La investigación académica sobre la confianza en los medios lleva décadas definiéndola como la disposición de las audiencias a aceptar información periodística asumiendo un cierto grado de vulnerabilidad, una idea que se ha vuelto central ante la preocupación social por la desinformación y la erosión de la credibilidad periodística.
Sin embargo, este enfoque dominante presenta limitaciones relevantes en un ecosistema mediático marcado por plataformas digitales, emociones intensificadas y fronteras cada vez más difusas entre productores y receptores de noticias. Así lo sostiene la investigadora Tali Aharoni, de la Universidad Hebrea de Jerusalén y del Reuters Institute de la Universidad de Oxford, en un artículo que propone repensar de forma integral el concepto de confianza en las noticias.
El trabajo revisa críticamente casi un siglo de literatura académica y detecta tres sesgos persistentes: la primacía de una mirada centrada exclusivamente en la audiencia, la tendencia a evaluar la confianza en relación con coberturas pasadas o presentes y la reducción del fenómeno a un cálculo cognitivo basado en la exactitud o la objetividad informativa.
Según Aharoni, estas aproximaciones resultan insuficientes para comprender cómo se construye hoy la confianza en entornos digitales caracterizados por la participación activa del público, la circulación constante de contenidos y una fuerte carga emocional en el consumo informativo.
Una confianza multidireccional, orientada al futuro y atravesada por emociones
Frente a estas limitaciones, el artículo plantea un marco conceptual que amplía el análisis de la confianza en tres direcciones complementarias. En primer lugar, propone entenderla como una relación multidireccional que no se limita a la confianza del público en los medios, sino que incluye también las expectativas, dudas y estrategias de los propios periodistas, así como la creciente confianza —o desconfianza— de las audiencias en sus propios criterios para evaluar la información en entornos saturados de noticias. Este enfoque cuestiona la visión tradicional que sitúa a los periodistas únicamente como depositarios pasivos de la confianza pública.
En segundo término, el estudio subraya el carácter prospectivo de la confianza periodística. Aunque la teoría define la confianza como una apuesta frente a un futuro incierto, la investigación empírica ha tendido a medirla mirando al pasado reciente. Aharoni señala que una parte central de la relación con las noticias reside en la capacidad del periodismo para ayudar a anticipar escenarios futuros —elecciones, crisis sanitarias, conflictos o catástrofes— y en cómo los errores o aciertos en esa anticipación influyen en la percepción de fiabilidad a largo plazo.
Por último, el artículo incorpora de manera explícita la dimensión emocional de la confianza. Lejos de ser un proceso puramente racional, la evaluación de las noticias se apoya también en intuiciones, sensaciones corporales, vínculos afectivos con periodistas o marcas informativas y reacciones emocionales como el miedo, la esperanza o el alivio. En un entorno digital donde la información convive con el entretenimiento y la polarización política, estas emociones adquieren un papel central en la construcción —y la pérdida— de la confianza.
La propuesta de Aharoni no sustituye los enfoques tradicionales, sino que los amplía para dar cuenta de un ecosistema mediático híbrido, incierto y altamente emocionalizado. Desde esta perspectiva, la confianza en las noticias deja de ser solo una evaluación retrospectiva de la calidad informativa y pasa a entenderse como un proceso relacional, orientado al futuro y profundamente imbricado en las experiencias emocionales de periodistas y audiencias.
Fuente: Beyond Audience Evaluations: Re-Thinking News Trust in Digital Environments, de Tali Aharoni, publicado en Journalism Studies (Taylor & Francis), diciembre de 2025.



