miércoles 22 de abril de 2026
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[Transcripción del podcast] Martha Ramos: «Si queremos ganar lectores y confianza, correspondamos con transparencia»

Transcripción del Podcast 37#. Confianza, seguridad y nuevos desafíos del periodismo. Entrevista a Martha Ramos

Nota: La transcripción de la entrevista se ha llevado a cabo mediante inteligencia artificial. Asimismo, el texto ha sido procesado y pulido también con ayuda de IA para eliminar muletillas, repeticiones involuntarias, falsos comienzos y marcas de tiempo, con el objetivo de facilitar la lectura y ofrecer un texto más fluido sin alterar el sentido original de la conversación. Para una lectura exacta, se recomienda escuchar el podcast.

TRANSCRIPCIÓN

Lluís Cucarella: Hola a todos y gracias por acompañarnos en esta nueva edición de Futuro del Periodismo, el podcast del Laboratorio de Periodismo de la Fundación Luca de Tena, en el que buscamos comprender cómo se transforma el oficio a través de quienes lo practican: editores, reporteros, directivos y profesionales que cada día toman decisiones que influyen en la calidad de la información, en la vida de las comunidades y en la manera en que entendemos el mundo. Como siempre, un cordial saludo de quien les habla, Lluís Cucarella, en nombre de todo el equipo.

Hoy nos acompaña Martha Ramos, periodista y directiva con más de tres décadas de trayectoria en medios impresos y digitales. Es actualmente Directora Editorial de la Organización Editorial Mexicana (OEM), el grupo periodístico más grande de América Latina, donde lidera la edición de 45 periódicos y 43 sitios informativos. Ha sido presidenta del World Editors Forum de WAN-IFRA (desde 2023 hasta mayo de 2025), ha impulsado la iniciativa Women in News en Latinoamérica y, desde mayo de 2025, preside la Comisión de Libertad de Prensa e Información de la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP). En su extensa carrera, además, ha ocupado puestos de responsabilidad en El Universal, Publimetro México y Diario 24 Horas.

Martha, muchísimas gracias por acompañarnos en el podcast. Tenía muchas ganas de conversar contigo.

Martha Ramos: Muchas gracias, feliz de estar aquí.

Lluís Cucarella: Martha, para empezar, me gustaría que nos situáramos en un punto que atraviesa quizá todo lo demás, que es la confianza. Llevamos años hablando de crisis de credibilidad, de audiencias cansadas y de medios que no siempre consiguen explicarse bien. Antes de entrar en otros retos más específicos, me gustaría que nos detuviéramos un poco en esa base, en esa relación entre los medios y la gente a la que dicen servir. La realidad es que en muchos países esa relación entre los medios y sus audiencias atraviesa un desgaste muy profundo, alimentado por la polarización, por la sobreexposición informativa y por la aparición de nuevos actores que compiten por la atención de los lectores. Digamos que esta crisis no se explica solo por un motivo, sino por un conjunto de tensiones acumuladas que están afectando a la percepción del trabajo periodístico.

¿Cuáles consideras, en tu experiencia y opinión, que son esas causas más estructurales de esta pérdida de confianza y, sobre todo, qué mecanismos concretos puede adoptar una redacción que quiera reconstruir una relación auténtica y sólida con su comunidad?

Martha Ramos: Yo creo, como una autocrítica profunda, que desde antes de la llegada de internet —que cambió las reglas del juego— pusimos mucho esfuerzo en alejar a los lectores de nosotros. Empezamos a suponer que éramos una especie de élite que marcaba lo que la gente quería leer, lo que la gente quería saber. Llega internet, llega la posibilidad de los lectores de decirnos lo que quieren leer y lo que quieren saber, y nos dan en la cara y nos dicen: «No era por ahí, ¿eh?».

Este proceso, esta lección, nos ha tomado muchos años entenderla. Porque además se cruzan, como tú dices, otros factores. Un factor que pega en todo el mundo, pero que en América está pegando muy fuerte, es la descalificación de parte de las autoridades, lo cual nos hace el camino todavía más difícil para recuperar esa confianza.

Sin embargo, creo que estamos en un punto ideal para recuperarla por varias razones. La desinformación es ya escandalosa y la gente busca un espacio seguro para creer y para apoyarse. La tecnología ha avanzado tanto que nos pone en un punto de volver a recuperar el «uno a uno» con el lector. Es decir, hacerlo a través de redes sociales, buscadores o cualquier otro canal tercero que nos traía con el lector, se está agotando y nos obliga otra vez al uno a uno. A mí eso me parece la gran oportunidad que tenemos ahora.

