viernes 1 de mayo de 2026
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Así se construyó el mito de que Craigslist hundió a los periódicos

La figura de Craig Newmark y su portal de anuncios clasificados se ha convertido en símbolo de la disrupción digital que arrasó con una de las principales fuentes de ingresos de la prensa, aunque la historia real es más compleja, tal como relata el analista de medios Rick Edmonds en Poynter.

En 1995, Craig Newmark, ingeniero informático con dos décadas de experiencia en IBM y en firmas como Charles Schwab, envió a un grupo de amigos una sencilla lista de eventos en San Francisco. Lo que comenzó como un correo comunitario pronto incorporó anuncios gratuitos de compraventa, servicios y ofertas de empleo. Sin apenas diseño, sin publicidad gráfica y con un funcionamiento extremadamente simple, Craigslist acabaría convirtiéndose en una de las plataformas más rentables de internet, con presencia en más de 700 ciudades y 70 países, pero siempre centrada en el mercado estadounidense.

El sitio, gratuito en la mayoría de sus secciones y con un pequeño coste para ofertas de empleo o anuncios inmobiliarios, creció de manera constante durante sus primeros quince años. Newmark, que nunca quiso dirigir la empresa y que se definía como “representante de atención al cliente” más que como CEO, delegó pronto la gestión en Jim Buckmaster, un programador con un perfil tan atípico como el suyo. Ambos rehusaron ampliar el modelo con valoraciones de usuarios, rediseños llamativos o grandes campañas de marketing, apostando por una interfaz inmutable y por el boca a boca como principal vía de crecimiento.

La narrativa del “culpable” de la caída de los clasificados

El relato simplificado que responsabiliza a Craigslist del colapso de los clasificados impresos se consolidó rápidamente. Según el artículo de Rick Edmonds en Poynter, este encuadre ignora factores previos y más profundos. Newmark cita el análisis del consultor Thomas Baekdal, que señala que la erosión del negocio comenzó con la pérdida sostenida de lectores desde los años sesenta, en parte por la irrupción de la televisión. Esa pérdida debilitó la posición dominante de los periódicos en el mercado publicitario local y redujo su capacidad para cobrar tarifas premium por anuncios clasificados.

Aun así, Craigslist se convirtió en el emblema de la disrupción. La plataforma ofrecía un servicio más barato y, en muchos casos, más útil que la página de clasificados de un diario: títulos breves, descripciones largas, fotos y espacio suficiente para destacar atributos de un producto. Frente a ello, los anuncios impresos —cobrados por línea— obligaban a abreviar y resultaban menos atractivos para compradores y vendedores.

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La competencia, sin embargo, no se limitó a Craigslist. Portales especializados como Monster, Hotjobs, Realtor.com o, más adelante, OfferUp y plataformas de las grandes tecnológicas, replicaron y ampliaron ese modelo de forma agresiva. El problema para la prensa no fue solo un rival, sino una transformación total del mercado publicitario.

La lenta reacción de la prensa

En 1995, Tony Ridder, CEO de Knight-Ridder, sorprendió a los asistentes a un retiro corporativo al confesar que lo que más le quitaba el sueño eran los “clasificados electrónicos”. Pese a la advertencia, la reacción de la industria fue mínima. Según el artículo de Poynter, consultoras como McKinsey y bancos de inversión como Goldman Sachs advirtieron a la Newspaper Association of America de que, sin una respuesta rápida y contundente, la publicidad impresa estaba condenada. La recomendación más significativa fue la compra de CareerBuilder por parte de Knight-Ridder, Tribune y Gannett, una réplica parcial del modelo de Monster.

Para 2010, el 70% de los ingresos por clasificados impresos había desaparecido, una sangría que continuó en los años siguientes. Lo que antes ocupaba gruesos suplementos dominicales se redujo a unas pocas columnas. Solo los obituarios y avisos legales se mantuvieron como un ingreso significativo, aunque también amenazados por alternativas digitales.

Un negocio sin ornamentos y con enormes beneficios

Craigslist ha mantenido menos de un centenar de empleados y un diseño prácticamente idéntico al original. La ausencia de publicidad gráfica y de diversificaciones ambiciosas ha ido de la mano de un modelo de negocio con márgenes extraordinarios. En 2019, el especialista Peter Zollman estimó ingresos cercanos a 1.000 millones de dólares en el mejor año de la compañía, con beneficios que superarían el 80%. Newmark rechaza todas esas cifras y no ofrece datos, pero el reducido coste operativo sugiere una alta rentabilidad.

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Zollman respalda la tesis de que culpar a Craigslist del colapso de la prensa es un error. En su análisis, medios de otros países, como algunos escandinavos, lograron adaptarse a la era digital y preservar su viabilidad. En Estados Unidos, las causas fueron múltiples: cambios en el consumo de información, pérdida de relevancia local y falta de estrategias digitales efectivas.

De empresario reacio a filántropo

Desde 2015, Newmark ha centrado sus esfuerzos en la filantropía a través de Craig Newmark Philanthropies. Sin estructura burocrática tradicional, ha distribuido más de 40 millones de dólares en 2023, principalmente en tres áreas: ciberseguridad, periodismo fiable y apoyo a veteranos y sus familias. En el ámbito mediático, ha financiado la escuela de periodismo de CUNY con 20 millones y ha donado seis millones a Poynter para la creación del Craig Newmark Center for Ethics and Leadership. Entre sus apoyos más singulares se incluye el rescate y cuidado de palomas, que define como “underdogs” injustamente infravalorados.

En sus intervenciones públicas, Newmark resume su motivación con una frase que, asegura, improvisó en una entrevista: “El periodismo fiable es el sistema inmunitario de la democracia”. La utiliza para explicar por qué considera prioritario financiar iniciativas que fortalezcan la información verificada y combatan la desinformación.

Entre el mito y la realidad

La historia de Craigslist encaja en el concepto de “disrupción” que el profesor Clayton Christensen definió en 1997: un producto más barato y suficientemente bueno que reemplaza a otro consolidado. Pero, como subraya Rick Edmonds, atribuir a Newmark la “muerte” de los clasificados impresos simplifica un proceso de décadas, en el que los periódicos no supieron adaptarse a tiempo a una transformación estructural.

Newmark, con una mezcla de persistencia, simplicidad y visión técnica, se convirtió en el rostro visible de un cambio imparable. Pero, al igual que en El hombre que mató a Liberty Valance, la leyenda se impuso a los hechos: no fue él quien disparó la bala, aunque la historia lo haya inmortalizado así.

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