jueves 30 de abril de 2026
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El periodismo ha identificado vías para recuperar la confianza ciudadana, pero las dinámicas de las plataformas limitan su aplicación

El periodismo europeo dispone de herramientas y enfoques capaces de contribuir a recuperar la confianza ciudadana en las instituciones y en la propia información, pero las condiciones estructurales del ecosistema digital están dificultando que ese potencial se traduzca en una práctica informativa sostenida, según concluye el estudio Normative Commitments and Platform Logics: Understanding Journalism’s Adaptive Resilience Through Coverage of Democratic Innovations, elaborado por Paschalia (Lia) Spyridou y publicado recientemente en la revista Media and Communication.

La investigación se basa en 90 entrevistas a periodistas de siete países europeos (Grecia, Chipre, Rumanía, Polonia, Países Bajos, Reino Unido e Irlanda) y parte de un diagnóstico compartido por los profesionales: existe un deterioro progresivo de la confianza en la política, acompañado de cinismo, desafección y una menor participación ciudadana en los procesos democráticos. Este fenómeno, descrito en el estudio como “malestar democrático”, sitúa al periodismo en una posición relevante, no solo como observador de esa crisis, sino también como actor con capacidad potencial para contribuir a su corrección.

En ese marco, los periodistas identifican que determinadas formas de cobertura —especialmente aquellas centradas en innovaciones democráticas como los presupuestos participativos— pueden desempeñar un papel relevante en la reconstrucción de la confianza. Este tipo de mecanismos permite a los ciudadanos intervenir directamente en la asignación de recursos públicos, aumentando la transparencia, la rendición de cuentas y la implicación social. Según el estudio, su visibilidad mediática resulta clave, ya que los medios actúan como el espacio donde estos procesos se hacen comprensibles, se someten a debate público y adquieren relevancia social. Sin esa cobertura, su capacidad para influir en la percepción ciudadana y fortalecer la confianza se reduce de forma significativa.

Sin embargo, el trabajo identifica una contradicción estructural. Aunque los periodistas reconocen el valor de estas coberturas para reforzar la credibilidad democrática —y, por extensión, la del propio periodismo—, en la práctica estas historias tienen una presencia muy limitada en la agenda mediática. El problema no reside únicamente en decisiones editoriales puntuales, sino en el funcionamiento del sistema informativo actual.

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El problema de la «plataformización»

El estudio analiza este fenómeno a través del concepto de “plataformización”, que describe cómo la producción, distribución y visibilidad de las noticias dependen cada vez más de plataformas digitales. Es decir, los algoritmos y las métricas de audiencia condicionan de forma directa qué contenidos se publican y cómo se presentan.

Las historias que priorizan la rapidez, la emoción, la simplicidad o el conflicto tienen más posibilidades de alcanzar visibilidad, mientras que aquellas que requieren explicación, contexto o seguimiento —como los procesos participativos o las innovaciones democráticas— quedan relegadas.

Esta lógica tiene efectos directos sobre la capacidad del periodismo para contribuir a la recuperación de la confianza. Por un lado, reduce la presencia de contenidos que podrían mejorar la comprensión pública de los procesos democráticos. Por otro, refuerza una agenda informativa centrada en dinámicas de confrontación o espectacularización, que puede alimentar el escepticismo ciudadano.

El propio estudio recoge una autocrítica significativa por parte de los periodistas, algunos de los cuales reconocen que su cobertura ha contribuido a esa percepción negativa al convertir la política en un espectáculo más que en un proceso comprensible y participativo.

Los testimonios muestran además cómo estas dinámicas se han interiorizado en las redacciones. La autonomía profesional se mantiene, pero en términos condicionados: los periodistas pueden elegir temas, siempre que estos respondan a criterios de visibilidad y rendimiento en plataformas.

Esta situación conduce en muchos casos a la exclusión previa de contenidos que, aun siendo relevantes desde el punto de vista cívico, se consideran poco atractivos en términos de audiencia. De este modo, la selección informativa deja de basarse exclusivamente en su valor público y pasa a depender de su potencial para generar interacción.

El estudio identifica lo que denomina “resiliencia adaptativa”, es decir, estrategias que los periodistas desarrollan para mantener cierto espacio para contenidos de interés público dentro de estas limitaciones. Entre ellas figuran la simplificación de los temas, el enfoque en resultados concretos o la utilización de historias personales que faciliten la conexión con la audiencia. Estas fórmulas permiten que algunas informaciones sobre procesos democráticos lleguen al público, pero lo hacen en formatos más breves y menos complejos.

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El problema, según la investigación, es que estas estrategias no resuelven la tensión de fondo. Aunque permiten la supervivencia de ciertos contenidos, también implican una adaptación a las reglas del sistema, lo que contribuye a consolidar las dinámicas que limitan el papel del periodismo. En este sentido, la capacidad de adaptación puede tener un efecto ambivalente: mantiene activa la función informativa, pero al mismo tiempo reduce su alcance y profundidad en términos de servicio público.

El estudio también subraya que muchos periodistas mantienen una concepción profesional basada en la neutralidad y la observación, lo que limita su implicación en la promoción o explicación activa de procesos que podrían fortalecer la democracia. Esta posición, alineada con la tradición informativa clásica, implica que el periodismo describe el deterioro de la confianza, pero no siempre desarrolla prácticas que contribuyan a revertirlo.

En conjunto, la investigación concluye que el periodismo identifica con claridad algunas de las vías que podrían ayudar a recuperar la confianza ciudadana —especialmente a través de una cobertura más profunda de procesos democráticos participativos—, pero que las dinámicas estructurales del ecosistema digital limitan su aplicación efectiva. La dependencia de las plataformas, la presión de las métricas y las restricciones económicas configuran un entorno en el que el valor cívico de la información queda subordinado a su capacidad de generar visibilidad.

El trabajo plantea finalmente que, sin cambios estructurales en el modelo mediático —incluyendo nuevas formas de financiación y una menor dependencia de las plataformas—, la capacidad del periodismo para desempeñar plenamente su función en la reconstrucción de la confianza seguirá siendo limitada, incluso cuando los propios profesionales reconocen qué tipo de cobertura podría contribuir a lograrlo.

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