Por otro lado, el mundo se está volviendo —o nos parece que se está volviendo— tan complicado, que la gente quiere entender. Si nosotros tenemos la capacidad de explicar, la capacidad de generar ese espacio seguro, empezaremos a ganar la confianza. Yo no veo otra manera de que los medios subsistan si no tienen la confianza de sus lectores. Pero sí creo que el mundo se ha vuelto tan caótico, que la información es tanta, que la gente está tan saturada de cosas… pero como es inherente al ser humano tener información para seguir caminando, tenemos la gran oportunidad de volver a retomar esa confianza.

Lluís Cucarella: Una de las lógicas que sobreviene en este momento es que las audiencias actuales ya no solo consumen contenidos, sino que les gusta interactuar, corregir, preguntar, aportar datos. Y tal como sugerías ahora, esperan una relación, no sé si de uno a uno, pero sí una relación menos vertical con los medios. Es un desafío para las redacciones encontrar esas maneras de escuchar sin renunciar al criterio profesional que les da sentido. ¿Qué modelos de participación y diálogo con la ciudadanía pueden ser más útiles para acercar esas redacciones a sus comunidades? ¿O qué transformaciones culturales exige todo esto dentro de los equipos?

Martha Ramos: Creo que ya demostramos que tener un espacio abierto para que tú comentes —es decir, ver los comentarios debajo de un posteo en Instagram, o en Facebook, o en Twitter aún peor— no lleva a ningún lenguaje constructivo. Creo que lo que empezamos a hacer, sobre todo las editoras grandes como New York Times o El País, fue regular la conversación dentro de sus propios sitios. De tal suerte que fuera propositiva, quitando los insultos y la crítica ociosa que solo metía ruido.

Creo que la tecnología nos permite ir ahora un paso más adelante. Ahora vemos, de repente, al Financial Times que dice: «Acaba de sacar Trump estas nuevas tarifas. Únete ahora a nuestra conversación con el editor de finanzas y te explicamos qué significa». Y es todavía un espacio más pequeño. ¿Te das cuenta de que volvemos a regresar a los espacios pequeños? La tecnología nos lo permite. Empezaremos a dejar de lado estos años de tener que buscar «porque sí» los millones de usuarios, porque eso lo marcaban las tecnológicas. No nos da para los millones de usuarios, porque estamos todos tirando gritos a ver quién agarra, qué insulto pega. Nos da para cerrar la comunidad otra vez y volver a hablar de uno a uno. Aprovechar la experiencia que tenemos con el personal que está en nuestras propias redacciones, que nos diferencia de todos los demás que pueden alzar la voz en las redes sociales.

La tecnología ahora nos puede jugar a favor. Pero creo que los espacios que van a ser más ricos, con mayor aportación, menos negativos y más propositivos, son estos espacios cortos de foros que las redacciones pueden estar fomentando con sus lectores.

Lluís Cucarella: Hay también algo que en estos momentos es muy criticado por parte de algunos lectores, que es la falta de transparencia. Y dentro de esa falta de transparencia: de dónde procede el dinero. De alguna manera los modelos de negocio están condicionando inevitablemente esa percepción de independencia, la publicidad de los patrocinios, fondos públicos… que influyen en cómo la audiencia está interpretándolos. Y es verdad que la sostenibilidad es imprescindible; no podemos renunciar a las fuentes de ingresos. Pero, ¿cómo puede un medio explicar su modelo económico sin que eso genere sospechas? ¿O qué criterios permiten armonizar ingresos e independencia de una manera que refuerce la confianza del público?

Martha Ramos: Fíjate que creo que los medios de comunicación hemos sido malísimos comunicando cómo trabajamos. Hemos sido malísimos explicándole a la gente que hacer periodismo es súper caro. Si hablamos de papel, para hablar en nuestra generación: es caro el papel, es cara la impresión, es caro el sistema de distribución de ejemplares. Si hablamos del periodismo digital: es caro mantener un CMS, es caro mantener todo guardado en la nube, son caros todos los sistemas de protección para que no nos hackeen ni hackeen la información de nuestros lectores. Es caro mandar gente de enviados con cámaras, videocámaras y computadoras para que puedan transmitir en tiempo real cualquier cosa que esté pasando. Es caro. Aquí ha habido manifestaciones violentas en los últimos días y me han costado —más allá del gas pimienta y los golpes a algunos de mis fotógrafos, que así ha sido— cuatro equipos de fotografía, que son caros.

