La mayoría de los periodistas británicos utiliza herramientas de inteligencia artificial (IA) en su trabajo al menos una vez por semana, pero sigue percibiéndolas más como una amenaza que como una oportunidad para el futuro de la profesión, según el informe “AI adoption by UK journalists and their newsrooms: surveying applications, approaches, and attitudes” (PDF), elaborado por Neil Thurman, Sina Thäsler-Kordonouri y Richard Fletcher y publicado por el Reuters Institute for the Study of Journalism.
El estudio, basado en una encuesta online realizada entre agosto y noviembre de 2024 a una muestra representativa de 1.004 periodistas del Reino Unido, constata que un 56% emplea la IA profesionalmente al menos una vez por semana, otro 27% la usa con menor frecuencia y solo un 16% afirma no haberla utilizado nunca para tareas periodísticas, al tiempo que un 62% considera que la IA supone una amenaza “grande” o “muy grande” para el periodismo, frente a un 15% que la ve como una gran oportunidad.
Según el informe, la adopción de la IA se concentra sobre todo en tareas de procesamiento de lenguaje. Casi la mitad de los periodistas encuestados (49%) recurre al menos una vez al mes a sistemas de transcripción o generación de subtítulos, un 33% los usa para traducción y un 30% para revisión gramatical y corrección de estilo. La IA se ha extendido también a tareas más sustantivas: un 22% la emplea mensualmente para la búsqueda de historias, un 16% para generar ideas o hacer lluvia de ideas, otro 16% para crear partes de los textos (por ejemplo, titulares), un 12% para verificación de datos y evaluación de fuentes y un 10% para preparar primeros borradores de artículos. Si se ordenan las 31 tareas analizadas por frecuencia de uso diario de la IA, la generación de partes de un texto (como los titulares) y la investigación de historias aparecen en cuarto lugar, por detrás de la corrección gramatical, la transcripción y la traducción.
En cambio, el uso de IA para generar contenidos visuales o sonoros sigue siendo minoritario. Solo un 6% de los periodistas dice utilizarla al menos una vez al mes para generar imágenes y un 2% para generar vídeo. La encuesta recoge que algunas redacciones han descartado expresamente estas aplicaciones para evitar que se creen imágenes o vídeos que puedan interpretarse como representación de hechos reales, en línea con las reservas expresadas por parte del público hacia contenidos informativos generados artificialmente. También es poco habitual el uso de IA para moderación de comentarios o maquetación, tareas que suelen concentrarse en equipos específicos.
Cuando se agrupan las tareas en cinco grandes bloques, la IA se utiliza con mayor frecuencia en actividades de recopilación inicial de información (como la detección de tendencias o la monitorización de eventos), seguida de la fase de procesamiento y análisis de datos y de la redacción o reescritura de textos periodísticos. Las tareas de producción o gestión de back office, más allá de la transcripción, recurren menos a la IA, y el conjunto de actividades de generación o edición de audio, imagen, gráficos y vídeo es donde menos se emplean estas herramientas.
El estudio identifica diferencias claras en quiénes utilizan la IA con más frecuencia. Los periodistas más jóvenes y los que se identifican como hombres declaran un uso algo más intensivo, especialmente entre quienes la usan a diario o varias veces por semana: un 36% de los hombres afirma emplearla al menos una vez por semana, frente a un 30% de las mujeres, y entre los menores de 30 años el porcentaje sube al 42%, frente al 29% de quienes tienen 50 años o más.
También influye el nivel de responsabilidad: los perfiles con mayor autoridad editorial y estratégica son los que declaran más uso diario de IA, tres veces más que quienes tienen responsabilidades limitadas. Por áreas de cobertura, el uso es más intenso en periodismo económico, donde un 43% trabaja con IA al menos una vez a la semana, frente al 21% en áreas de estilo de vida.
En cambio, el tipo de contrato no marca diferencias significativas una vez controlados la edad y el género. Periodistas con contrato permanente, temporales y autónomos usan la IA con frecuencias similares, lo que los autores interpretan como un signo de la democratización en el acceso a estas herramientas a partir de la aparición de servicios abiertos al público. Sí pesa el tipo de formatos en los que trabaja cada profesional: quienes producen, editan o supervisan contenidos en más formatos (texto, vídeo, gráficos, etc.) son más intensivos en el uso de IA.
Entre quienes solo trabajan en un formato, un 48% utiliza IA al menos una vez al mes; entre quienes manejan cinco o más formatos, la proporción sube al 62%. La participación en la producción de texto, gráficos o vídeo se asocia a un uso más frecuente, mientras que la implicación en fotografía se vincula a un uso menor, en un contexto en el que existe un consenso amplio en no usar IA para generar imágenes que puedan interpretarse como documentales.
La relación entre IA y satisfacción laboral aparece como uno de los puntos más problemáticos. En contra de la idea de que estas herramientas liberarían a los periodistas de tareas rutinarias y les permitirían dedicar más tiempo a trabajos complejos y creativos, los datos no muestran una mejora clara. Al contrario: quienes emplean IA con mayor frecuencia son los que con más probabilidad consideran que realizan tareas de bajo nivel con demasiada frecuencia, en parte porque la propia IA exige nuevas labores de bajo valor añadido, como limpiar datos, diseñar indicaciones y revisar sus salidas. Además, los periodistas que usan IA con más frecuencia no declaran estar más satisfechos con el tiempo que pueden dedicar a entrevistas en profundidad, investigaciones o narrativas interactivas; los más satisfechos con este equilibrio son, según el informe, quienes no usan IA en absoluto.
