Mar Cabra es miembro del ICIJ, está certificada como educadora por el Digital Wellness Institute y tiene un blog en El Confidencial sobre hábitos tecnosaludables.

Producir una nota, revisar el correo electrónico, contestar un mensaje de WhatsApp, chequear las notificaciones de las redes sociales, entrar a una reunión virtual, tener miedo a no llegar a tiempo con la entrega de la nota. Todos estos estímulos a los que se enfrentan las y los periodistas en el día a día pueden generar estrés. Y en muchas personas ese estrés acumulado provoca que llegue a la instancia de sentirse “quemado”, término que deviene del “síndrome del trabajador quemado o burnout”. 

Esas situaciones recrudecieron en la pandemia por los confinamientos, el trabajo aislado, el uso intensivo de la tecnología y la hiperconectividad, y porque, en muchos casos, la cobertura se centró en una crisis sanitaria en la que se contaban víctimas, contagios y pérdidas de trabajo.

Toda esa sobrecarga laboral se dio, además, en un contexto en donde en América Latina la actividad de los medios ya atravesaba una crisis económica. 

Si bien se superaron las etapas de aislamiento obligatorio y los periodistas fueron volviendo, de a poco, a las salas de redacción, los estresores que causa la multitarea aún los siguen afectando. 

 

The Self-Investigation es una iniciativa global que nació en 2020, en plena pandemia, para ayudar a los periodistas a gestionar el estrés y tener un mayor bienestar digital. “Empecé a ver a mis compañeros más estresados que nunca. La manera de responder a esto no era poniendo parches al final sino haciendo prevención”, cuenta Mar Cabra, periodista española y cofundadora de la organización.

Ella vivió en primera persona el burnout causado por el tecnoestrés. Hace cuatro años y luego de ganar un Premio Pulitzer por los Panamá Papers -investigación internacional que desveló cómo los ricos y poderosos ocultan sus fortunas en paraísos fiscales-, dejó su trabajo como periodista de investigación, le dio prioridad a su salud y empezó a formarse para crear soluciones de bienestar digital adaptadas a las situaciones propias de este oficio. 

En el último año y medio, desde la organización, que quedó constituida recientemente como fundación, han formado a más de 600 periodistas. Actualmente, dan cursos en inglés y en español no sólo en América Latina, sino también en Europa y en Estados Unidos. Y reciben peticiones de medios para que vayan a la redacción a formar a los periodistas y editores. 

“La necesidad de gestión de estrés y de gestión del estrés relacionado con la tecnología es muy alta a nivel mundial”, señala Cabra. Para el próximo año tienen previsto llevar adelante acciones en África y ya exploran de qué manera ayudar a periodistas de Oriente Próximo. 

Además, en 2022 abrirán The Self-Investigation Academy, para ofrecer cursos de formación a distancia. “La idea es cambiar, poco a poco, la cultura tóxica del periodismo, que muchas veces olvida que somos primero personas y luego periodistas”, plantea Cabra en conversación con el Laboratorio de Periodismo.

A través del Foro de Cobertura de la Crisis Mundial de Salud de ICFJ-IJNet Español, The Self-Investigation dictó, en julio de 2021, un curso de gestión de estrés online y gratuito para periodistas, disponible en la actualidad.  

 

(P) ¿Qué es lo que a vos te “quemó”, tal como lo describiste en charlas y en notas?  

(R) Es difícil saber cuáles son las causas que me quemaron, pero tras cuatro años mirando para atrás y viendo qué es lo que me pasó, me he dado cuenta de que yo misma no sabía poner límites, no sabía decir no, agarraba demasiado trabajo, estaba conectada todo el rato. Entonces, tampoco establecía límites al mundo digital. Tenía muchísima carga de trabajo, fui acumulando estrés sin cuidarme. Y está demostrado que demasiado estrés durante demasiado tiempo siempre lleva a problemas de salud física y mental.

Además, tenemos que entender que somos parte de una organización y siempre la cultura organizativa juega un papel en ese tipo de circunstancias. Yo estaba en un entorno que me valoraba mucho y me daba alas para volar y, a la vez, un ambiente en el que había que trabajar mucho con pocos límites, y eso no me venía bien a mí tampoco. 

 

(P) ¿Cómo te das cuenta si una redacción está estresada?

(R) Las redacciones siempre están estresadas. Los periodistas acumulamos muchísimo estrés. Tenemos que aprender a diferenciar entre estar estresado y tener estrés. El estrés es un mecanismo de nuestro cuerpo ante cualquier situación que el cuerpo y la mente identifican como amenaza. Eso puede ser un correo electrónico, una fecha de entrega muy ajustada de nuestro jefe…. En el periodismo tenemos mucho de eso y más porque estamos conectados todo el rato.

