martes 28 de abril de 2026
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La desinformación deteriora el bienestar emocional y la confianza cívica de la juventud española, según el estudio ¿Cuánto cuesta una mentira?

La juventud española se enfrenta a un ecosistema informativo dominado por las redes sociales en el que noticias, opiniones y contenidos de entretenimiento circulan mezclados sin separación clara y donde ocho de cada diez jóvenes aseguran encontrarse con desinformación con frecuencia, según el estudio "¿Cuánto cuesta una mentira?", elaborado por evercom en colaboración con FAD Juventud y la Universidad Complutense de Madrid, un informe que identifica un impacto directo en sus hábitos informativos, en su bienestar emocional y en la confianza que depositan en los medios, las instituciones y los procesos democráticos.

El estudio ¿Cuánto cuesta una mentira?, elaborado por Evercom en colaboración con FAD Juventud y la Universidad Complutense de Madrid, sitúa a la juventud española frente a un ecosistema informativo dominado por las redes sociales, donde se mezclan noticias, entretenimiento y conversaciones en un mismo flujo continuo y difícil de distinguir.

El documento, basado en 800 entrevistas a personas de entre 15 y 24 años residentes en España, identifica una exposición cotidiana a contenidos dudosos y un acceso a la información condicionado por plataformas que priorizan el impacto y la inmediatez, lo que genera efectos directos en la manera de informarse, en el estado emocional de los jóvenes y en su relación con los procesos democráticos.

La principal conclusión, según el estudio, es que ocho de cada diez jóvenes aseguran encontrarse con desinformación con frecuencia en redes sociales y siete de cada diez reconocen haber creído alguna vez una noticia falsa. TikTok aparece como la plataforma donde más bulos identifican (46,6%), seguida de X/Twitter (20,5%) e Instagram (11,5%). Los ámbitos más afectados por contenidos engañosos son la política (59,1%), los conflictos internacionales (38,1%) y la migración (30,9%). Un 25% de los jóvenes admite, además, haber compartido información falsa sin saberlo.

El informe detalla que la verificación no constituye un hábito generalizado: el 59% dice contrastar “a veces” y el 25% “rara vez”. Entre quienes sí verifican, predominan los buscadores (60,8%), seguidos de los medios de comunicación (39%) y del entorno cercano (36,1%). Las reacciones ante los bulos se orientan principalmente al autocuidado: un 59% deja de seguir cuentas que difunden desinformación y un 44% evita determinados temas en redes, mientras que un 39% comenta o advierte a otros usuarios cuando detecta contenido dudoso.

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El impacto emocional es significativo. Un 67% afirma que no puede confiar plenamente en la información que encuentra en redes; un 55% se siente confundido o decepcionado al descubrir que había creído un contenido falso; y un 42% declara experimentar agotamiento mental después de navegar por plataformas digitales. La posibilidad de ser engañados genera ansiedad en un 35% de los encuestados, y casi la mitad evita informarse sobre temas que les producen malestar. Esta saturación lleva a desconexiones temporales: un 31,6% ha dejado de usar redes durante un periodo y un 40% se ha planteado hacerlo.

La dimensión democrática también refleja efectos. El 87,6% de los jóvenes considera que la desinformación ha dañado la calidad democrática en España, y cuatro de cada diez creen que el sistema no está preparado para gestionar este fenómeno. Los encuestados señalan como consecuencias la manipulación de la opinión pública (51%), el aumento de la desconfianza hacia las instituciones (19%), la polarización (16%) y la reducción de la participación ciudadana (14%). La participación cívica es limitada: solo el 24,6% pertenece a alguna asociación y entre un 41,9% y un 46,7% afirma no haber votado nunca pese a tener edad para hacerlo. Además, el 48,3% reconoce sentirse poco motivado para seguir la actualidad política.

El estudio muestra también que la juventud atribuye responsabilidades principalmente a las plataformas digitales: un 72,6% afirma que deberían advertir de manera más visible cuando una información es dudosa y un 67,6% considera insuficientes las medidas que aplican actualmente. A la pregunta sobre quién debe liderar la respuesta, los jóvenes sitúan primero a las plataformas (28,9%), seguidas de los medios de comunicación (23,3%) y de las instituciones públicas (21,8%).

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A pesar del escepticismo, los datos indican una disposición amplia a adquirir formación específica. El 80,4% considera esencial saber distinguir entre información fiable y falsa en entornos digitales y el 63% expresa interés en aprender a identificar bulos. Más de la mitad cree que su centro educativo o lugar de trabajo debería ofrecer programas de capacitación y un 40% participaría en talleres de formación si estuvieran disponibles.

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