viernes 24 de abril de 2026
InicioOpiniónQueridos Reyes Magos:

Queridos Reyes Magos:

Este año termina con una mezcla de orgullo y cansancio. Orgullo por la gente que, en redacciones grandes y pequeñas, en radio, televisión, prensa, digital, agencias, proyectos locales y también en soledad, ha sostenido el oficio cuando parecía más fácil rendirse. Cansancio por todo lo que se ha pedido al periodismo sin darle, a cambio, lo que necesita para cumplir su parte del pacto.

Os escribo con la esperanza infantil (y, a la vez, muy adulta) de que todavía se puede enderezar la conversación pública si cuidamos a quienes la alimentan con hechos, contexto y preguntas honestas. No pido milagros; pido condiciones. No pido titulares brillantes; pido cimientos. Y, si os parece, os cuento qué duele y qué sueño.

El periodismo ha entrado en una tormenta larga: modelos de negocio frágiles, dependencia excesiva de plataformas que deciden (con cambios de reglas a menudo opacos) qué se ve, qué circula y qué queda enterrado, competencia desleal de quienes publican sin responsabilidad editorial, y una economía de la atención que premia lo urgente antes que lo importante. A eso se suma un desgaste interno: precariedad, rotación, miedo a equivocarse en público, falta de tiempo para contrastar, para leer, para llamar a una fuente más, para mirar un dato desde otro ángulo. La prisa se ha convertido en método y, cuando la prisa manda, el contexto pierde por goleada.

También se ha erosionado la confianza. No solo por la desinformación organizada, sino por un entorno polarizado que interpreta la realidad como un bando. En ese paisaje, el matiz molesta y el dato se discute como si fuera opinión. El periodismo queda atrapado en una paradoja cruel: se le exige neutralidad perfecta y, al mismo tiempo, se le castiga por no servir como arma.

Y ahora llega otra ola: la automatización y la inteligencia artificial, con promesas reales (mejorar flujos, detectar patrones, traducir, transcribir) y riesgos evidentes (homogeneización, pérdida de atribución, contenido sintético sin trazabilidad, y una presión nueva para producir más con menos) Sin reglas, la tecnología puede acelerar lo que ya estaba roto.

Por eso, este año os pido regalos que no caben en una caja, pero sí en una cultura.

Os pido, primero, tiempo. Tiempo comprado con inversión y con criterio editorial. Tiempo para comprobar, para dudar, para corregir, para volver sobre una historia cuando ya no está en tendencia. Tiempo para investigar sin sentir culpa por no “publicar algo” cada hora. El periodismo no es una cinta transportadora: es un oficio de precisión.

Os pido sostenibilidad sin trampas. Un modelo que no obligue a elegir entre clics y sentido, entre publicidad opaca y credibilidad, entre titular fácil y lectura profunda. Que el valor de un medio no dependa únicamente de un algoritmo ajeno ni de un pico de tráfico imprevisible. Que las suscripciones sean una relación, no una carrera de descuentos. Que la publicidad vuelva a ser compatible con la confianza: menos humo, más transparencia.

Os pido independencia con músculo. Redacciones protegidas de la presión comercial, política o corporativa. Directivos capaces de defender el periodismo incluso cuando incomoda. Editores que cuiden la coherencia, la ética y el rigor como se cuida una casa en invierno. Propietarios que entiendan que un medio no es solo un activo: es una institución de servicio público, aunque sea privada.

Os pido condiciones dignas para quienes hacen el trabajo. Salarios que permitan vivir, contratos que permitan planificar, turnos que permitan dormir, salud mental que no sea un eslogan. Formación continua que no se deje para “cuando haya tiempo”. Seguridad para cubrir calles y conflictos sin normalizar el insulto, la amenaza o el acoso. El periodismo no se sostiene a base de vocación; se sostiene a base de equipos cuidados.

Os pido claridad y honestidad en la relación con la audiencia. Menos arrogancia, más explicaciones. Más “así lo sabemos” y “aquí están los datos”. Más correcciones visibles y rápidas cuando toca. Más transparencia sobre conflictos de interés, sobre criterios, sobre errores. La confianza no se exige: se construye a la vista.

Os pido diversidad real, también en los temas. Que el periodismo no confunda lo importante con lo ruidoso. Que haya espacio para economía cotidiana, educación, ciencia, salud, cultura, mundo rural, barrios, migración, vejez, infancia, vivienda, clima. Que no se abandone lo local, porque lo local es el primer termómetro de la democracia. Que no se convierta el mapa en un decorado donde siempre hablan los mismos.

Os pido que la tecnología sea herramienta, no sustituto del criterio. Que la IA se use con trazabilidad, con atribución, con supervisión humana, con límites claros. Que se etiquete lo sintético. Que se protejan archivos y contenidos originales. Que la automatización no sea la excusa para recortar el pensamiento. Que la innovación sirva para hacer mejor periodismo, no solo para hacer más volumen.

Os pido una conversación pública menos cruel. Que dejemos de premiar la humillación como entretenimiento. Que los lectores, oyentes y espectadores vuelvan a sentir que informarse es un acto de cuidado propio y colectivo. Que la alfabetización mediática deje de ser un taller ocasional y se convierta en hábito social: aprender a distinguir hechos de opiniones, pruebas de rumores, fuentes de altavoces.

Y, si os queda un poco de magia, os pido algo sencillo y enorme: que el periodismo vuelva a ser un lugar donde merezca la pena quedarse. Un oficio exigente, sí, pero orgulloso. Con dudas, pero sin cinismo. Con competencia, pero sin mezquindad. Con urgencias, pero con sentido.

Queridos Reyes Magos: no sé si podéis traerlo todo. Sé que nada de esto depende solo de vosotros. Depende de medios, escuelas, anunciantes, plataformas, legisladores, periodistas y ciudadanos. Depende de decisiones pequeñas repetidas durante mucho tiempo. Pero escribir esta carta sirve para recordar que el periodismo no está “en crisis” como si fuera un fenómeno meteorológico: está en disputa. Y una disputa se puede ganar.

Os dejo, como señal, esta promesa de fin de año: seguir defendiendo el rigor, el contexto y la honestidad, incluso cuando resulte incómodo y menos rentable a corto plazo. El periodismo no necesita perfección; necesita convicción y estructura.

Con cariño y con respeto por el oficio,

  • Lluís Cucarella es director editorial del Laboratorio de Periodismo, CEO de la consultora de medios Next Idea Media y consultor asociado a WAN-IFRA

Artículos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

ÚLTIMOS ARTÍCULOS

LO MÁS LEÍDO