaña alertan de que modificar ese marco legal para favorecer modelos de negocio basados en la reutilización masiva de contenidos supondría una decisión política que traslada valor desde los creadores hacia un reducido grupo de empresas tecnológicas.
La declaración también apunta a la existencia de alternativas ya en marcha. Algunos desarrolladores de inteligencia artificial han optado por acuerdos de licencia y alianzas con la industria cultural para acceder a contenidos de forma legal, un camino que la campaña presenta como compatible con el avance tecnológico. Entre los ejemplos citados se encuentran acuerdos de licencia entre empresas de IA y grandes grupos editoriales, estudios audiovisuales o compañías musicales.
El debate sobre el uso de obras protegidas para entrenar sistemas de inteligencia artificial se ha intensificado en los últimos años y ha dado lugar a decenas de demandas judiciales en Estados Unidos. Las empresas del sector suelen ampararse en la doctrina del fair use, que permite determinados usos de material protegido sin autorización, mientras que los creadores reclaman que cualquier utilización de sus obras requiera consentimiento expreso y una compensación económica.
La campaña Stealing isn’t innovation, organizada por la Human Artistry Campaign y apoyada por organizaciones como el sindicato de actores SAG-AFTRA, la Writers Guild of America o la Recording Industry Association of America, se suma así a una presión creciente para que el desarrollo de la inteligencia artificial incorpore de forma explícita el respeto a los derechos de autor y a los creadores que sostienen gran parte del ecosistema cultural digital.