Pero hay que seguir trabajando y hay que seguir haciéndolo. Hemos sido muy poco claros con eso. Creo que vale la pena ser consecuentes a lo que nosotros le exigimos a las autoridades: ser lo más transparentes posible. Ciertamente hay países —en nuestra América Latina un montón— donde no es tan fácil hacer pública la riqueza de la empresa, porque te pones en riesgo. Pero sí puedes hacer público qué porcentaje de tu ingreso viene de dinero de gobierno, qué porcentaje viene de privados, qué porcentaje viene de suscripciones y otros recursos que genera el propio negocio. Sí puedes hacer claro quiénes son los dueños detrás. Ciertamente ayuda a ambas partes ser claros sobre qué cantidad de gente tenemos. Porque eso implica pago de impuestos, pago de sueldos, pago de prestaciones y demás. Y es caro.

Entonces, yo creo que juega mucho a favor tratar de transparentar lo más posible cómo opera un medio, dónde están alojados todos sus datos, por ejemplo. Porque ahora que hemos visto en las últimas semanas que se han caído varios portales y varias herramientas porque la nube donde están alojados falló… Eso va a seguir pasando, son las fallas que nosotros vivíamos en los 80 cuando se caía la línea telefónica. Y debemos explicarle a la gente: «Oye, se cayó porque yo estoy alojada en esta nube. Con esto tengo partner y con esto estoy trabajando». «Estas son mis condiciones de trabajo con Meta», por ejemplo. «Estas son las reglas que yo sigo para el uso de inteligencia artificial en mi redacción». «Este es mi código de ética actualizado, que tú puedes decir si no lo estás respetando y reclamármelo».

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Yo creo que deberíamos hacer todo eso. No está fácil, es un riesgo alto, porque no tenemos a la población de nuestro lado y la crítica va a venir por todos lados. Cada vez que yo propongo abrir el código de ética o cualquier otro manual de operaciones y hacerlo público en mi portal, el abogado me dice: «Oye, espérame, porque con esto nos pueden demandar si lo cumples o no». Porque además —y lo platicaremos seguramente más adelante— el acoso judicial está al cien, ¿no? Entonces tiene sus riesgos también ser transparente en un ambiente que no fomenta que los medios operen como deberían operar. Pero creo que es un ejercicio necesario; si queremos ganar lectores y ganar confianza, correspondamos con transparencia.

Lluís Cucarella: Justo de eso quería hablar, porque estamos hablando de confianza, de cómo los medios se relacionan con sus audiencias, pero es verdad que hay terrenos en donde esa confianza se juega en condiciones mucho más duras, contextos donde ejercer el periodismo implica realmente riesgos, presiones y a veces incluso violencia directa. Esa presión sobre los medios ya no proviene solo de esa violencia directa, sino que también crecen las demandas abusivas, el uso discrecional de la pauta oficial para manipular o para presionar, las campañas de desprestigio —que además estamos viendo cómo usan algunos líderes políticos— y otros mecanismos que buscan condicionar la cobertura.

¿Cómo crees que están transformando estas nuevas presiones el ejercicio periodístico? ¿Cuál es el impacto que está teniendo realmente sobre las redacciones? Y también, qué estrategias pueden aplicarse en estos casos para evitar, sobre todo, la propia autocensura y mantener coberturas rigurosas en entornos que están siendo muy hostiles.

Martha Ramos: Permíteme usar todo lo que conozco desde la SIP, que me permite retratar América toda (porque antes era toda América Latina, pero ahora hay que sumar Estados Unidos con mucho ánimo). La verdad es que es un gran problema. Por ejemplo, en México, el presidente anterior fue un ataque permanente contra los medios y cerró de lleno el ingreso de campañas de gobierno —que es un ingreso absolutamente honesto y absolutamente reglamentado—, lo que sí puso en jaque el equilibrio financiero de muchas de las empresas. Sin embargo, no las mató. Es decir, sí hubo problemas, sí hubo recortes, sí hubo reajustes en algunos trabajos y algunos ingresos; cambió radicalmente el ingreso de columnistas y de gente externa que colabora, pero no cerraron periódicos. Estamos buscando otras formas de ingreso que nos permitan seguir haciendo lo que hacemos.