La tecnología, las notificaciones, nos generan estrés. Muchas veces decimos “yo estoy bien, no estoy estresado”. Pero eso no quiere decir que no estés acumulando estrés y que, poco a poco, eso se vaya acumulando y te pueda llevar a un problema en el futuro. Yo no me di cuenta de que estaba acumulando estrés, creía que podía con tantas fuentes de información, con tanta hiperconectividad, con tanto trabajo, me sentía bien y creía que tenía ese poder.

Y, sin embargo, de la noche a la mañana, empecé a encontrarme mal. Tenemos que darnos cuenta de que siempre que tengamos situaciones cercanas, que nuestro cuerpo y nuestra mente identifiquen como situaciones de alerta o de amenaza, tenemos que cuidar de nuestros espacios de recarga en el día, para que contrarrestemos ese estrés que hemos ido acumulando y que a lo mejor como es poquito, no nos damos cuenta. No conozco redacción que no tenga estrés. Sin embargo, a nivel organizativo se pueden implementar prácticas saludables para favorecer la desconexión digital, que el tiempo fuera del trabajo te ayude a recargar y no estar conectado todo el rato. 

 

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(P) ¿Cuáles son las situaciones características de este oficio que hace que los periodistas sufran estrés?

(R) Los periodistas estamos conectados a un montón de fuentes, con lo cual tenemos muchísimos estímulos. Utilizamos muchas herramientas digitales -el correo electrónico, el WhatsApp, las redes sociales-, y las utilizamos para conectarnos con el mundo sobre el que reporteamos. Además, las usamos para comunicarnos con nuestros jefes y compañeros de trabajo, y más en momentos de pandemia.

Estamos también ante un momento de crisis económica y de crisis del periodismo, por lo que tenemos estreses financieros alrededor de más carga de la que podemos soportar, porque se han reducido los puestos laborales y porque, además, podemos temer por nuestro propio trabajo.

En pandemia hemos sido respondedores de primera línea, como han sido los sanitarios, y hemos tenido que cubrir una crisis que por primera vez nos afectaba de manera directa también. Con lo cual, éramos juez y parte, como decimos en España. Y además estamos expuestos al mundo y eso a veces significa, por ejemplo, amenazas en redes, críticas de nuestras fuentes o de personas poderosas, las noticias falsas. Hay muchísimos estresores que afectan a los periodistas. 

 

(P) ¿Qué otros problemas de salud mental pueden encontrarse en mayor proporción entre los periodistas?

(R) Se sabe poco de los problemas de salud mental del periodismo porque es un tema tabú. Tenemos que cambiar esto y darnos cuenta de que tener problemas de salud mental es normal. La depresión es algo que está muy extendido, es una de las principales enfermedades que existen en el mundo reconocidas por la Organización Mundial de la Salud.

Ahora lo que estamos viendo mucho es burnout, o síndrome del trabajador quemado, como el que tuve yo, y está afectando cada vez más a periodistas que dejan sus trabajos en lo más alto porque ya no pueden más.

El International Center for Journalists (ICFJ) junto con el Tow Center, de la Universidad de Columbia, hicieron una encuesta a 1.400 periodistas y directivos de medios de comunicación de más de 100 países, que se publicó justo hace un año, en la cual los periodistas identificaban que entre los principales estresores de la pandemia estaba los retos asociados con la salud mental.

Con lo cual, el espectro es muy amplio: desde estrés, ansiedad, síndrome del trabajador quemado, hasta llegar al límite con temas asociados al trauma, estrés postraumático, y lo que se llama ‘trauma vicario’, que es el asociado a sentir trauma en base a imágenes, por ejemplo, que estás viendo, aunque no estés en una situación de guerra o en la calle cubriendo la pandemia. 

El equipo-fundador de The Self-Investigation

 

(P) ¿Hay alguna particularidad de la salud mental con respecto a los periodistas que trabajan en una redacción, en relación de dependencia, y aquellos que trabajan de manera independiente o freelance

(R) Los periodistas freelance tienen aún más estrés que los periodistas de las redacciones dado que muchas veces, según lo que nos hemos encontrado en nuestros cursos de The Self-Investigation, sienten que ellos no pueden decir que no, que tienen que decir a todo que sí, que tienen que estar conectados porque no se pueden perder nada, y que les es más difícil todavía poner límites, una de las claves para gestionar el estrés. Por supuesto, el redactor de una redacción puede tener miedo por su puesto de trabajo, pero el periodista freelance no tiene una estabilidad que sí que tiene el periodista de una redacción, que suele dar una cierta tranquilidad. 

 

(P) ¿Qué es lo que puede hacer un periodista para cuidar su salud mental? 

