Las redacciones periodísticas afrontan una doble transformación que avanza de forma simultánea: el cambio profundo en los hábitos de consumo informativo de la generación Z y la integración acelerada de la inteligencia artificial generativa en los procesos editoriales. Lejos de tratarse de fenómenos independientes, ambos están estrechamente ligados y están alterando la forma en que los públicos jóvenes se relacionan con la información, confían en ella y la incorporan a su vida cotidiana, con implicaciones directas para el futuro del periodismo.
Según publica WAN-IFRA, estas conclusiones se desprenden de la investigación presentada por la experta en inteligencia artificial Sophia Giannuzzi durante el último Newsroom Summit celebrado en Copenhague, en una ponencia centrada en el impacto de la IA generativa sobre el periodismo y, especialmente, sobre las audiencias más jóvenes. Giannuzzi, tecnóloga, investigadora asociada a la Universidad de Oxford y nativa digital, expuso los resultados de su trabajo para la consultora Eidiosmedia, donde analiza cómo la adopción temprana de la IA por parte de la generación Z está modificando las expectativas informativas “a escala”.
Nacidos entre 1997 y 2012, los integrantes de la generación Z ya no constituyen una audiencia futura para los medios, sino un grupo con capacidad de voto y poder adquisitivo que influye de manera directa en la sostenibilidad del periodismo. Giannuzzi subrayó que la inteligencia artificial no es tanto el origen de la disrupción como un acelerador de cambios que ya estaban en marcha, especialmente en lo relativo a la confianza y a las formas de uso de las noticias. “La cuestión no es cómo resistirse a este cambio, sino cómo encontrarse con él y garantizar que, a medida que la IA se integra en la experiencia informativa, amplifique las voces humanas en lugar de borrarlas”, afirmó.
La investigadora cuestionó la idea de que los jóvenes no se interesan por la actualidad y defendió que su relación con las noticias responde a lógicas distintas, marcadas por la personalización, la conexión emocional y el protagonismo de los individuos frente a las marcas. En ese sentido, señaló el auge de los influencers como intermediarios informativos y advirtió de que, cuando las noticias circulan a través de estos canales o de sistemas automatizados, el trabajo periodístico que las sustenta tiende a diluirse. Para Giannuzzi, tratar a los jóvenes como un público secundario implica seguir perdiendo relevancia, mientras que integrarlos como “socios de diseño” abre la puerta a relaciones más sólidas y a modelos de negocio sostenibles.
A partir de su análisis, identificó cuatro tendencias emergentes. La primera apunta a una desconexión persistente entre los contenidos que producen muchas redacciones y las necesidades reales de las audiencias, un terreno en el que la IA resulta especialmente competitiva al adaptarse con rapidez a las demandas individuales. La segunda se refiere a una progresiva reducción del escepticismo hacia los contenidos etiquetados como generados o adaptados por IA, sobre todo entre los públicos jóvenes, lo que incrementa el riesgo de una confianza excesiva y refuerza la responsabilidad de los medios en materia de verificación y precisión. La tercera tendencia es el fortalecimiento de la marca individual de los periodistas, cuya visibilidad y personalidad generan lealtad en estos segmentos de audiencia. La cuarta señala un uso de la IA que comienza a ir más allá de la eficiencia y se orienta hacia formatos creativos más alineados con las preferencias de la generación Z.
En paralelo, Giannuzzi propuso cinco líneas de actuación para las redacciones. Entre ellas, la apuesta por un periodismo distintivo, basado en la voz, el contexto y la perspectiva, frente a contenidos técnicamente correctos pero emocionalmente planos. También defendió la necesidad de “licuar” el contenido —convertir cada pieza informativa en un núcleo de datos verificables reutilizable en distintos formatos— sin perder la conexión humana, así como garantizar la presencia de los medios en los sistemas de IA bajo condiciones de atribución claras. A estas estrategias sumó el desarrollo de experiencias en directo, como podcasts o encuentros con periodistas, y el refuerzo de la visibilidad de los reporteros como figuras reconocibles, con formación y apoyo para construir su presencia pública.
La investigadora concluyó que la tecnología puede utilizarse no como un atajo ni como un escudo, sino como una herramienta para reforzar los elementos humanos del periodismo, integrando la inteligencia artificial al servicio de la credibilidad, la relación con las audiencias y la identidad editorial de las redacciones.