Esa es una buena noticia agridulce. Es decir, el ataque no es bueno, pero no mata. Lo vemos ahora con los mismos discursos con el presidente Trump, con el presidente de Argentina; lo vemos en Costa Rica, lo vemos en El Salvador, lo vemos en Guatemala, lo vemos en Ecuador, en Perú… Y no es buena noticia porque no va bajando, se van sumando casos de este tipo de discurso, que lo que hace es generar un efecto cascada.

Si un presidente puede descalificar e insultar a la prensa como lo hace, pues lo puede hacer un gobernador, lo puede hacer un alcalde, lo puede hacer un policía, lo puede hacer la gente en la calle. Pero si lo hace el presidente también y demanda, y tiene estas estrategias para ahorcar financieramente a los medios, pues lo pueden hacer empresas, y lo pueden hacer terceros, y lo pueden hacer diputados, legisladores. Y entonces no solo vemos la descalificación per se, también vemos demandas millonarias —caso de la demanda que quiso poner Trump contra el New York Times, caso de una demanda que hay en Panamá, caso de demandas que hay en México— que lo que pretenden es desestabilizar económicamente al medio.

Independientemente de eso, y además sabiendo que los procesos judiciales son largos como la cuaresma, de aquí a que se resuelven, aún si se resuelven en favor del medio, ya fue un descalabro financiero.

Entonces, sí son condiciones bastante adversas. Sí vemos medios independientes pequeños que están haciendo verdaderos ejercicios de sobrevivencia. Medios que para publicar un reportaje crítico en contra del gobierno primero hacen una estrategia para dejar el país y luego publican. Y vemos desplazamiento de periodistas que crece cada vez más: lo veíamos en Cuba en su momento hace muchos años, se sumó Venezuela, se sumó Nicaragua, ahora se está sumando El Salvador. Vemos periodistas en la cárcel por diferentes motivos.

Y luego tienes el otro factor: el de seguridad. El narcotráfico es una inseguridad ya enquistada en México, pero vemos que empiezan a salir casos en otros países de América Latina y que nos lleva a un factor mucho más preocupante, que es el de las «zonas silenciadas». Ahora que mencionabas la autocensura, hay zonas donde no reporteas lo que está pasando, porque se juntan los dos factores clave: no hay una protección real del Estado para ejercer el periodismo y hay un nivel de inseguridad tal que te ponen en un riesgo literal de vida. Entonces dejas de reportear y dejas de informar qué pasa ahí. Y no es quizá en las grandes ciudades, que es donde se toman las decisiones políticas y económicas; es en las pequeñas ciudades de donde depende el desarrollo económico real del país. Lo ves donde se siembra, lo ves donde están los pequeños comercios, donde están los ganaderos.

Para contarte un ejemplo rápido, hay zonas aquí donde nosotros hemos decidido ya no tener periódico impreso porque todo el modelo de la región nos cerró todas las posibilidades de ingreso. Está quebrado el gobierno del estado; los voceadores no quieren vender el periódico porque se ponen en riesgo al salir en la madrugada; las empresas no se quieren anunciar porque no quieren que les cobren derecho de piso. No hay fuente de ingreso, tienes que cambiar el modelo radicalmente.

Entonces, sí son diferentes niveles de problemas, pero lleva a lo mismo: mantener un medio con un periodismo independiente y crítico cuesta mucho trabajo y cuesta mucho dinero. Y no hay las condiciones —ni te garantizan las condiciones legales, ni operativas, ni de seguridad, ni de gobernanza del Estado— para seguir operando y decir «nos va a ir súper bien en 10 años». No las hay. Son negocios que siguen planeando a mediano plazo, a lo más lejos.

Lluís Cucarella: Hay una vertiente, que es lógicamente la del impacto económico, otra que es sobre las decisiones editoriales o la autocensura, pero también imagino que el coste emocional debe ser enorme sobre esos periodistas. ¿Cómo se protege o qué políticas tiene una redacción para ayudar a los periodistas que están en riesgo, que están amenazados, para que no se vengan abajo, para que no sientan que no están ayudados? ¿Qué políticas internas ponéis en marcha para que esto no les hunda como periodistas y como personas?

