La desinformación relacionada con la salud se ha convertido en una preocupación creciente para profesionales sanitarios, expertos en comunicación y organizaciones del sector, que advierten de sus efectos sobre las decisiones médicas de los ciudadanos y sobre la confianza en las instituciones. Esta fue una de las principales conclusiones de la jornada Fake news en el ámbito sanitario, organizada por la Alianza de la Sanidad Privada Española (ASPE) y la Asociación Nacional de Informadores de la Salud (ANIS), donde se analizó el impacto de los contenidos falsos o engañosos en un entorno digital marcado por la velocidad de difusión y la carga emocional de los mensajes.
Los participantes alertaron de que la información basada en evidencia científica compite cada vez con más dificultad frente a contenidos diseñados para provocar reacciones inmediatas, reforzar prejuicios o generar viralidad. Según expusieron durante el encuentro, esta situación favorece la circulación de mensajes sin respaldo científico y dificulta que la ciudadanía identifique fuentes fiables en cuestiones relacionadas con la salud.
Tal como recoge El Diario Vasco, representantes de organizaciones sanitarias, medios especializados y entidades dedicadas a combatir los bulos defendieron la necesidad de reforzar la colaboración entre periodistas, expertos e instituciones para anticiparse a la difusión de informaciones falsas y responder de forma coordinada antes de que alcancen una amplia difusión.
Durante una de las mesas de debate, responsables de comunicación de grupos sanitarios y especialistas en verificación analizaron el papel que desempeñan los departamentos de comunicación en este escenario. Entre las medidas planteadas destacaron la adopción de estrategias preventivas para detectar narrativas engañosas en fases tempranas y el fortalecimiento de alianzas entre profesionales de la información y expertos sanitarios.
Otra de las cuestiones abordadas fue la influencia de los algoritmos de las plataformas digitales sobre el consumo de información. Los participantes señalaron que disponer de datos científicos correctos ya no garantiza que estos lleguen al público, por lo que resulta necesario desarrollar nuevas capacidades de divulgación capaces de hacer comprensible información compleja sin perder rigor.
Los expertos también destacaron el creciente protagonismo de médicos, enfermeros y otros profesionales sanitarios en redes sociales y plataformas digitales. A su juicio, este fenómeno puede contribuir a mejorar la calidad de la información disponible, aunque subrayaron la necesidad de proporcionar formación específica y herramientas que permitan diferenciar la divulgación basada en evidencia de la especulación o el intrusismo.
Como resultado de la jornada, ASPE y ANIS solicitaron la puesta en marcha de una Estrategia Nacional de Lucha contra la Desinformación en Salud. La propuesta plantea mejorar la coordinación entre administraciones, comunidades autónomas, organizaciones sanitarias y profesionales del sector, además de impulsar una mayor presencia de contenidos verificados en los espacios digitales y reforzar la visibilidad de las voces expertas frente a los mensajes pseudocientíficos.
Los participantes concluyeron que la comunicación rigurosa debe considerarse una herramienta esencial para la protección de la salud pública, al desempeñar un papel relevante en la prevención de conductas basadas en información errónea y en el mantenimiento de la confianza ciudadana en el sistema sanitario.



