South Shore News, un sitio de noticias locales del sur de Boston generado casi íntegramente con inteligencia artificial, ha logrado 350 suscriptores de pago tras introducir un muro de pago en abril. El proyecto, fundado por Justin Evans, cubre reuniones de gobiernos municipales y comités escolares en 19 localidades situadas entre Weymouth y Plymouth, en una zona donde la reducción de recursos en medios tradicionales ha dejado sin cobertura regular buena parte de la actividad pública local.
El medio, tal como recoge The Boston Globe, funciona sobre todo a partir de transcripciones generadas por inteligencia artificial de reuniones públicas emitidas por internet. Evans utiliza Gemini, de Google, para transcribir vídeos publicados en YouTube, y una herramienta basada en OpenAI para grabaciones alojadas en otras plataformas. Para la redacción inicial de los textos emplea Claude, que después pasa por otro modelo para edición. El resultado son piezas que resumen decisiones municipales, debates escolares, presupuestos, rutas de transporte, actos públicos o discursos de graduación, con enlaces a marcas de tiempo que permiten a los lectores comprobar el fragmento exacto de la reunión citado en cada información.
El proyecto ha generado un modelo de negocio de pequeña escala, pero con ingresos relevantes para una actividad secundaria. Evans calcula que South Shore News ingresará unos 25.000 dólares este año, frente a menos de 2.000 dólares de costes, sin contar el tiempo que él dedica a revisar, publicar y organizar los contenidos. La suscripción cuesta desde 8 dólares al mes o 80 dólares al año, y el sitio cuenta además con más de 3.000 usuarios gratuitos que reciben avances de los artículos.
La propuesta ha encontrado lectores entre personas especialmente interesadas en la política municipal y en los problemas compartidos por varias localidades. Entre los suscriptores figura William Quigley, jefe de policía de Cohasset, que ha contratado una suscripción de grupo para compartirla con otros agentes y oficinas municipales, incluida la del administrador local. Quigley ha reconocido a The Boston Globe que le preocupa que este tipo de servicios pueda sustituir en parte a reporteros de calle, aunque también ha señalado que los cambios tecnológicos obligan a adaptarse.
South Shore News no pretende cubrir todos los aspectos de una comunidad. Evans admite que el sistema no reemplaza el trabajo de reporteros que entrevistan a vecinos, visitan escuelas, cubren actos sociales o investigan asuntos propios. También reconoce que la tecnología ha cometido errores, entre ellos problemas para interpretar algunos acentos locales. Aun así, varios lectores citados por The Boston Globe afirman que aceptan esas limitaciones porque el servicio les evita tener que ver reuniones municipales de varias horas en YouTube.
El caso plantea una cuestión central para el futuro de la información local: si los resúmenes automatizados de reuniones públicas pueden cubrir una parte del vacío dejado por los medios tradicionales sin desplazar la aparición de nuevas iniciativas periodísticas con reporteros. Dan Kennedy, profesor de periodismo en Northeastern University e investigador sobre información local, ha señalado que no existe otro medio en la zona con un alcance comparable al de South Shore News, pero ha advertido de que proyectos de este tipo pueden hacer que la audiencia acepte una solución basada en inteligencia artificial como sustituto suficiente de medios humanos.
Algunos suscriptores también diferencian entre el valor práctico del servicio y el periodismo en sentido estricto. Candace Kniffen, usuaria de South Shore News residente en Halifax, ha dicho a The Boston Globe que no considera que la inteligencia artificial sea periodismo, sino una especie de resumen grabado que resulta mejor que no tener nada. Esa percepción resume una de las tensiones del proyecto: su utilidad como herramienta de seguimiento cívico y sus limitaciones para generar comunidad, investigar o aportar reporterismo propio.
El crecimiento del número de suscriptores ha llevado a Evans a plantearse una ampliación. Su objetivo es alcanzar entre 30.000 y 35.000 dólares anuales de ingresos para contratar a un editor a tiempo parcial. También estudia expandirse a otras regiones e incluso poner en marcha una edición impresa, una posibilidad vinculada al mercado de los avisos legales, que en muchas localidades todavía deben publicarse en papel.



