La integración de la inteligencia artificial en los medios de comunicación exige reforzar el control editorial, fijar límites claros y garantizar la transparencia ante la audiencia para evitar una erosión de la credibilidad periodística. Esta es una de las principales conclusiones del informe La inteligencia artificial en los medios de comunicación, elaborado por el Colexio Profesional de Xornalistas de Galicia, donde se sostiene que estas tecnologías deben ocupar un papel estrictamente instrumental y subordinado al criterio profesional.
El documento, que supera las cincuenta páginas, analiza las implicaciones de una transformación tecnológica que avanza a gran velocidad y que afecta no solo a los procesos técnicos de producción informativa, sino también a la organización de las redacciones, a las condiciones laborales y a los principios deontológicos del oficio. El informe aborda cuestiones como los marcos legales de la IA, la trazabilidad de los contenidos, los riesgos de automatización sin supervisión, los sesgos culturales y lingüísticos de los sistemas generativos o la protección de la privacidad de fuentes y audiencias, partiendo de la premisa de que la inteligencia artificial ya forma parte del ecosistema mediático y ha llegado para quedarse.
Entre los principales riesgos identificados figura la delegación de decisiones editoriales en algoritmos opacos, la publicación de contenidos sin revisión humana o la pérdida de confianza del público si no se informa de manera clara sobre el uso de estas herramientas. Frente a ello, el informe subraya la necesidad de establecer protocolos internos que garanticen que ningún contenido se publique sin supervisión profesional y que la responsabilidad última recaiga siempre en personas identificables dentro de la redacción.
El trabajo se completa con un decálogo de buenas prácticas que articula diez principios para el uso de la inteligencia artificial en el periodismo, entre ellos la consideración de la IA como herramienta y no como fuente informativa, la obligatoriedad de la revisión humana, la fijación de límites en contextos sensibles como la información de última hora o la que afecta a menores, y la transparencia ante la audiencia cuando un contenido ha sido asistido por sistemas automatizados. El decálogo también pone el acento en la diversidad, alertando sobre la reproducción de sesgos y discriminaciones, y en la seguridad, con especial atención al tratamiento de datos personales y al cumplimiento de la normativa vigente.



