La inteligencia artificial ha dejado de ser una tecnología experimental en buena parte de los medios argentinos y se ha incorporado a las rutinas de producción, edición y gestión. El cambio está desplazando además las principales preocupaciones de la industria: del posible reemplazo de periodistas y la automatización hacia el tráfico, la atribución de contenidos, la compensación económica y la sostenibilidad de los medios.
La adopción es ya muy elevada. Más del 95% de los 124 periodistas encuestados utiliza herramientas de IA al menos ocasionalmente, mientras que los 20 medios analizados declaran haber aumentado su uso durante el último año. La principal tensión ya no está en la utilización de la tecnología, sino en cómo institucionalizarla y gobernarla dentro de las organizaciones.
Es una de las principales conclusiones del informe Inteligencia Artificial y Medios Argentinos 2026: Adopción, Gobernanza y Sostenibilidad, elaborado por la Asociación de Entidades Periodísticas Argentinas (ADEPA). El trabajo actualiza el estudio realizado en 2025 y combina entrevistas semiestructuradas a responsables de 20 medios con una encuesta a 124 periodistas de organizaciones nacionales, regionales e hiperlocales.
Uno de los datos que mejor refleja esa transición es la distancia entre la existencia formal de normas y su conocimiento por parte de las redacciones. El 75% de los medios afirma disponer de protocolos o lineamientos sobre IA, pero solo el 44% de los periodistas encuestados reconoce que existen en su organización. Para ADEPA, la dificultad empieza a estar menos en elaborar las reglas que en comunicarlas e incorporarlas a las prácticas diarias.
La formación muestra una situación distinta. El 60% de los medios declara haber organizado capacitaciones formales, mientras que el 77% de los periodistas asegura haber recibido algún tipo de formación. El informe interpreta esa diferencia como una señal de que parte del aprendizaje se produce también mediante cursos externos, autoformación e iniciativas individuales.
De las herramientas a la infraestructura
El cambio no consiste únicamente en que los periodistas utilicen más ChatGPT, Gemini, Claude, NotebookLM o Perplexity. Los medios empiezan también a integrar la inteligencia artificial en sus propios sistemas, automatizaciones y procesos internos. El 85% de las organizaciones estudiadas invierte en herramientas de pago, licencias o desarrollos relacionados con IA y el 55% desarrolla herramientas, automatizaciones o prototipos propios.
La productividad continúa siendo el principal terreno de aplicación. Los periodistas utilizan estas tecnologías especialmente para búsqueda de información, transcripción, redacción y edición, generación de títulos y resúmenes, mientras que las empresas empiezan a utilizarlas también dentro de sus sistemas de gestión y flujos de trabajo. La tendencia apunta así desde el uso individual de herramientas hacia una infraestructura de IA integrada progresivamente en la organización.
Ese avance no ha eliminado, sin embargo, el principio de supervisión humana. Todos los medios entrevistados sostienen que la publicación final debe permanecer bajo control de una persona y el 94% de los periodistas afirma verificar siempre o casi siempre la información antes de utilizarla. Entre las tareas que las organizaciones continúan reservando al criterio humano figuran la verificación, la definición de agenda, la jerarquización editorial, las coberturas sensibles y las entrevistas periodísticas.
El tráfico emerge como una de las principales preocupaciones
El cambio más relevante respecto a 2025 aparece fuera de las propias redacciones. Más de la mitad de los medios entrevistados señala haber detectado cambios en su visibilidad o tráfico asociados a las respuestas generadas por inteligencia artificial, especialmente en consultas informativas que pueden resolverse sin que el usuario acceda a la página del medio.
Esta evolución está llevando también a revisar estrategias de distribución. El informe recoge cómo algunos medios empiezan a trabajar no solo con criterios de SEO, sino también con prácticas orientadas a ganar presencia en asistentes conversacionales, respuestas generativas y AI Overviews. Al mismo tiempo, aparece una disyuntiva: restringir el acceso automatizado a los contenidos puede ofrecer mayor protección frente al rastreo, pero también reducir la posibilidad de ser encontrado dentro de los nuevos sistemas.
Los medios consultados perciben además diferencias según el tipo de contenido. Consideran más resistentes a la intermediación de la IA las coberturas locales, la última hora, las investigaciones, la información hiperlocal y las historias originales, mientras sitúan entre los contenidos más expuestos el clima, las efemérides, las definiciones, las preguntas frecuentes y otras piezas informativas de carácter permanente.
De la atribución a la compensación
El informe detecta que la discusión comienza a ir más allá de la citación de las fuentes. El 75% de los medios considera que el trabajo periodístico no está siendo adecuadamente reconocido y seis de cada diez plantean la necesidad de mecanismos de remuneración o compensación por el uso de sus contenidos en sistemas de inteligencia artificial.
Entre los periodistas, el 73% considera que los contenidos utilizados por sistemas de IA deberían ser reconocidos y atribuidos a sus productores originales, mientras que el 77% reclama reglas específicas para su utilización. La cuestión que empieza a plantearse es quién captura el valor económico cuando una información producida por un medio termina integrada en una respuesta generada por una plataforma.
ADEPA no identifica una única respuesta para este problema. Entre las alternativas mencionadas por los medios aparecen los acuerdos comerciales, las licencias, la negociación colectiva, la representación mediante asociaciones sectoriales, la regulación y, en algunos casos, las acciones judiciales.
El estudio concluye así que la inteligencia artificial está entrando en una segunda etapa para la industria periodística argentina. La adopción continúa avanzando, pero las cuestiones decisivas empiezan a situarse en otro terreno: cómo gobernar una tecnología ya integrada en las redacciones y cómo preservar el reconocimiento, la distribución y el valor económico del periodismo en un ecosistema cada vez más intermediado por sistemas de IA.



