Marco Sifuentes
Marco Sifuentes, periodista y escritor peruano, consiguió hacer rentable a su último proyecto periodístico, "La Encerrona".

Todos los días por lo menos 60 mil personas miran en YouTube el noticiero peruano La Encerrona. Hay días en donde los episodios de Marco Sifuentes, periodista peruano radicado en Madrid, superan las 200 mil vistas. Su canal ya suma 225 mil suscriptores. 

El fenómeno no termina ahí. Esos breves noticieros de entre 15 y 20 minutos -que desde el principio también funcionaron como pódcast- viajan en formato audio por unos 40 grupos de WhatsApp, una comunidad de 4.000 personas en Telegram, y son vistos y escuchados en TikTok y Spotify, respectivamente, donde también se encuentra parte de su audiencia. 

¿Cuál es el recorrido profesional que hizo este creador de contenido exitoso para consolidar semejante comunidad? ¿Cuáles son las características de este producto, tan parecido a un informativo de televisión o boletín radial, pero absolutamente distinto en cuanto a su experiencia de consumo? ¿Cómo logró hacer rentable su negocio? 

 

En base a esos tres ejes conversamos con Sifuentes, uno de los periodistas más influyentes hoy en Perú. Antes de dejar Lima para mudarse en 2015 a España, trabajó en diarios, sitios de noticias, televisión y radio. Se dedicó al periodismo de investigación, trabajó en la Red Científica Peruana, fundó una plataforma de periodismo ciudadano y creó, a partir de un blog, otro medio digital. 

Ya en Madrid, Sifuentes estudió una maestría en escritura creativa y escribió dos libros de no ficción y una novela gráfica. En sus ratos libres, consumía periodismo científico, lo que lo ayudó a informar con un estilo explicativo sobre la pandemia en La Encerrona

El primer episodio de La Encerrona que Marco Sifuentes publicó en su canal de YouTube, el 16 de marzo de 2020.  

(P) ¿Qué es y cómo surgió La Encerrona? 

(R) La Encerrona surgió después de un fin de semana un poco afiebrado. Fue el lunes 16 de marzo de 2020, cuando empezó el confinamiento en el Perú. Es decir, al día siguiente del inicio del confinamiento aquí en Madrid. Tenía ya alguna idea de hacer un pódcast diario. Pensaba lanzarlo para las elecciones peruanas, que acaban de pasar. Pero se nos vino el virus encima.

En ese momento estaba escribiendo un libro, pero no podía seguir: llevaba ya dos semanas obsesionado con el virus, leyendo cosas sobre el COVID-19, no podía pensar en nada más. Había tanta incertidumbre. Iba a estar encerrado por el confinamiento, así que dije bueno, vamos a usar este conocimiento y esta obsesión en algo útil: adelantemos la salida del pódcast. 

 

(P) Pasamos de ver el noticiero de la hora central en un canal de televisión y escuchar los informativos de radio a buscar la información en las redes sociales o consumir contenido original creado por periodistas independientes y distribuido por streaming o aplicaciones. Frente a este nuevo escenario, ¿cómo se realiza hoy un informativo para ser visto u oído en internet? 

(R) Creo que estoy haciendo todo lo contrario a lo que te suelen decir los manuales de cómo ser un influencer y de cómo producir contenido, que es una palabra que me parece horrenda en el contexto periodístico. Usualmente lo que te dicen es que debes adaptar tu contenido a la plataforma, que la forma determina el fondo.

Tienes que producir un contenido muy de YouTube para YouTube, muy de Spotify para Spotify, muy de TikTok para TikTok. Y lo que yo hice fue todo lo contrario. Crecí en los años 80 y en ese entonces los noticieros eran un poco como el fuego alrededor del que se reunía la tribu. Podíamos tener muchas discrepancias, pero había una base de realidad común. Eso se ha perdido con internet, cada uno ya tiene su propia realidad alternativa.

Cada uno ve un noticiero que se ajusta más a lo que piensa. Todos los contenidos, pero también las noticias, están muy segmentados. En los 80, en el Perú había tres o cuatro canales de televisión con noticieros a la misma hora y diseñados para todos los públicos. Mi idea era hacer algo para todos los públicos, que lo pueda ver un abuelo, por ejemplo.

De hecho, en el inicio de la pandemia mi principal preocupación eran los adultos mayores, que iban a ser más susceptibles a las fake news. Y también los niños. Este noticiero está pensado para el desayuno. Lo que era un pódcast se terminó convirtiendo en todo.

El noticiero no se adapta a nada, a lo sumo las máximas adaptaciones son los tres bloques del noticiero a tres audios para que circulen por WhatsApp y Telegram. O en TikTok hay pedacitos que van circulando.

El noticiero está pensado para ser visto, pero sobre todo escuchado. Por lo que también circula por Spotify. Es un solo producto que, en teoría, se puede consumir en cualquier plataforma. 

