El 30% de los bulos que circulan en Internet están relacionados con la alimentación y la salud, según el informe “Salud, alimentación y fake news” de la consultora LLYC. El documento advierte de que los rumores sobre productos, dietas o aditivos se difunden siete veces más rápido que las noticias basadas en evidencia científica, generando confusión, desconfianza y un impacto directo en la economía de la cadena alimentaria.
El estudio revela que la desinformación se propaga gracias a un ecosistema donde confluyen redes sociales, mensajes emocionales y una comunicación institucional poco coherente. Esta combinación ha dado lugar a mitos muy extendidos sobre alimentos como la leche, el azúcar, la carne o los aditivos, amplificados por influencers y titulares que priorizan la viralidad sobre el rigor científico.
Uno de los ejemplos analizados es la crisis de las fresas de Marruecos, en la que una alerta sanitaria acotada se transformó en un episodio político y mediático de gran impacto. En apenas 24 horas se registraron más de 20.000 publicaciones en redes sociales, con mensajes centrados en el miedo y la desconfianza hacia las importaciones. Casos como este, junto con la polémica sobre el pescado panga o el aceite de palma, muestran cómo los bulos pueden erosionar la reputación de todo un sector y alterar las decisiones de consumo.
El informe advierte además de que la desinformación alimentaria no solo afecta a las empresas, sino también a la salud pública. Los consumidores, expuestos a mensajes contradictorios, tienden a basar sus decisiones en percepciones emocionales y no en evidencia científica, lo que puede conducir al abandono de alimentos saludables o a la adopción de dietas desequilibradas.
Como respuesta, LLYC propone una metodología en tres fases —anticipación, respuesta y recuperación— apoyada en inteligencia artificial, verificación de fuentes y análisis de conversación digital. Esta estrategia busca detectar narrativas falsas antes de que escalen, activar mensajes de corrección basados en ciencia y reconstruir la confianza del consumidor tras una crisis.
El documento concluye que reconstruir la credibilidad del sistema alimentario exige coherencia, transparencia y educación. La alfabetización mediática y nutricional, junto con la colaboración de instituciones, medios y expertos, se presenta como la herramienta más eficaz para frenar la expansión de las fake news y proteger tanto la salud de la población como la estabilidad del sector.



