[Este artículo de opinión forma parte de la newsletter semanal de Laboratorio de Periodismo, que se envía a los suscriptores a las 8 de la mañana todos los martes. Semanalmente, Lluís Cucarella, director editorial del Laboratorio de Periodismo de la Fundación Luca de Tena y CEO de Next Idea Media, comenta en un artículo algunos puntos de actualidad de la semana en el mundo del periodismo. Suscríbete]

 

 

EL PAÍS CAMBIA DE MURO DE PAGO A UNO FREEMIUM. Si no hay novedades de última hora, El País cambia hoy martes de modelo de muro de pago, de uno metered a uno freemium. Esto es, de uno en el que se puede leer un número limitado de artículos en un mes o en un periodo concreto, (un número variable de artículos según el usuario, si es un paywall dinámico), a uno en el que hay artículos que sólo podrán leer los suscriptores desde el primer momento, junto con otros artículos que siempre estarán abiertos para todos (hay muros híbridos en los que a esos artículos en abierto también se les aplica un medidor, pero los dejaremos de lado para simplificar).

La de El País es una decisión lógica, a pesar desde que en algunos casos se ha interpretado como un paso atrás. Puede que no fuera esta su intención inicial, pero en todo caso, había que tomar medidas para maximizar los ingresos.

Nos encaminamos, estamos asistiendo ya en realidad, a un freno notable en las suscripciones (ahí está el ejemplo de Netflix), por fatiga y por la gran competencia de ofertas, que pasa factura al share of wallet. Hay muchas variables a tener en cuenta, pero, por ejemplo, si habilitamos un muro medido, estamos cerrando una gran parte del inventario publicitario, porque cuando una persona lea los dos, tres o cinco artículos al mes que le otorga el muro medido, no tendrá acceso a ninguna noticia más, y sacrificamos muchas impresiones publicitarias en aras a que la tasa de conversión equilibre esas pérdidas.

Cuando aún hay muchos suscriptores por captar, sobre todo los más pegados a la marca y cuando, además, muchos periódicos ofrecen aún la información totalmente en abierto, puede ser una estrategia acertada, pero a medida que la tasa de adquisición de suscriptores se ralentiza, el coste de oportunidad es cada vez más relevante, en un mercado en el que, además, la publicidad se va recuperando.

Muchas personas a las que les salta el muro no tienen ningún interés en suscribirse. Sencillamente, dejan de acceder, por lo que no hay conversión relevante y tampoco se cobran las impresiones que esos lectores podrían seguir generando si tuvieran acceso a otros artículos de última hora, los que queden en abierto.

Si implantamos un muro freemium, los heavy users o los más dispuestos a suscribirse, lo harán, en mayor o menor medida, porque las noticias diferenciales estarán cerradas, y acabarán suscribiéndose si realmente tienen interés. Y los muchos otros que no se van a suscribir, y que en muchos casos no buscan informaciones muy específicas, sino las noticias de última hora, y un primer nivel informativo, van a generar impresiones constantemente, y los ingresos por publicidad crecerán.

Además, el muro freemium puede potenciar la fidelización. Cuando acaba la suscripción en un muro medido, se dispone de nuevo de un ciclo de noticias gratuitas, con lo que en algunos casos no hay una renovación en espera de consumir esas noticias en abierto. Con los muros freemium, la tasa de conversión puede, incluso, mejorar.  Germán Frassa habla de ello también en este hilo de Twitter

En los periódicos que no pueden acceder a un mercado global de información en inglés, esta va a ser la tendencia. En esos otros periódicos top mundiales que acceden a ese mercado global, queda por ver si la tendencia seguirá siendo la de reducir el muro medido hasta dejarlo casi como hard paywall o si hay movimientos hacia muros de pago freemium. De momento, parece que, pese a esta reducción general de suscriptores y el amesetamiento, se sigue apostando por reducir el número de artículos que se pueden leer antes de chocar con el muro, Es lo que ha hecho, por ejemplo, hace poco, el Boston Globe, que ha dejado el muro en un único artículo gratuito cada 90 días, prácticamente un modelo premium. El modelo de propensión a la suscripción del Boston predice que una visita que impacta contra el muro tiene 18 veces más probabilidades de suscribirse que uno que no. Cuanto más impacte, más posibilidades de convertir.