Martha Ramos: Justo ayer platicaba con un colega de Coahuila, al norte del país, sobre que no invertimos en eso. No le estamos haciendo el suficiente caso. Le platicaba que nosotros tenemos un periódico en Sinaloa —es nota mundial el caso de la violencia en Sinaloa de dos bandas del narco a partir de la detención de «El Mayo» en Estados Unidos, que cumple más de un año— y los reporteros no se quejan. Los reporteros no te dicen «estoy deprimido». Lo que empiezas a ver es que cada vez faltan más por problemas de hipertensión, no duermen bien, hay irritabilidad, tienen problemas de dolor de cabeza permanente. Y estos síntomas, como no hay un diagnóstico real —porque queremos seguir trabajando y tenemos el orgullo y la vocación de hacerlo— acaban verdaderamente afectándoles en lo emocional.

No se ha puesto la suficiente atención, yo te diría, porque además hay un tema cultural. Esto de ir a terapia es un asunto de gente que ya se da por derrotada, y ya sabes cómo somos los periodistas: somos héroes nacionales, y decir que tenemos que ir a terapia no es lo nuestro.

Sin embargo, tuvimos una plática muy interesante con un investigador de Canadá —no hará ni tres semanas— que explicaba que han estado midiendo el impacto en zonas de guerra (Ucrania, Palestina y demás) de los reporteros allá. Luego puso específicamente el modelo de México (siempre salimos en este tipo de pláticas). Porque dice: no es solo ir a cubrir y salirte; es que es tu comunidad. Entonces, un día puede ser que estés reporteando y veas algo en la calle, pero otro día puede ser que cuando ves ese algo en la calle sea con tu vecina, tu comadre, tu hermana… Es decir, es en tu entorno, en tu vida personal, en tu entorno inmediato. Y tiene un impacto todavía mayor.

Me contaba este colega de Coahuila de un fotógrafo suyo de toda la vida. Esto no tiene que ver con la violencia del narco, es nuestro trabajo natural. Toda la vida fotografió nota policiaca: accidentes, en fin. Siempre las llevaba. Y un poco los fotógrafos de policiaca acaban bloqueando lo que están viendo todos los días porque viven con la tragedia en el ojo. Hasta que, me dice este compañero, un día le tocó al revés: que un accidente fatal de una persona cercana a él saliera retratado en otro medio. Y con eso ya no pudo. Con el impacto que le causó ver lo que sus fotos hacían sobre familiares de las personas retratadas, con eso ya no pudo. Y entonces decidió retirarse y dedicarse a otra cosa.

Y yo digo que son años de no poner atención a dónde mandamos a nuestros reporteros. Es algo en lo que se pone muy poca atención y creo que es algo en lo que deberíamos incluso dedicar presupuesto. Porque te estoy hablando de los reporteros en calle, pero el acoso cibernético contra reporteros… Sale un presidente, insulta a un reportero y eso se convierte en 200 bots que elevan el insulto por 100, que se van contra ti, contra tu figura, contra tu familia, amenazas de vida anónimas… ¿Quién en su sano juicio puede aguantar eso? Es muy difícil.

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Entonces, en lo ideal, te diría que deberíamos tener presupuesto para ello. La verdad es que con trabajos tenemos presupuesto para las cámaras fotográficas, pero es algo en lo que deberíamos poner mucho más atención. Ciertamente está afectando, y está afectando mucho.

Lluís Cucarella: En este contexto de presiones y amenazas aparece otro factor que altera el terreno de juego: la tecnología. No me refiero ya a la vieja discusión de papel versus digital, sino a algo mucho más reciente que está cambiando la forma en que se produce y se consume la información, como es la inteligencia artificial y su impacto en la desinformación.

En realidad, la irrupción de la inteligencia artificial está planteando, yo diría, un nuevo ecosistema donde la información convive ya con contenido sintético, automatizado y difícil de distinguir del trabajo humano. ¿Cuáles consideras que serán los principales riesgos y oportunidades de la inteligencia artificial para el periodismo en los próximos años? ¿Y qué elementos deberían tenerse en cuenta para integrarla sin perder el rigor?

Martha Ramos: Sobre los próximos años ya no me atrevería, porque todo avanza tan rápido que futurear sale muy mal. Creo que también es un buen momento para volver a revisar los códigos de ética y agregarles dos o tres o cuatro o diez capítulos sobre cosas que tenemos que considerar como parte de nuestro trabajo.

