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Solo el 14% de los periodistas vascos tiene formación reglada en IA, pese al avance de su uso en las redacciones

Una tesis doctoral de la UPV/EHU concluye que la inteligencia artificial se está incorporando de forma temprana, desigual y muy cautelosa en los medios del País Vasco, con riesgos específicos para la transparencia, la formación profesional y la presencia del euskera en el nuevo ecosistema algorítmico.

La inteligencia artificial ya ha entrado en las redacciones vascas, pero no lo ha hecho como una sustitución directa del periodista, sino como una herramienta de apoyo sometida todavía a un elevado grado de cautela editorial. Esa es una de las principales conclusiones de la tesis doctoral El impacto de la Inteligencia Artificial en los medios de comunicación vascos: gobernanza algorítmica, soberanía lingüística y el desafío de la integridad informativa, elaborada por Barbara Sarrionandia Uriguen en la Universidad del País Vasco/Euskal Herriko Unibertsitatea.

El trabajo, dirigido por Simón Peña Fernández y Jesús Ángel Pérez Dasilva, analiza cómo los medios del País Vasco están incorporando la IA en sus rutinas profesionales, en sus procesos de verificación, en la producción de contenidos y en sus marcos éticos. La investigación parte de una encuesta a 501 periodistas, entrevistas a responsables estratégicos de medios como EiTB, Vocento/El Correo, Berria, Grupo Noticias/Deia, Naiz y Cadena SER Euskadi, y estudios comparativos sobre el comportamiento de varios modelos de lenguaje ante información local y regional.

El diagnóstico principal es claro: la adopción de la IA en el periodismo vasco es aún incipiente, fragmentada y muy condicionada por tres factores: la falta de formación específica, la ausencia de protocolos internos claros y las limitaciones de las herramientas globales cuando trabajan con información de proximidad o en euskera.

Según la tesis, el 45,91% de los periodistas vascos aún no utiliza herramientas de IA en su rutina diaria, mientras que solo el 7,19% las emplea cada jornada. Su uso se concentra sobre todo en tareas auxiliares: traducción automática, consultas de datos, corrección ortotipográfica o transcripción de audio. En cambio, la generación directa de contenido informativo sigue siendo minoritaria, especialmente en los medios tradicionales.

Esa prudencia no se interpreta en el estudio como simple resistencia al cambio. La tesis la define como una “cautela informativa”: una forma de proteger el criterio editorial, la veracidad y la responsabilidad profesional ante sistemas que todavía presentan problemas de opacidad, sesgos y falta de trazabilidad.

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Uno de los datos más relevantes es la brecha formativa. Solo el 14,1% de los profesionales encuestados afirma haber recibido formación específica en inteligencia artificial. La carencia es más acusada en perfiles directamente vinculados a la producción periodística: redactores y presentadores registran niveles de capacitación mucho más bajos que los perfiles técnicos. El estudio advierte de que esta situación deja a muchos periodistas en una posición vulnerable: saben que la IA será relevante para su trabajo, pero no siempre cuentan con herramientas suficientes para auditar, corregir o cuestionar sus resultados.

La preocupación ética aparece como otro freno central. El 63,91% de los periodistas identifica los dilemas éticos como la principal barrera para integrar la IA en su desempeño profesional. Además, el 55,09% considera imprescindible informar a la audiencia cuando se haya utilizado IA en alguna fase del proceso informativo, y otro 33,13% cree que debe hacerse al menos cuando la IA actúe como fuente principal.

El trabajo también subraya un riesgo específico para los medios de territorios con identidad lingüística propia: el centralismo algorítmico. En pruebas realizadas con modelos como ChatGPT, Claude, Gemini, Copilot y Perplexity, la investigación detecta una infrarrepresentación de fuentes locales y regionales. De las fuentes citadas por los modelos en casos de actualidad vasca, solo el 15,5% correspondía a medios del territorio, frente al predominio de referencias nacionales.

Esa tendencia puede tener consecuencias relevantes para el pluralismo informativo. La tesis advierte de que, si las redacciones delegan sin supervisión parte de la producción o contextualización de noticias en herramientas globales, existe el riesgo de que la agenda local quede diluida, se pierdan matices institucionales y se debilite la presencia de fuentes de proximidad.

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El euskera aparece como uno de los puntos más sensibles. La investigación sostiene que las herramientas comerciales de IA presentan todavía limitaciones cuando operan en lenguas con menor presencia digital. Esto afecta a la precisión de las transcripciones, la traducción, la recuperación de información local y la capacidad de generar contenidos plenamente contextualizados. Por ello, el estudio plantea que la soberanía lingüística en la era de la IA dependerá también de la capacidad de desarrollar modelos, corpus y herramientas propias o adaptadas al contexto vasco.

La tesis aborda además el impacto de los sesgos algorítmicos, especialmente los de género. La investigación concluye que la IA no actúa como un sistema neutral, sino que puede reproducir desigualdades presentes en los datos de entrenamiento. Entre los riesgos señalados figuran la menor visibilidad de mujeres en roles de autoridad, la concentración de representaciones femeninas en ámbitos asociados a cuidados o entretenimiento y la amplificación de formas de desinformación de género, incluidos deepfakes o campañas automatizadas de desprestigio.

Ante este escenario, la investigación defiende que el reto no consiste solo en incorporar más tecnología a las redacciones, sino en gobernarla mejor. Propone avanzar hacia marcos internos de transparencia, guías de uso, protocolos de supervisión humana, auditorías de sesgos y programas de alfabetización en IA que no se limiten al manejo técnico de herramientas, sino que incluyan criterios editoriales, éticos, lingüísticos y democráticos.

La conclusión de fondo es que el futuro de la IA en los medios vascos no dependerá únicamente de la potencia de los modelos disponibles, sino de la capacidad de los periodistas y las organizaciones para conservar el control sobre sus procesos informativos. La automatización puede liberar tiempo, mejorar tareas técnicas y abrir nuevas posibilidades narrativas, pero solo será útil para el periodismo si se integra bajo criterios de responsabilidad, transparencia y respeto a la diversidad lingüística y territorial.

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