En cuanto a las actitudes, el informe refleja un clima claramente pesimista. Un 62% de los periodistas británicos considera que la IA supone una amenaza “grande” o “muy grande” para el periodismo, mientras que solo un 15% la ve como una gran oportunidad. Un 56% la percibe únicamente como una amenaza y apenas un 9% se sitúa en el extremo opuesto, viéndola solo como una oportunidad. La visión negativa se mantiene en prácticamente todos los grupos demográficos, sin grandes diferencias por edad o tipo de medio. Los periodistas de televisión y radio son algo más proclives que los de prensa escrita a ver una oportunidad, pero también predominan entre ellos las percepciones de amenaza.
Las diferencias más marcadas aparecen cuando se cruzan las actitudes con el nivel de responsabilidad o el grado de conocimiento y uso de la IA. Entre quienes tienen capacidad estratégica en las organizaciones, un 34% ve en la IA una gran oportunidad y un 53% la considera una gran amenaza, cifras menos negativas que en los niveles jerárquicos intermedios e inferiores.
Los periodistas que responden correctamente a más preguntas sobre conceptos básicos de IA son algo más proclives a identificar oportunidades, aunque siguen señalando mayoritariamente la amenaza. Y quienes la usan con más intensidad presentan el contraste más claro: entre los usuarios diarios, un 45% ve en la IA una gran oportunidad y un 48% una gran amenaza, lo que les convierte en uno de los pocos grupos en los que las percepciones están relativamente equilibradas.
Las preocupaciones éticas son generalizadas y altas. Más de la mitad de los encuestados se declara “extremadamente preocupado” por el impacto potencial de la IA en la confianza del público en el periodismo (60%), en el valor que se otorga a la precisión informativa (57%) y en la originalidad de los contenidos (54%). Entre un 51% y un 69% se muestra extremadamente o muy preocupado por cuestiones como la producción de contenidos poco transparentes o la posible exposición involuntaria de datos personales, aunque este último aspecto es el que genera menor inquietud relativa. Las diferencias entre grupos demográficos son pequeñas, pero el estudio detecta que la preocupación tiende a ser mayor entre quienes tienen más conocimientos de IA y sensiblemente menor entre quienes la utilizan a diario en su trabajo.
En el plano organizativo, seis de cada diez periodistas afirman que en su redacción se ha integrado la IA de algún modo, mientras que el 40% sostiene que no existe integración. Sin embargo, esa adopción se describe mayoritariamente como “limitada”: tres de cada cuatro periodistas que dicen trabajar en redacciones con IA integrada la sitúan en ese nivel, solo un 11% habla de integración “moderada”, un 3% de integración “extensa” y apenas un 1% considera que la IA está plenamente incorporada a todos los procesos de la redacción. Las diferencias entre tipos de medio son reducidas, aunque los periódicos, los medios comerciales y los grupos de comunicación muestran niveles algo mayores de integración que las emisoras públicas y los medios independientes.
Aunque la presencia efectiva de la IA en los flujos de trabajo sigue siendo limitada, la expectativa de crecimiento es clara. El estudio recoge una diferencia de 63 puntos porcentuales entre quienes creen que su medio incrementará el uso de IA y quienes piensan que lo reducirá, con previsiones especialmente altas de aumento entre quienes trabajan en emisoras de radio y televisión, en conglomerados y en medios de titularidad pública. Además, un 39% de los periodistas describe la posición de su medio ante la IA como favorable o muy favorable, frente a un 20% que la ve como contraria; en todos los tipos de outlet, los porcentajes de apoyo superan a los de oposición.
En cuanto a la forma en que las organizaciones abordan el uso de la IA, un 60% de los periodistas afirma que su principal medio ha establecido algún tipo de protocolo o guía en al menos uno de los aspectos consultados. En torno al 40% cita normas específicas sobre supervisión humana, privacidad y seguridad de los datos, transparencia, ámbitos de aplicación y responsabilidades. Solo un 27% menciona protocolos sobre sesgos y equidad, el área menos regulada, pese a las preocupaciones sobre los sesgos incorporados en algunos modelos generativos. Los medios de titularidad pública son los que con más frecuencia disponen de protocolos para todos estos aspectos, con porcentajes en torno al 70%, superiores a los de los medios privados.
La formación es menos habitual: solo un 32% de los periodistas encuestados indica que su organización ofrece algún tipo de capacitación en tecnologías de IA. La probabilidad de que exista formación aumenta en redacciones con una integración más avanzada de estas herramientas, en medios públicos y en grupos de comunicación, que cuentan con más recursos y estructuras para desplegar programas de formación.
Respecto a las herramientas, un 57% de los periodistas afirma que su medio solo utiliza soluciones desarrolladas por terceros, un 9% indica que se trabaja exclusivamente con herramientas internas y un 34% habla de una combinación de ambas. El uso de desarrollos propios, o mixtos, es más frecuente en conglomerados y medios públicos, lo que explica que periódicos y emisoras tiendan a combinar herramientas externas con soluciones internas mientras revistas e iniciativas nativas digitales dependen en mayor medida de plataformas de terceros.
El informe se basa en una encuesta online dirigida a periodistas que trabajan para medios con base en el Reino Unido y una audiencia, al menos en parte, británica, y que obtienen al menos la mitad de sus ingresos de la actividad periodística o trabajan un mínimo de 18 horas semanales en el oficio.
Tras un proceso de depuración y verificación de perfiles, se obtuvieron 1.004 respuestas válidas, con una edad media de 47 años, una experiencia media de casi 22 años en la profesión y una distribución mayoritaria de contratos permanentes a tiempo completo y de profesionales freelance. Los autores estiman que la muestra es, con estas cautelas, ampliamente representativa del conjunto de periodistas británicos, con un margen de error de hasta el 3% para algunas preguntas.