Creo que se están haciendo algunos intentos de poner límites ahora para adoptar la inteligencia artificial dentro de las redacciones. Y creo que estamos viendo un montón de errores publicados —porque ya ves que, como dice el chiste: los médicos entierran a sus errores, los abogados los encarcelan y los periodistas los publican—, publicados ya de ejercicios no revisados, de textos elaborados con inteligencia artificial que todavía abajo tienen el prompt. Es decir, no hay un trabajo de edición.

Esto tiene, por supuesto, una revisión más profunda. Al momento de tener que recortar gente dentro de las redacciones, se recortaron primero a los correctores de estilo, luego a los editores. Y entonces los editores no se dan abasto para revisar todo el material que se está publicando ante esta loquísima exigencia de tener notas y notas y notas.

Ayer estuvimos en una conferencia que organizó Alianza de Medios MX con Nikita Roy. No sé si la conoces, pero Nikita ve a futuro, viene, te cuestiona y te mueve todo. Y dice: «Oigan, hay que empezar de cero. No traten de ajustar la tecnología a lo que vienen haciendo desde hace años. No va a ser así. Empiecen de cero. Vuelvan a pensar el artículo». Dice ella: «El artículo ya se deconstruye para utilización de buscadores, de inteligencia artificial y todo eso, y nosotros lo seguimos haciendo todos los días».

Entonces hay que pensar de cero y ver cómo lo vamos a adoptar y para qué nos va a servir. Hay cosas en las que es maravillosa la inteligencia artificial. Es decir, si sale el Presupuesto 2026 del Gobierno Federal y yo sé que tenemos un problema en dotación de vacunas, me toma 10 minutos —y no 10 horas— definir el proyecto de inversión de vacunas estado por estado de acuerdo a enfermedades, con una revisión que me ayude a hacer un motor de inteligencia artificial. Pero la pregunta y el análisis y el objetivo de qué es lo que tenemos que sacar, siempre está del lado del periodista. Del periodista experimentado, del periodista senior, digamos.

Pero al periodista senior se le va a hacer más difícil la adopción de nuevas tecnologías. Porque llevamos un montón de tecnologías, ¿no? Cuando yo entré a trabajar había un procesador de palabras en el periódico más moderno de la Ciudad de México. Luego vino el fax, que fue una locura. Luego vinieron las computadoras, luego vino internet, luego vinieron los disquetes, luego los discos de tres cuartos, luego el USB… Todo eso ha ido muriendo y vienen más cosas.

Entonces es difícil adoptarlo. ¿Qué se está planeando? Experimentar. Pero tener un área de experimentación que vaya trabajando con las redacciones para que vaya corrigiendo, midiendo y advirtiendo errores. Tener muy claro que la inteligencia artificial seguramente va a cambiar muchas más cosas de las que vemos ahora, pero que al final del día no puede trabajar sola si no es con una instrucción humana. Espero, por muchos años más. Pero es una instrucción humana. Y es una revisión humana al final. Es decir, al principio y al final del proceso tiene que haber un humano.

Quizá lo que dice Nikita tiene sentido cuando uno piensa: «A lo mejor necesito más editores». Tal vez necesito reducir copyright y automatizar el armado de páginas, pero necesito editores que se metan a la redacción. Porque estamos perdiendo también aquello que era básico en los periódicos. Nosotros éramos casi literarios; nosotros marcábamos el uso del lenguaje, nosotros poníamos reglas ortográficas, nosotros discutíamos por horas si se debería acentuar o no acentuar una palabra y estábamos pendientes de las actualizaciones de la RAE en ese respecto. Ahora todo el mundo se las pasa por el arco del triunfo. Ahora nosotros, nuestra generación, se da de jalones cada vez que ve cómo se altera el lenguaje. Los lingüistas dicen: «El lenguaje tiene que evolucionar». Y los chavos dicen: «Que evolucione pa’ todos lados, vamos a ver qué pasa». Y no conectamos. Tenemos que conectar de alguna manera. Y creo que, de manera natural, los medios eran los lugares donde se conectaba.

Entonces a lo mejor tenemos que repensar a qué le dedicamos más tiempo en una redacción y qué podemos automatizar que la inteligencia artificial nos puede ayudar. Yo creo que debemos dedicar más tiempo al lenguaje, a la forma de escribir, al periodismo profundo, a los géneros periodísticos: una gran crónica, una muy buena entrevista (no una entrevista a modo donde el entrevistado acaba diciéndole al entrevistador qué quiere decir). Estas técnicas que verdaderamente te reflejaban otras cosas cuando terminabas de leerlo, o de escucharlo, o de verlo en cualquiera de las plataformas. Y a lo mejor hay cosas que se pueden automatizar muy bien. Y para eso está la inteligencia artificial.