(R) A nivel individual, un periodista puede hacer muchas cosas. Pero sobre todo entender que durante el día a día el espacio de trabajo tiene gran cantidad de estrés. Por lo tanto, tiene que proteger mucho los espacios en los que no está trabajando para activar el sistema de la calma y poder reponer energías.

Para eso, estar conectado al celular todo el rato, incluso a las diez, once, doce de la noche, no ayuda. Hay que encontrar espacios de desconexión y aplicar ese derecho a la desconexión digital, que tenemos en muchos países y que está demostrado que ayuda a la salud mental.

Nosotras en The Self-Investigation ponemos el foco también en lo que se puede hacer durante la jornada laboral, porque nos pasamos la mayor parte de nuestro tiempo trabajando.

No podemos dejar el bienestar sólo para el tiempo libre o el tiempo de ocio, sino que hay que empezar a incorporar el bienestar en las jornadas laborales. Y hablamos mucho del poder de la pausa, de cómo hacer pausas de manera regular puede ayudarte a gestionar tu estrés. Hay un estudio de Microsoft que miraba cómo ante la misma carga de trabajo de cuatro reuniones seguidas delante de la pantalla las personas estaban menos estresadas si hacían pausas entre una reunión y otra. Algo tan sencillo como una pausa de cinco minutos puede ayudarnos a bajar nuestros niveles de estrés y a cuidarnos.

 

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(P) ¿Y qué puede hacer un jefe o líder de equipo para promover la salud mental?

(R) Es fundamental que hablemos en las redacciones de cómo cuidamos las horas fuera del trabajo. Deben establecerse mecanismos de comunicación de lo urgente fuera del horario de trabajo para que el periodista no tenga que estar conectado todo el rato sintiendo que, si no lo hace, se pierde algo.

Para eso, en nuestros cursos enseñamos una herramienta: el marco de comunicación digital. Se trata de una serie de preguntas que se puede hacer con el equipo para poder entender mejor cuáles son las necesidades del equipo y cómo poner límites al mundo digital. Mi último artículo en El Confidencial (tiene un blog que se llama Tecnosaludables) va sobre este tema. Ahí hay algunas recomendaciones al respecto. 

 

(P) ¿Creés que las organizaciones periodísticas toman a la salud mental como un desafío que requiere medidas orgánicas o es un problema invisibilizado o naturalizado?

(R) En el periodismo siempre ha sido tabú hablar de salud mental. De hecho, yo empecé con depresión cuando comencé mi carrera periodística. A los pocos años de empezar en la televisión en España tuve una baja por depresión de seis meses y todo el mundo me decía “no lo digas, no lo digas, que va a afectar a tu currículum”.

Y aquí estoy, con un premio Pulitzer, habiendo sufrido depresión y burnout. Se puede tener un Pulitzer y tener problemas de salud mental y seguir siendo una gran profesional. Con lo cual, mi invitación es a los directivos de los medios y a los departamentos de recursos humanos a que no pongan en una esquina a aquellas personas que reconozcan problemas de salud mental y a que de manera activa busquen información sobre cómo está cada uno de los empleados.

Lamentablemente hay periodistas que me cuentan que, en un año y medio de pandemia, trabajando en remoto, sus jefes no les han preguntado cómo están. Eso es terrible. Está demostrado que incrementar las reuniones uno a uno entre jefe y empleado reduce el síndrome del trabajador quemado. Hay una serie de creencias que son erróneas y que tenemos que desmontar para hacer que el periodismo sea una profesión saludable que deje de perder talentos y compañeros en el camino. 

 

(P) En América Latina, la transformación digital llegó en los últimos años a las redacciones y se aceleró durante la pandemia. ¿Cómo pueden afectar esos cambios a la salud mental de las personas que integran una redacción?

(R) La digitalización extrema que hemos tenido en los últimos años, acelerada por la pandemia, nos ha llevado a creer que un buen periodista es aquel que está todo el rato conectado. Tenemos que darnos cuenta de que las investigaciones que se están haciendo al respecto dicen que estar siempre conectado afecta a la salud física y a la mental.

Hay que desconectar, hay que tener espacios de recarga en los que desconectemos el trabajo, en los que desconectemos de la tecnología, en donde podamos activar un sistema de la calma, que es parte clave en nuestro sistema nervioso para recargar baterías.

¿Qué ha afectado la digitalización y la transformación digital? Estamos conectados más de la cuenta y eso está afectando a nuestra salud física y mental. Solución: veamos de manera intencional cómo podemos poner límites al mundo digital. En el mundo físico tenemos puertas y ventanas que nos protegen de los ladrones, pues pongamos puertas y ventanas al mundo digital para protegernos de los ladrones de tiempo y ser más productivos. 

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