La inteligencia artificial puede convertirse en una herramienta poderosa para investigar grandes volúmenes de información, pero su expansión también amenaza con debilitar la financiación del periodismo que proporciona los datos, hechos y conocimientos utilizados por estos sistemas. A.G. Sulzberger, editor y presidente de The New York Times Company, reclama un marco que obligue a las empresas tecnológicas a obtener permiso y pagar una compensación justa por utilizar contenidos periodísticos.
Sulzberger defiende que los medios deben incorporar la inteligencia artificial con prudencia, bajo responsabilidad editorial humana y principalmente como apoyo para la investigación, no como sustituto de periodistas, redactores o editores. The New York Times ya emplea estas tecnologías para detectar patrones y anomalías en grandes conjuntos de datos, aunque mantiene la revisión humana de todos los resultados.
Las declaraciones forman parte de una entrevista concedida a Katie Drummond, directora editorial global de WIRED, publicada el 28 de julio de 2026. La conversación aborda la demanda del diario contra OpenAI y Microsoft, el uso de la IA dentro de la redacción y la necesidad de que los medios colaboren para proteger sus derechos frente a las grandes plataformas tecnológicas.
La IA como herramienta de investigación, no como autora
El editor de The New York Times considera que uno de los principales errores cometidos por algunos medios ha sido entregar a sistemas de inteligencia artificial la responsabilidad completa de redactar y publicar artículos. Esa estrategia ha provocado errores, contenidos falsos e incluso la creación de periodistas inexistentes.
Los periodistas siguen siendo responsables de todo el contenido que publican, aunque utilicen herramientas de inteligencia artificial. Para Sulzberger, los posibles fallos de estos sistemas no eximen a los profesionales de comprobar la información, del mismo modo que cualquier periodista debe verificar los resultados obtenidos mediante un ordenador, una base de datos o cualquier otra herramienta.
El periódico está utilizando la inteligencia artificial sobre todo para analizar información y localizar patrones que podrían resultar difíciles de identificar manualmente. Uno de los casos citados en la entrevista fue el análisis de millones de imágenes de cráteres provocados por bombas durante la guerra entre Israel y Gaza.
La tecnología permitió reducir el conjunto inicial a varios miles de fotografías potencialmente relevantes. Sin embargo, un periodista tuvo que revisar personalmente cada una de ellas antes de considerar fiables las conclusiones. Sulzberger define este proceso como el uso de la IA a modo de filtro, no como sustituto del trabajo periodístico.
Más de 20 millones de dólares para defender los contenidos
The New York Times demandó en 2023 a OpenAI y Microsoft por una supuesta vulneración de sus derechos de autor. Sulzberger asegura que el diario ha gastado ya más de 20 millones de dólares en un procedimiento judicial que, después de dos años y medio, todavía no ha terminado la fase de presentación y revisión de pruebas.
El directivo sostiene que las empresas de inteligencia artificial han invertido enormes cantidades de dinero en programadores, centros de datos, chips y electricidad, pero han utilizado contenidos periodísticos, libros, música o películas sin solicitar permiso ni compensar adecuadamente a sus creadores.
La capacidad de defender los derechos de autor depende también de disponer de recursos económicos suficientes para litigar. Mientras una organización como The New York Times puede asumir una disputa judicial de esta magnitud, un periódico local difícilmente podría enfrentarse en los tribunales a compañías como Google, Microsoft, OpenAI o Perplexity.
Según Sulzberger, esta desigualdad coloca a los medios más pequeños ante una decisión especialmente complicada: aceptar acuerdos económicos limitados o afrontar procesos judiciales cuyo coste podría alcanzar decenas de millones de dólares. The New York Times busca que cualquier empresa que utilice sus contenidos necesite autorización y ofrezca una remuneración justa.
El descenso del tráfico procedente de Google
La preocupación no se limita al entrenamiento de modelos. Sulzberger señala que los resúmenes generados por inteligencia artificial en los buscadores están reduciendo el tráfico que reciben los medios desde Google.
Cuando el buscador responde directamente a una consulta mediante una síntesis automática, muchos usuarios dejan de acceder a las páginas originales que produjeron la información. Para el editor de The New York Times, este cambio está afectando de manera especialmente intensa a los editores que durante años dependieron de las visitas procedentes del buscador.
Los sistemas de inteligencia artificial pueden aprovechar el periodismo mientras reducen las visitas y los ingresos de quienes lo producen. Esta relación plantea el riesgo de que las plataformas debiliten progresivamente la actividad de la que obtienen buena parte de su información.
Sulzberger insiste en que la inteligencia artificial no puede enviar reporteros a una guerra, cultivar fuentes durante años, investigar las finanzas de un dirigente político ni asumir los riesgos personales y económicos propios de una investigación periodística. Los sistemas pueden procesar lo que ya se conoce, pero no sustituir el proceso mediante el que los periodistas descubren información nueva.
Cooperar para proteger los derechos del periodismo
El editor de The New York Times considera que los medios deben seguir compitiendo por exclusivas, profesionales y audiencias, pero también colaborar cuando están en juego derechos comunes. Como precedente, recuerda la coordinación histórica entre The New York Times y The Washington Post durante la publicación de los Papeles del Pentágono.
Su propuesta incluye explicar mejor a la ciudadanía cómo se produce el periodismo, denunciar los usos abusivos de contenidos y defender colectivamente los derechos de propiedad intelectual. También sostiene que la batalla no consiste en conseguir que los medios alcancen el tamaño de las grandes tecnológicas, sino en garantizar la supervivencia del periodismo como servicio esencial.
La competencia entre medios no impide que las organizaciones periodísticas actúen juntas cuando sus derechos fundamentales están amenazados. Para Sulzberger, la misma protección legal que permite trabajar a un gran periódico es la que sostiene también a las cabeceras locales y a las organizaciones más pequeñas.
The New York Times ha superado los 13 millones de suscriptores y cuenta con una redacción de alrededor de 2.400 periodistas, pero su editor rechaza que el éxito de una única empresa sea suficiente para garantizar un ecosistema informativo saludable. El objetivo debería ser ampliar el mercado del periodismo y asegurar la existencia de numerosos medios capaces de competir, investigar y fiscalizar al poder.
La crisis del periodismo local
Sulzberger advierte especialmente sobre el deterioro de la información local en Estados Unidos, donde, según los datos citados durante la entrevista, el número de periodistas que trabajan en este ámbito ha disminuido un 80 % durante las últimas dos décadas.
El directivo relaciona la desaparición de medios locales con un empeoramiento de distintos indicadores cívicos, entre ellos una menor participación electoral, un aumento de la desconfianza y mayores oportunidades para la corrupción. Frente a esta tendencia, menciona cabeceras como Star Tribune, The Seattle Times o Baltimore Banner como ejemplos de organizaciones que todavía realizan una función relevante en sus comunidades.
La supervivencia del periodismo no depende únicamente de los grandes medios nacionales con millones de suscriptores. También requiere empresas locales sostenibles que expliquen lo que sucede en cada territorio, investiguen a las instituciones y mantengan conectadas a las comunidades.
Sulzberger identifica tres grandes desafíos para el sector: la presión de la inteligencia artificial sobre el modelo económico, las amenazas contra la libertad de prensa y la dificultad de informar a sociedades cada vez más polarizadas. Su posición es que la tecnología puede mejorar determinadas tareas periodísticas, pero solo será compatible con un ecosistema informativo sostenible si respeta los derechos, la autoría y la financiación de quienes producen la información.