Es decir, creo que sí la vamos a adoptar. Todos la están adoptando. Es algo que nos va a revolucionar como lo vino a hacer el streaming, como cambió el mercado de la música, en fin, todo esto.

Lluís Cucarella: Martha, en todo esto también hay algo fundamental: detrás de la confianza, de la seguridad, de la tecnología, hay algo que tiene que ver con la toma de decisiones, quién toma las decisiones, desde qué mirada se cuentan las historias. Y me interesa que hablemos muy brevemente, porque estamos fuera de tiempo, de género y de diversidad. Y decía que el debate sobre género ya no se limita a contar cuántas mujeres hay en la plantilla, aunque siga siendo importante, pero abarca cómo se decide, cómo se narra y cómo se representan las distintas realidades sociales. Hay que incorporar esa mirada que realmente transforma todos los procesos internos, sobre todo los contenidos que llegan a la audiencia. Desde tu punto de vista, ¿qué impacto tiene aplicar una perspectiva de género transversal en la selección de temas, de fuentes, de enfoques y narrativas dentro de una redacción?

Martha Ramos: Es fundamental. El periodismo con perspectiva de género, que no quiere decir más que mirarlas a ellas cada vez que se escribe, hace toda la diferencia sobre cómo se enfoca un problema social, un problema político, económico, de seguridad, cualquier cosa. No es lo mismo cómo afecta una zona de violencia a una mujer que a un hombre. No es lo mismo cómo afecta una decisión económica a una mujer que a un hombre. No es lo mismo cómo afecta que cierren una escuela a una mujer que a un hombre. Sin embargo, los dos son importantes en el desarrollo social de un país, o de una comunidad, o de un estado.

Esta visión es muy importante. Ha costado mucho trabajo porque el argumento no ha cambiado en siglos y el resultado no se ha logrado. No se ha logrado ni medianamente. Depende mucho del discurso de gobierno y del discurso político y de las políticas públicas, pero también depende mucho de cómo se narran esas políticas públicas. Y eso nos toca a nosotros, los medios.

Tú decías que ya no es solamente contar cuántas mujeres hay en una redacción. Y yo te diría: sí, ya no es esa la discusión, pero no la ganamos. No hay el mismo número de mujeres que de hombres. Y ciertamente no hay el mismo número de mujeres tomando decisiones que de hombres en una redacción. No hablemos incluso de la comunidad LGBT, porque está muy poco representada dentro de las redacciones, que son tristemente lugares bastante conservadores.

Nosotros tenemos una editora de género y es latosa y pone el dedo en la llaga permanentemente en: «Tu foto no refleja mujeres, tu cabeza no refleja mujeres, tu enfoque no refleja mujeres, no tienes suficientes fuentes mujeres». Claro que hay abogadas, claro que hay ingenieras, claro que hay científicas que saben de este tema.

Creo que a mi generación le tocó mucho negociar sus espacios en un ambiente donde nos pusieron a pelear literal, porque había pocos espacios para mujeres: «peléense por ellos». Creo que nos tocó negociarlo. Creo que, en buena hora, las nuevas generaciones no están negociando y están exigiendo, abriendo, sentándose y diciendo «aquí estoy». Y eso es bueno, nos va a educar, nos va a marcar otra pauta.

Creo también que la lucha ha sido muy de este lado, del lado de las mujeres, y no hemos tomado en cuenta la voz ni hemos incluido a los hombres en la discusión. Luego entonces los hombres están siempre a la defensiva. Tampoco es sano. Debe ser un diálogo. Debe ser una educación permanente de ambas partes. Una mujer no nace feminista. Nunca.

Entonces sí es mucho que hacer. Dado el papel que un medio tiene en una sociedad, ese medio tiene la responsabilidad de tener perspectiva de género.

Lluís Cucarella: Martha, la verdad ha sido un verdadero placer tenerte con nosotros y escuchar y aprender de tus puntos de vista y de tu amplia experiencia. Mil gracias por tu tiempo y un abrazo grande.

Martha Ramos: Gracias, muchísimas gracias.

Lluís Cucarella: Y a ustedes, gracias por la fidelidad que nos demuestran siempre y nos volvemos a escuchar el mes próximo. Un cordial saludo y hasta pronto.

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