La Asociación Americana de Psicología (APA) recomienda ocho medidas para combatir la desinformación y reducir su impacto en la salud, el bienestar y la vida cívica. Las medidas se dirigen a científicos, responsables políticos, medios de comunicación, plataformas digitales y ciudadanía, y se basan en investigaciones psicológicas sobre cómo se originan, se difunden y se corrigen las informaciones falsas.
La primera recomendación de la APA es evitar repetir afirmaciones falsas si no van acompañadas de una corrección clara. La organización advierte de que la repetición puede aumentar la creencia en una falsedad por el llamado efecto de verdad ilusoria, incluso entre personas que ya tienen conocimientos previos sobre el tema. Cuando sea necesario mencionar una afirmación falsa para desmentirla, la APA recomienda hacerlo de forma breve y dar más peso a la información correcta.
La segunda medida plantea colaborar con las compañías de redes sociales para comprender y reducir la difusión de desinformación perjudicial. La APA señala que gran parte de estos contenidos es compartida por un número reducido de usuarios, aunque esos perfiles pueden tener una influencia desproporcionada en su circulación. El documento también indica que las cámaras de eco aíslan a comunidades con creencias similares, facilitan la difusión de falsedades y dificultan que las correcciones lleguen a determinados grupos.
La tercera recomendación propone combinar las estrategias de corrección con herramientas que ya han demostrado eficacia para promover comportamientos saludables. La APA subraya que corregir una percepción errónea no siempre basta para cambiar conductas reales. Por ello, considera que las correcciones sobre salud deben acompañarse de otras medidas, como asesoramiento, formación en habilidades, incentivos o normas sociales.
La cuarta medida se centra en el papel de las fuentes de confianza. La APA sostiene que las personas pueden creer o compartir desinformación porque encaja con su identidad social o política, porque no se detienen a valorar si es exacta o porque les resulta entretenida o gratificante. Las correcciones tienen más posibilidades de funcionar cuando proceden de fuentes que la audiencia considera legítimas o cercanas, entre ellas líderes comunitarios, religiosos o políticos.
La quinta recomendación es desmentir la desinformación de forma frecuente y con métodos basados en evidencia. La APA indica que los desmentidos funcionan mejor cuando explican por qué una afirmación es falsa y ofrecen una alternativa clara sobre lo que sí es cierto. La organización advierte, no obstante, de que el efecto de las correcciones puede disminuir con el tiempo, por lo que recomienda repetirlas a través de canales fiables.
La sexta medida defiende el prebunking, una estrategia preventiva que busca preparar a las personas antes de que entren en contacto con contenidos falsos. Esta inoculación psicológica puede ayudar a identificar ejemplos concretos de desinformación y técnicas habituales utilizadas en campañas manipuladoras. La APA menciona como posibles formatos los vídeos breves, los mensajes en redes sociales, los juegos, los cuestionarios y los programas de alfabetización mediática y digital.
La séptima recomendación reclama más acceso a datos y transparencia por parte de las plataformas sociales. La APA sostiene que la falta de acceso a información de usuarios limita la investigación sobre la desinformación e impide evaluar mejor las intervenciones en entornos reales. La organización pide que los investigadores puedan analizar el conjunto de publicaciones en las plataformas y conocer cómo los algoritmos influyen en los contenidos que ve cada usuario.
La octava medida pide más financiación para investigación básica y aplicada sobre la psicología de la desinformación en salud. La APA considera necesario comparar la eficacia de distintas intervenciones, solas o combinadas, y estudiar qué métodos funcionan mejor según el tipo de información, la audiencia y el canal de distribución.



