Las emisiones desde casa han ayudado a romper algunas barreras entre espectadores y periodistas

Un estudio llevado a cabo por la Craig Newmark Graduate School of Journalism de la City University of New York (CUNY) ha encontrado una relación directa entre el uso de nuevas herramientas debido a la pandemia (Zoom, autograbaciones, etc.) y una mayor sensación de transparencia por parte de los lectores.

Según el informe Zoom, Drones and ‘Live from My Closet’: How the Pandemic Changed Journalism, en el que los investigadores han entrevistado a decenas de periodistas y editores, las innovaciones que han tenido que adoptarse por parte de los periodistas para seguir desempeñando su trabajo en pandemia, “han dado como resultado una mayor transparencia y conexiones más sólidas entre los medios de comunicación y las comunidades que cubren”.

La razón de que se esté mejorando esta sensación es que los lectores perciben que “están desempeñando un papel más activo en la cobertura de noticias locales. Se les invita a contribuir con ideas para historias; se les pide que planteen las preguntas que quieren que respondan los periodistas. Y ahora que los reporteros informan de manera rutinaria desde sus propias salas de estar, la autenticidad ha reemplazado algunos de los elementos periodísticos que más lejanía producían”.

Muchos periodistas, constata el informe, dicen que sus noticias y reportajes también están recibiendo más tráfico porque brindan información confiable y que se necesita desesperadamente en tiempos de crisis.

Pros y contras del teletrabajo periodístico

Si bien muchos periodistas lamentan la pérdida del contacto cara a cara con las fuentes y la información detallada que proviene de estar en la escena en la que suceden los hechos, los editores aseguran que algunos cambios han hecho que la recopilación de noticias sea más rápida, más barata y más fácil.

“Resulta que no es necesario enviar un equipo para entrevistar a todos los sujetos de una historia ahora que todo el mundo puede hacer Zoom, y los periodistas no necesitan perder el tiempo viajando a la oficina cuando pueden hacer su trabajo de forma remota sin problemas”, indica.

Además, el hecho de que no se pueden visitar algunos espacios debido a la pandemia, ha hecho que se abran otras vías de acceso que antes tampoco eran fáciles de usar. El estudio cita, entre otros ejemplos, el de la periodista Lisa Armstrong, que estaba trabajando en un reportaje sobre las cárceles estadounidenses, cuando se cerraron a los visitantes. “Así que pidió que le pasaran notas con su número de teléfono. Ese acercamiento resultó, por ejemplo, en una historia sobre un recluso que cose máscaras faciales mientras está de luto por su madre, quien murió de COVID-19″.

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“Si bien el contenido generado por el usuario no es nuevo, ahora se ha convertido en una rutina”

Otro de los hechos destacados que cita el informe es la integración del contenido creado por el lector. Los límites para la obtención de imágenes en persona “también han llevado a una mayor colaboración con las fuentes. Si bien el contenido generado por el usuario no es nuevo, ahora se ha convertido en una rutina”, indica la investigación.

“El público se ha vuelto realmente bueno filmando sus cosas y compartiéndolas con nosotros”, comentaba un periodista de la cadena KHOU. “Vídeos en eventos o celebraciones o cosas a las que quizás no podamos acceder, ahora podemos ofrecerlas gracias a ese contenido generado por el usuario”.

Cuando los espectadores envían ideas para la cobertura de la información, los periodistas incluso preguntan: “¿Te importaría grabar un pequeño video en tu teléfono y compartirlo con nosotros?” Por ejemplo, los restaurantes locales han enviado videos de cómo están lidiando con la pandemia.

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El trabajo de la productora de vídeo Almudena Toral, en Univision News Digital, incluyó “capacitar a inmigrantes sin documentos para que se filmen a sí mismos y envíen los archivos diariamente a través de Signal”.

The New York Times, por ejemplo, también hizo que algunas personas se filmaran a sí mismas para series como “Quarantine Diaries”, que incluía historias desde Brooklyn hasta Italia sobre personas en su vida diaria.

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