Las herramientas de inteligencia artificial generativa están empezando a alterar capacidades profesionales que históricamente definían el oficio periodístico, desde la escritura y la edición hasta la construcción de criterio editorial o la capacidad de investigar y contextualizar información. Esa es una de las principales conclusiones del informe IA y periodismo: entre la promesa optimista y la precarización algorítmica, elaborado por investigadores de la Universidad de Buenos Aires (UBA), que advierte sobre el riesgo de una “atrofia de competencias profesionales” derivada de la automatización creciente en las redacciones.
Los investigadores plantean dinámicas que atraviesan ya muchas redacciones: periodistas que delegan en sistemas de IA tareas cada vez más centrales del trabajo informativo, empresas que incorporan automatización sin desarrollar políticas editoriales claras y profesionales que utilizan estas herramientas para aumentar la productividad en entornos marcados por la presión económica y el pluriempleo.
El trabajo sostiene que la automatización ya no afecta únicamente a tareas mecánicas o repetitivas, sino que está entrando directamente “al núcleo profesional del periodismo”. Las entrevistas realizadas para la investigación muestran que ChatGPT se usa para generar ideas, redactar borradores, editar textos, resumir documentos, producir titulares o transformar artículos extensos en publicaciones adaptadas para redes sociales.
Los autores consideran que este cambio modifica profundamente la lógica tradicional del trabajo periodístico. En lugar de que el periodista construya desde cero el enfoque narrativo y la estructura de una información, cada vez es más frecuente que el proceso parta de un borrador generado algorítmicamente que luego es corregido o “humanizado” por el profesional. El informe advierte de que esa dinámica puede terminar debilitando habilidades que antes se adquirían mediante la práctica sostenida de escribir, editar, contrastar fuentes o interpretar datos complejos.
Uno de los entrevistados resume esa preocupación al señalar que hace años el proceso de traducir, reescribir y editar contenidos suponía también una forma de aprendizaje profesional continuo, mientras que ahora buena parte de esas tareas puede resolverse automáticamente. Según el estudio, la IA optimiza tiempos y permite producir más contenidos en menos horas, pero al mismo tiempo puede erosionar procesos formativos fundamentales para el desarrollo de criterio periodístico propio.
La investigación también identifica una transformación más profunda: el desplazamiento progresivo del criterio editorial hacia sistemas algorítmicos. Algunos periodistas entrevistados describen cómo utilizan ChatGPT no solo para escribir o resumir, sino para ordenar ideas, entender conceptos técnicos o sugerir enfoques temáticos. Los autores sostienen que esto implica que la mediación algorítmica ya no aparece únicamente en fases finales del proceso productivo, sino desde el primer contacto con la información.
El informe alerta además sobre el impacto que este modelo puede tener en la calidad informativa. La proliferación de contenidos generados a partir de las mismas fuentes y procesados mediante herramientas similares puede favorecer una creciente homogeneización de las noticias. Algunos entrevistados describen un ecosistema donde numerosos medios terminan publicando versiones prácticamente idénticas de un mismo contenido, modificando únicamente algunas palabras o el enfoque superficial del texto.
Los investigadores relacionan este fenómeno con un contexto de precarización laboral que, según sostienen, favorece la adopción acelerada de herramientas de IA. El estudio recuerda que buena parte de los periodistas encuestados trabaja simultáneamente para varios medios y utiliza estas aplicaciones como mecanismo para aumentar la productividad y sostener ingresos insuficientes. En ese escenario, la automatización no libera tiempo para investigaciones más profundas, sino que facilita producir un mayor volumen de piezas informativas en menos tiempo.
El trabajo también señala la ausencia de marcos institucionales claros. El 77,5% de los periodistas encuestados afirmó que su empresa no había desarrollado políticas específicas sobre el uso de inteligencia artificial y el 70% indicó que sus medios no habían tomado ninguna medida relacionada con estas tecnologías. Los autores consideran que esta falta de regulación deja decisiones éticas complejas en manos de cada periodista de forma individual, desde los criterios de verificación hasta los límites de la automatización o la transparencia sobre el uso de IA en la producción de contenidos.
El informe concluye que el principal desafío no es únicamente tecnológico, sino profesional y estructural: preservar la autonomía editorial, sostener la calidad informativa y evitar que la automatización termine degradando capacidades esenciales del periodismo en un ecosistema cada vez más condicionado por la velocidad, la sobreproducción de contenidos y las lógicas de rentabilidad.



