La credibilidad del periodismo atraviesa una meseta global y un bache español. El Digital News Report 2025 constató que la proporción de ciudadanos que dicen confiar en “la mayoría de las noticias, la mayor parte del tiempo” se mantiene estable por tercer año consecutivo en torno al 40%. En España, la confianza cae al 31%, su peor registro de la década. El mapa revela contrastes: Finlandia vuelve a encabezar la tabla con un 67%, mientras Grecia y Hungría cierran la clasificación con un 22%.
El informe dibuja un ecosistema informativo fragmentado y ruidoso que dificulta la reconstrucción de la confianza. Más de la mitad de los encuestados (58%) afirma estar preocupada por distinguir lo real de lo falso en internet. ¿A quién señalan como principales vectores de desinformación? Dos actores empatan en lo alto: los líderes políticos y los influencers (47% en ambos casos). En el plano de los canales, Facebook y TikTok concentran más temor como vías de propagación de contenidos falsos o engañosos, por delante de X (Twitter) y YouTube.
Cómo verifica la gente cuando duda
La buena noticia para las redacciones es que, cuando un contenido levanta sospechas, la mayoría no acude primero a las redes: el 38% recurre a marcas periodísticas en las que ya confía, el 35% a fuentes oficiales, y el 25% a verificadores. Los buscadores siguen siendo una puerta de entrada relevante (33%), pero, según el propio estudio, el “viaje” que buscan los usuarios al teclear suele terminar de nuevo en marcas fiables. Entre los menores de 35 años sí aparece una pauta distinta: crece el peso de redes y chatbots en su proceso de contraste, con una “jerarquía de validación” más plana que la de sus mayores.
Qué pide el público para volver a creer
Las demandas se repiten país tras país y segmento tras segmento, y forman una hoja de ruta nítida:
- Imparcialidad: menos trinchera, más relato basado en evidencias.
- Exactitud: verificación previa, contención ante la especulación y rectificaciones visibles.
- Transparencia: explicar fuentes, financiación y conflictos de interés; separar con claridad opinión e información.
- Reporterismo original: investigación y cobertura de campo por delante del reciclaje algorítmico.
En suma: menos opacidad, más método a la vista.
España: credibilidad en terreno frágil
El 31% de confianza coloca a España por debajo de la media europea. El contexto político crispado y el uso partidista del término “desinformación” como arma arrojadiza han deteriorado el clima de credibilidad. Aun así, el estudio identifica bolsas de confianza relativamente más robustas —sobre todo en el periodismo local y regional y en parte del broadcast— que sugieren un factor diferencial: la proximidad y la utilidad cotidiana.
La variable IA: eficiencia con saldo negativo en confianza
La irrupción de la inteligencia artificial añade otra capa de complejidad. Los encuestados anticipan que la IA hará la información más barata de producir y más actualizada, e incluso algo más fácil de entender; pero prevén efectos adversos en transparencia, exactitud y, sobre todo, confianza (saldo neto negativo). Es decir: habrá más producto informativo, no necesariamente más creíble.
Por qué importa (y qué hacer ya)
- La confianza es negocio: donde la credibilidad se sostiene, el usuario vuelve para comprobar datos, acepta notificaciones y es más permeable a pagar por valor.
- La confianza es diseño: etiquetas claras de opinión, “cajas de metodología” que expliquen cómo se ha trabajado una pieza y quién la financia, y correcciones en lugar visible.
- La confianza es cobertura: reforzar agendas útiles (servicios locales, fiscalización de poderes, soluciones) y reducir la dependencia de agregadores y plataformas donde el periodismo compite en desventaja con creadores no sujetos a estándares.
- La confianza es producto: resúmenes, traducciones y niveles de lectura adaptados, sin renunciar a la pieza larga cuando aporta valor. Personalización sí, pero sin burbujas informativas.
La foto final
La fotografía de 2025 no es la de un derrumbe global, sino la de una confianza estancada en el mundo y erosionada en España. Los ciudadanos han dicho en voz alta qué esperan para creer. Toca pasar del manifiesto a la práctica: explicar mejor, verificar más, mostrar el método y volver al terreno. Esa es la vía más corta entre el escepticismo y la credibilidad.