 

(P) Desde el punto de vista editorial, ¿cómo evolucionó el proyecto entre 2020 y 2021?

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(R) Se ha ido transformando en un noticiero cada vez menos pandémico y cada vez más político por la coyuntura política tan intensa que hay en el Perú. Trato de que no sea así, de escaparle a la coyuntura política, pero en el periodismo lo urgente le gana a lo importante. Entonces, ahora está un poco sumergido en eso. 

 

(P) En este año y medio, ¿se amplió y se diversificó la audiencia? 

(R) A partir de noviembre de 2020, cuando la cosa se puso muy política en el Perú, con muchas marchas y con este ciclo de sacar un presidente, poner otro presidente, entró mucho público joven, que ahora constituye un buen bloque de la audiencia.

Aunque la mayor parte de la audiencia es imposible de medir, porque WhatsApp o Telegram son difíciles de medir. Tenemos 40 grupos de WhatsApp y dos grupos de Telegram con unas 4 mil personas para pasar y reenviar gratis información de La Encerrona.

Hicimos unas encuestas entre los usuarios. Entre eso y las estadísticas que te botan Facebook, Instagram y YouTube, el gran bloque de la audiencia está entre los 30 y 50 años. Y hay un bloque muy importante de gente muy joven y hay otro bloque muy importante de gente muy mayor. El bloque de gente más joven vino después de las marchas y con la inquietud política que ha habido en estos días. 

Los episodios de La Encerrona, con información curada y original sobre la actualidad en Perú, se suben a las 7 AM (hora peruana) de lunes a viernes en múltiples plataformas, como Spotify

(P) ¿En qué momento te diste cuenta de que necesitabas armar un equipo de trabajo? Desde entonces, ¿hubo cambios o mejoras en el producto? 

(R) Empecé a sentir la necesidad en julio del año pasado. Teniendo en cuenta que estoy en Madrid y que el programa está dirigido a un público peruano, para mí era importante tener un pie en Perú, alguien que me pudiera contar cosas de primera mano. Para eso, la audiencia de los grupos de WhatsApp iniciales servía un montón, pero necesitaba una persona con un criterio más periodístico. Así se sumó al proyecto Romina Badoino, la productora periodística. Desde su incorporación, ha mejorado un montón el noticiero.

Al inicio había muy poco contenido original. Lo bueno, entre comillas, es que a la mayoría de los medios peruanos la pandemia los agarró muy fuera de forma a la hora de explicarle a la gente lo que estaba pasando. Ahí La Encerrona aportó un montón y aunque no tenía contenido original, ya que reciclaba contenido de medios internacionales, lo adaptaba a la peruanidad y eso le dio mucho impulso.

Desde que está Romina podemos producir mucho más contenido original. Ahora queremos reforzar la producción propia. Tenemos previsto sumar una persona para que asuma su rol. De ese modo, Romina va a asumir la producción general. Por otro lado, necesitaba delegar la gestión de las comunidades. Claudia Guevara es quien se encarga de eso. Al estar en tantas plataformas, recibimos inputs por todas las vías posibles.

Tenemos cada vez más grupos de WhatsApp dedicados a reenviar los audios de los programas, más los grupos de Telegram. No solo hay que monitorear el feedback en las redes sociales, sino también los temas que la audiencia presenta o reclama.

También hacemos conversación por Zoom con suscriptores de Patreon. De allí pueden surgir datos o ideas para analizar y, si es muy sólido, trabajarlo. Además, organizamos sorteos y en uno de los bloques del noticiero hay espacio para publicidad gratuita de emprendimientos, voluntariado o activismo. Por lo tanto, hay una parte muy fuerte, muy importante, que se necesita gestionar. 

 

(P) ¿Qué características editoriales tienen los tres bloques del noticiero? 

(R) El primero en teoría es de opinión. A veces demora en formarse una opinión sobre algún tema, entonces en realidad es más un relato, un tema expandido. Puede ser el tema del día o puede ser un tema que hemos estado trabajando por nuestra cuenta algún tiempo y que se explica en ese momento. El segundo bloque básicamente se define por las noticias más urgentes del día; es super informativo.

Y el tercer bloque en el comienzo se llamaba “Consejos para la cuarentena”, pero como ya pasó el confinamiento, lo hemos cambiado el nombre a “Cuidados”. Es una sección más de bienestar mental. En este bloque la gente puede participar para mostrar sus iniciativas de emprendimiento, de voluntariado o de activismo, y también hay cuidados contra las fake news. Lo que hacemos es desmontar desinformaciones, ahora por ejemplo sobre las vacunas contra el coronavirus. 

 

(P) ¿De qué manera se financia La Encerrona? ¿Es rentable el proyecto? 

(R) El proyecto es rentable y se financia de varias formas. La principal es Patreon, que es esta especie de sistema de suscripciones. Mientras más pagas, tienes más ventajas. Una de esas ventajas, por ejemplo, son las videoconferencias participativas por Zoom. O si estás en determinado nivel de pago (hay siete en total) puedes acceder a chats participativos en WhatsApp y en Telegram.

