El periodismo en redes sociales se ha consolidado como una práctica habitual en muchas redacciones y ya no puede entenderse únicamente como una herramienta para distribuir enlaces o promocionar contenidos publicados en otros soportes. El estudio A Constant State of Flux: Social Media Journalism’s Space and Function in the Digital Newsroom, elaborado por Jonathan Hendrickx (University of Copenhagen) y Aske Kammer (Roskilde University), sostiene que esta transformación está modificando las estructuras internas de los medios y abre una discusión central para la profesión: cómo recuperar la confianza, reforzar la credibilidad y mantener estándares periodísticos en plataformas dominadas por la lógica de la atención.
Los autores han basado su investigación en 23 entrevistas semiestructuradas con periodistas, editores y responsables de medios públicos, privados y nativos digitales de Bélgica y Dinamarca. El trabajo analiza cómo las redacciones están incorporando el periodismo en redes sociales, qué grado de autonomía tienen los equipos encargados de estas plataformas y hasta qué punto los contenidos publicados en TikTok, Instagram o YouTube son piezas originales o adaptaciones de trabajos ya elaborados para otros canales.
El informe subraya que las redes sociales se han convertido en un espacio clave para llegar a audiencias jóvenes a las que los medios tradicionales tienen cada vez más dificultades para alcanzar mediante sus soportes habituales. Esa presencia, según recoge el estudio, no se plantea solo como una necesidad de distribución, sino también como una vía para que el periodismo mantenga su función informativa allí donde se produce buena parte del consumo cotidiano de noticias.
La confianza aparece vinculada a esa adaptación. Hendrickx y Kammer señalan que los periodistas entrevistados consideran la publicación de noticias en redes sociales como parte de su responsabilidad profesional en una sociedad democrática y como una forma de combatir la desinformación. El estudio también recoge que los profesionales destacan la importancia de mantener procesos de control editorial y estándares de calidad, especialmente en los medios públicos, aunque la presión de las métricas y de los formatos propios de cada plataforma condicione la producción.
Tensión permanente entre la lógica periodística y la lógica de las plataformas
El trabajo identifica una tensión permanente entre la lógica periodística y la lógica de las plataformas. Las redes sociales premian la popularidad, la interacción, la rapidez y la adaptación a formatos de consumo muy cambiantes. El periodismo, en cambio, se sostiene sobre criterios de relevancia pública, independencia editorial y verificación. Esa fricción obliga a las redacciones a negociar de forma constante qué contenidos producen, cómo los presentan y qué grado de autonomía conceden a los equipos especializados en redes.
Uno de los puntos más relevantes del estudio es que las redacciones no están utilizando todas las plataformas de la misma forma. Facebook mantiene en muchos casos una función más próxima a la distribución de enlaces y al redireccionamiento hacia webs o aplicaciones propias. TikTok, Instagram y YouTube, en cambio, están impulsando formatos audiovisuales concebidos específicamente para el consumo dentro de esas plataformas, sobre todo vídeos breves, verticales y adaptados a los códigos visuales de cada red.
La investigación muestra que esa producción específica puede contribuir a que los medios se presenten ante las audiencias jóvenes con lenguajes más próximos a sus hábitos sin renunciar necesariamente a la función informativa. Los autores recogen el caso de Mediahuis, que en 2025 creó la marca SPIL* para llegar a jóvenes de 18 a 24 años. Según explica en el estudio un responsable de la compañía, el objetivo no era solo atraer usuarios hacia plataformas propias, sino también reforzar la confianza en el periodismo en general.
El informe también advierte de que el periodismo en redes sociales se mueve en una zona de contacto con el marketing. Los medios lo conciben como periodismo, pero al mismo tiempo reconocen que sirve para captar atención, aumentar el conocimiento de marca y, en el caso de los medios privados, construir relaciones que puedan convertirse en suscripciones. Esa doble función genera una tensión añadida: las redacciones necesitan estar presentes donde están las audiencias, pero deben evitar que esa presencia diluya la identidad editorial del medio.
Hendrickx y Kammer proponen un modelo para entender esta transformación a partir de dos ejes. El primero mide el grado de autonomía o integración de los equipos de redes sociales dentro de la redacción. El segundo diferencia entre el uso de redes para reutilizar contenidos ya existentes y la producción de información original pensada directamente para esas plataformas.
Según el estudio, las redacciones se sitúan en posiciones distintas dentro de ese mapa y muchas combinan varios modelos según la plataforma, los recursos disponibles y el tipo de cobertura.
El estudio concluye que el periodismo en redes sociales se encuentra en un estado de cambio permanente. Las redacciones están redefiniendo sus rutinas, sus estructuras y su relación con las audiencias mientras dependen de plataformas sobre las que no tienen pleno control. Esa dependencia introduce riesgos, pero también sitúa a TikTok, Instagram y YouTube en el centro de una disputa profesional más amplia: la de mantener la credibilidad del periodismo allí donde los ciudadanos, especialmente los más jóvenes, buscan, encuentran y evalúan la información.



