Entrada del SAME a un geriátrico donde ante un caso de COVID-19 positivo, hisoparon a todos los residentes. Foto Eva Cabrera - Télam

Las historias que permiten contar la crisis del coronavirus logran mayor completitud cuando tienen registros fotográficos: rostros de médicos, pacientes, adultos mayores, niños, trabajadores esenciales, gente en situación de calle; hospitales, medios de transporte, centros comerciales, villas, barrios residenciales; cada rincón donde haya una historia relevante para entender un momento histórico. 

A través de las fotos se documenta la lucha, la desesperación, la tristeza, la alegría, la ansiedad, la angustia, el abandono, la solidaridad, el miedo y la esperanza. La vida y la muerte. 

En tiempos de coronavirus el trabajo de los fotoperiodistas es imprescindible. Sus fotos nos ayudan a entender la actualidad mientras generan memoria. Los reporteros gráficos, entonces, no pueden hacer su trabajo de manera virtual: necesitan estar en el lugar de los hechos y estar cara a cara con los protagonistas de las historias.

Sin embargo, en este contexto, se enfrentan a varios desafíos. “Por la naturaleza de nuestro trabajo, no es posible trabajar desde la casa. Nos toca salir y medir con cuidado cada situación para no arriesgar nuestra salud ni exponer a los demás, además de las cuestiones éticas que surgen cuando nos toca documentar el sufrimiento ajeno y la muerte”, escribió el fotógrafo estadounidense Stephen Ferry, quien en su blog entrevistó a cinco colegas fotógrafos y videógrafos sobre sus experiencias retratando esta pandemia en Cali, Bogotá y Nueva York, según este artículo de la Red Ética de la Fundación Gabo (Colombia).  

 

Barrio José Luis Cabezas
El barrio José Luis Cabezas fue uno de los barrios aislados por presentar 39 casos positivos de COVID-19. En la actualidad, ya está reabierto. Foto Eva Cabrera-Télam

Ante el incremento de contagios por coronavirus en la Argentina, la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA) elaboró un protocolo con medidas de prevención “para un trabajo solidario con la sociedad y responsable entre colegas”. 

Lo primero que aclara es que, como recomienda el gobierno argentino, “cuidarnos es quedarnos en casa”. Y en caso de salir, tratar de estar afuera “el menor tiempo posible”.

“Nuestra profesión es una actividad esencial y en algunos casos de riesgo. En esta emergencia sanitaria, en cada salida podemos poner en riesgo a muchas más personas que a nosotros mismos. Tenemos que tomar conciencia de que si no nos cuidamos adecuadamente, podemos convertirnos en potenciales vectores de contagio para nuestros afectos y para personas en riesgo”, señala el protocolo.Y llama al colectivo de fotógrafos a tomar “todos los recaudos recomendados por el Ministerio de Salud nacional”.

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¿Por qué es importante que los fotógrafos estén en la calle durante la pandemia? 

Esa es una de las preguntas que nos hicimos y que respondimos gracias al testimonio de Eva Cabrera, fotoperiodista argentina. Actualmente es vicepresidenta de ARGRA y corresponsal en La Plata (capital de la provincia de Buenos Aires) de la agencia de noticias estatal Télam.

“Nuestro lugar para hacer fotos siempre es la calle. Para nosotros la calle es fundamental, es donde estamos y donde hacemos nuestros registros. Creo que en estos tiempos de pandemia nuestro trabajo es imprescindible porque es parte de la construcción de una memoria colectiva. El trabajo que hacemos nosotros se revaloriza con el tiempo”, interpreta Cabrera. 

Eva Cabrera
Eva Cabrera, durante la cobertura del 8M de 2019, en Argentina. Además de ser corresponsal en la Agencia Télam, la fotógrafa es Vicepresidenta de la Asociación de Reporteros Gráficos de la República Argentina (ARGRA)

Salir a trabajar y cuidarse cobró mayor relevancia. Es importante porque estamos ante una situación excepcional, que es mundial. Nos toma por sorpresa y es un enemigo que no sabemos de dónde puede venir. Es muy distinto a cuando vas, por ejemplo, a una marcha o a un lugar donde sabés que puede haber algún tipo de represión”, analiza la fotoperiodista.