Otro beneficio es recibir un boletín informativo diario. También hacemos llamadas personales con algunos suscriptores sobre los temas que planteen. Patreon es la fuente más importante porque es la más estable. Somos unos 1.500 patreons.

Luego hay publicidad. Casi siempre todas las publicidades son emprendimientos, startups, empresas medianas. Luego, YouTube y Facebook ponen su propia publicidad. Y en el Perú funcionan “Yape” y “Plin”, que son sistemas de bancarización por código QR.

Entonces, con un código QR la gente puede donar dinero. Habiendo tenido otros proyectos, estoy cuidándome mucho para que La Encerrona se mantenga rentable, que no crezca demasiado y que lo que crece, se reinvierta de manera calmada.

Toda la filosofía del programa es que es libre y es gratis. Es una cosa que me copié de los hackers originales. Es libre en varios sentidos, uno de ellos es libre de derechos. Y es gratuito. La idea es que la gente aporta para poder seguir reenviando el programa, porque La Encerrona es un servicio público con información validada. 

A través de Patreon Sifuentes logró que usuarios de La Encerrona optara por alguno de los siete niveles de suscripción para sostener el proyecto periodístico.

(P) ¿Qué otros contenidos o productos surgieron a partir de La Encerrona? 

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(R) Han surgido varias cosas de La Encerrona. Hemos sacado dos libros. Uno es La Encerrona y reseña los programas que ocurrieron durante la cuarentena en Perú, que ha sido una de las más largas del mundo.

El otro libro se llama Casi Bicentenarios y reúne una serie de entrevistas que realicé a propósito del Bicentenario del Perú. Luego hemos sacado un curso sobre cómo funciona el sistema político en el Perú. Te explica las características de los sistemas de partidos, del sistema electoral, del sistema de gobierno en el Perú, entre otras cuestiones.

También hemos financiado dos buscadores de bases de datos online. Uno es Manolo, un buscador de datos de personas (lobbistas) que visitaron instituciones del Estado peruano. Lo había generado cuando estaba en Útero, un proyecto de periodismo anterior. Esta plataforma ha sido muy útil y, de hecho, ha servido para destapes que no son solo nuestros, sino también que hicieron varios medios.

El otro producto que sacamos es Otorongo Club. “Club Otorongo” es una forma coloquial de decirle a los congresistas. Es un buscador de antecedentes de todo tipo, como laborales, penales, partidarios, educativos, de ingresos, de edad, entre otras cosas que todos los congresistas están obligados por ley a declarar ante el Jurado Nacional de Elecciones.

Como lo hacían en un formato difícil de buscar, Otorongo Club lo pone fácil. Otro proyecto que auspiciamos fue La Liga Electoral, que luego cambió a Liga Bicentenaria. Básicamente, todos los proyectos de periodismo independiente nos unimos para hacer una transmisión conjunta en internet durante todo el día de las dos vueltas electorales en el Perú y también el día del traspaso de bando. 

 

(P) ¿Qué consejos darías para iniciar un proyecto independiente como La Encerrona en un ecosistema digital como el actual, donde abunda la información, hay desinformación, múltiples plataformas digitales y concentración de publicidad? 

(R) Los medios alternativos en realidad no deberíamos existir. Habla muy mal de los medios tradicionales que nosotros existamos. Habla de un fracaso del modelo de negocio y de la concepción de periodismo que se tiene en los medios tradicionales. El hecho de que nosotros existamos y no solo eso, sino que también tengamos algún éxito más o menos relativo y que a veces se nos tenga en cuenta para los debates de opinión pública, no tiene sentido que suceda.

O sea, la televisión tiene millones de veces más llegada que un canal de YouTube. Lo mismo sucede con la radio, donde en países como el Perú es poderosísima. Los diarios tienen una maquinaria que ya quisiéramos cada canalito de YouTube. Es alucinante la cantidad de tajada publicitaria que se llevan. No tiene ningún sentido que se lleven tanta publicidad que nadie ve, que nadie consume, que a nadie le importa.

Teniendo en cuenta todo el presupuesto, toda la llegada y toda la maquinaria que ellos tienen, el hecho de que nosotros existamos es ridículo. Lo que estoy diciéndole a todo el mundo es que no hagan periodismo alternativo, que traten de tomar los medios tradicionales y cambiar las cosas desde dentro.

Yo sé que es super iluso e ingenuo. Pero yo insisto que no deberíamos existir, que habla mucho del fracaso de todo eso. En todo caso, si alguien quiere animarse, que parta del descontento, que es lo que me pasa a mí, lo que le pasa sobre todo al público, que está descontento con lo que se le ofrece en los medios tradicionales. Partir de ese descontento, de esos huecos informativos o incluso desinformativos que tienen, es el principal punto de partida y de ahí hay que construir. 

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