 

■ VACUNA CONTRA LA DESINFORMACIÓN. Los niveles de desinformación en España son ya alarmantes, como así lo ratifica el barómetro Edelman. Pero lo más preocupante es que, además de que se sigue alimentando la desinformación desde las redes sociales, cada vez se alimenta más también desde algunos periódicos (algunos, no todos), que usan las mal llamadas fake news como arma arrojadiza.

Algunos políticos han redescubierto la eficacia de la desinformación como estrategia efectiva en una sociedad polarizada como la española actualmente, en esa transición del state craft (o arte de gobernar) a un stage craft (arte de puesta en escena), y lanzan o se hacen eco con demasiada frecuencia de relatos e historias basadas en falsas informaciones a sabiendas de que no hay nada que sustente esas afirmaciones, pero a las que se les dota de verosimilitud. A los periodistas, a los periódicos, correspondería analizar, investigar y filtrar, y denunciar esta práctica manipulativa, buscar la verdad y hacerla pública.


Pero cuando se habla de desinformación impulsada desde los propios periódicos, siempre se mira a la casa de enfrente. Mientras la profesión, pero sobre todo quienes acusan al de enfrente de desinformar más, recuperan el sentido social y ético, bienvenidas sean iniciativas como la que acaba de lanzar la UNED, en descarga gratuita.

Este Manual de periodismo y verificación de noticias en la era de las «fake news» nace como vacuna contra la información falsa. «El bulo siempre ha existido, pero la difusión global, masiva e instantánea gracias a los entornos digitales es algo novedoso. Contagia a toda la sociedad. Nos coloca ante una pandemia de desinformación que nos reclama prevención y vacuna».

«A los autores —profesores de la universidad pública e investigadores de las «fake news» desde distintas perspectivas— nos llegaban peticiones de sectores como periodistas o profesores de universidad y de Secundaria que anhelaban un manual con lenguaje claro, con ejercicios didácticos y con ejemplos cercanos que ayudaran a entender el fenómeno, y que pudiera usarse indistintamente en redacciones, facultades e institutos. Y con ese propósito hemos trabajado: abordamos desde qué es una «fake news» hasta cómo se verifica una noticia; desde cómo el cerebro crea sesgos cognitivos que favorecen la desinformación hasta cómo Wikipedia o Facebook dominan el marco ideológico. Estudiamos la producción, la distribución y la recepción de textos, imágenes y sonidos, porque no sólo se miente con palabras. Y exploramos cómo repercute la desinformación en ámbitos diversos como el auge de los populismos o la salud, sobre todo tras la pandemia del Covid-19″.

No estaría de más que fuera libro de cabecera en algunas redacciones. El libro puede descargarse gratuitamente (licencia creative commons), desde esta página (PDF). El catedrático de periodismo y uno de los coordinadores del libro, Carlos Elías, da algunas claves sobre el libro y su relevancia en esta entrevista en RTVE.

■ POLÉMICA PERIODÍSTICA EN REDES PARA REFLEXIONAR.  El ex jefe de prensa de la Casa Real Javier Ayuso publicaba hace unos días en las redes sociales las portadas de El Mundo y El País con dos titulares muy distintos de una misma reunión, como se puede ver en la imagen inferior.

Decía Ayuso: «Dos portadas de periódico hoy ante la misma reunión. Cada vez se hace más difícil seguir la actualidad en los medios. Echo de menos cuando la información estaba por encima de la ideología y los intereses de la empresa periodística».

Víctor de la Serna, desde El Mundo, le replica: «Es como para preguntarse de qué está hablando Ayuso. ¿De que ante un acontecimiento hay que publicar la misma información con el mismo titular en todos los medios? ¿Eso permitiría «seguir la actualidad» o difundiría la verdad única del partido único?».

Hasta ahí, defensa colectiva, pero más adelante, agrega: «En todo caso, y aunque el titular de esta semana en El País sí que refleja la cercanía benévola del diario con todo Gobierno encabezado con el PSOE, no cae en una falsedad palmaria. Sí, el de EL MUNDO refleja más precisamente lo sucedido: más allá de las palabras amables, la firme defensa de un regreso a las reglas fiscales más estrictas para restablecer la salud económica en la Unión Europea que hizo el canciller alemán fue un desagradable sopapo para el presidente español, que quiere subsidios y más subsidios».

¿Sintonía con matices, o diferencias? ¿Lleva razón Ayuso, o de la Serna?

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