El uso de inteligencia artificial para redactar borradores en The Plain Dealer, el principal diario de Cleveland (Estados Unidos), que originó cierta polémica hace un mes, está permitiendo reorganizar el trabajo en la redacción y liberar tiempo para el reporterismo, pero está generando discrepancias dentro de la profesión sobre el impacto de este modelo en el control del texto y la calidad informativa.
El sistema implantado por el medio se basa en un equipo específico, conocido como “rewrite desk”, que utiliza herramientas de inteligencia artificial para convertir en artículos las notas, transcripciones y materiales recogidos por los periodistas. Estos borradores son posteriormente revisados por editores y por los propios reporteros antes de su publicación, en un flujo de trabajo que mantiene la supervisión humana en todas las fases.
La iniciativa ha sido impulsada por el editor jefe, Chris Quinn, con el objetivo de redistribuir las tareas dentro de la redacción. Según su planteamiento, reducir el tiempo dedicado a escribir permite a los periodistas centrarse en la obtención de información, la presencia sobre el terreno y el contacto con las fuentes. En algunos casos, este modelo ha facilitado dedicar más tiempo a reportajes en profundidad sin aumentar el volumen total de producción.
El uso de la inteligencia artificial se limita principalmente a informaciones breves y de carácter local, donde la estructura narrativa es más predecible. En este tipo de piezas, el periodista define el enfoque, selecciona los datos y establece el tono, mientras que la herramienta automatiza la redacción inicial del contenido.
Este modelo convive con otras aplicaciones de inteligencia artificial dentro del medio, como la transcripción de reuniones públicas, la detección de temas noticiables o la conversión de podcasts en artículos. Esta última práctica ha contribuido a incrementar el tráfico digital del diario, con millones de visualizaciones adicionales en su web.
La adopción de este sistema introduce, sin embargo, diferencias de criterio dentro del sector periodístico. Mientras los responsables del medio sostienen que la inteligencia artificial actúa como una herramienta que permite reforzar el trabajo informativo, otros profesionales advierten de que trasladar la escritura fuera del periodista puede afectar a aspectos como el control directo del texto o la formación en el oficio.
Estas posiciones reflejan dos enfoques sobre el papel de la inteligencia artificial en las redacciones. Por un lado, se plantea como un mecanismo para optimizar recursos en un contexto de reducción de plantillas y presión económica sobre los medios. Por otro, se señala el riesgo de que la automatización de la escritura reduzca el margen de intervención del periodista en la construcción final de la información.
En el caso de The Plain Dealer, la redacción mantiene como principio que la inteligencia artificial no sustituye al periodista, sino que actúa como asistente en el proceso de producción. Los artículos generados con este sistema incluyen, en algunos casos, la mención “Advance Local Express Desk”, que indica la participación de herramientas automatizadas en la elaboración del texto.
El experimento continúa en fase de desarrollo y se aplica a contenidos concretos, mientras el medio evalúa hasta qué punto este modelo puede ampliarse sin afectar a la calidad informativa ni al papel del periodista en la definición, interpretación y relato de los hechos.