Cabrera contó que en un principio hacían fotos en lugares muy puntuales, como un control de tránsito, una toma de fiebre o un caso del aeropuerto, donde podían llegar repatriados. “Después se empezaron a multiplicar los casos y empezamos a cubrir desinfecciones de edificios, sanitización de veredas, barrios cerrados, bastante vulnerables, que han sido aislados por tener contagios”, retrata. 

El reto también pasa por “cuidar lo que uno hace”. Cabrera sostiene que los fotógrafos visibilizan cosas que suceden, sobre todo en este contexto pandémico. “Hay que ser muy cuidadoso con la gente en estado de vulnerabilidad. Primero, y esto corre por mi cuenta, hay que tener mucho respeto por el otro, hay que saber ponerse en el lugar del otro. Y hay que ver qué contenido uno publica. Yo, por ejemplo, he decidido que a los niños los fotografío de espalda, que no se les vea la cara”, subraya la corresponsal de Télam. 

De todos modos, sostiene que “hay fotos que hay que hacer porque son necesarias”. “El problema es en qué contexto se publican. Hay toda una multiplicación de imágenes en las redes sociales; las puede tomar cualquiera y quedan descontextualizadas”, plantea.

 

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Protección, distanciamiento social y límites durante una cobertura

Cabrera considera que antes de ir a una nota, hay que pensar a dónde se va. “Hay que tener en cuenta qué peligros puedo correr ahí, como cuando te toca ir a un barrio aislado un brote o a una clínica con internados por COVID-19”, dimensiona.

fotografía covid
Operativo de testeos olfativos y toma de fiebre casa por casa en el barrio Altos de San Lorenzo. Foto Eva Cabrera-Télam

A la vez, piensa que no hay que exponerse innecesariamente. “Exponer la salud, el cuerpo, incluso hasta la vida, no lo vale una foto. Hay que cuidarse un montón. Y si uno no tiene una nota asignada o cuenta con una nota que ya haya podido vender, no hay que salir, hay que quedarse en casa”, recomienda. 

Antes, durante y después de una cobertura -es decir, hasta volver a su casa-, todo fotógrafo tiene que llevar puestos los elementos de protección: barbijo, gafas de seguridad, alcohol en gel. Además, debe mantener distancia obligatoria entre personas, no tocarse la cara y en caso de toser y estornudar, hacerlo sobre el pliegue del codo.

Cabrera visualiza dos momentos especialmente complicados. Uno es el regreso a casa. El otro es mantener la distancia social, lo más difícil de todo. Sobre todo cuando en algunas notas somos muchos fotógrafos para dar cobertura o cuando vamos a barrios”, ejemplifica. 

La vuelta a casa, como dice la fotógrafa, es un punto importante. “Hay que desinfectarse las manos entre cada cosa que te sacás. Muchos dejamos todo en la entrada de nuestra casa, los zapatos e incluso la ropa. Rociamos con desinfectante lo que llevamos puesto, el bolso o la mochila, el celular, la llave. Además, hay que desinfectar la cámara completa y todos sus accesorios. Luego hay que bañarse”, detalla y resalta que los cuidados del antes, durante y después están detallados en el protocolo de ARGRA.

Fotógrafos coronavirus
Una enfermera le alcanza la comida a un paciente internado por COVID-19 en el Centro de recepción de baja complejidad que fue armado en el Albergue Universitario de la Universidad Nacional de La Plata. Foto Eva Cabrera – Télam

Métodos para manejar el estrés y situaciones traumáticas

Por último, como herramienta de ayuda para manejar el miedo, el estrés que genera cumplir con los cuidados en un lugar abierto o cerrado, y las sensaciones que quedan después de una cobertura compleja, Cabrera aconseja desconectar, descansar o realizar alguna otra actividad gratificante. 

Y, por otro lado, sirve compartir la experiencia de las coberturas con otros colegas: “Hablar entre nosotros, preguntarnos cómo estamos, es muy importante para sentirse contenido”.  

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