La forma en la que el periodismo construye y protege su identidad profesional puede convertirse también en un obstáculo para su renovación y adaptación a los cambios tecnológicos, sociales y culturales. Esa es una de las principales conclusiones de una investigación de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Navarra, publicada en la revista Brazilian Journalism Research, que analiza cómo la profesión periodística sostiene su legitimidad y delimita sus fronteras en un escenario marcado por las redes sociales, la inteligencia artificial, los medios nativos digitales y la aparición de nuevos actores informativos.
El estudio, firmado por Álvaro Villagrán Sánchez y Fernando López Pan, sostiene que el periodismo no se define únicamente por las funciones que desempeña, sino también por el relato que construye sobre sí mismo y por los mecanismos simbólicos que utiliza para reforzar su autoridad como fuente de conocimiento fiable. Según la investigación, esos mecanismos permiten mantener la cohesión interna de la profesión y preservar su credibilidad pública, aunque también pueden dificultar la incorporación de nuevas formas de ejercer el periodismo.
“La ideología profesional es siempre un equilibrio entre la necesidad de integración e identidad y la resistencia al cambio. Si prevalece esta última, la ideología se convierte en un obstáculo para la renovación”, señala Álvaro Villagrán Sánchez.
La investigación identifica tres mecanismos principales con los que el periodismo construye y reproduce su identidad colectiva. El primero es la memoria profesional compartida, a través de referencias históricas que funcionan como mitos fundacionales de la profesión. Episodios como el caso Watergate, la publicación de los archivos del Pentágono o la figura de Edward R. Murrow enfrentándose al senador Joseph McCarthy son utilizados como ejemplos que encarnan valores como la búsqueda de la verdad, la independencia editorial o el compromiso con el interés público.
El segundo mecanismo es la delimitación de fronteras frente a otros actores del ecosistema informativo. El estudio explica que los periodistas definen qué prácticas consideran legítimas diferenciándose de perfiles como creadores de contenido digital, influencers informativos o profesionales de relaciones públicas. Según los autores, esta demarcación resulta fundamental para defender la autoridad del periodismo como fuente fiable de conocimiento en un entorno informativo cada vez más fragmentado.
La investigación también analiza cómo la profesión reacciona ante errores graves, manipulaciones o vulneraciones éticas. Según el trabajo, la respuesta habitual consiste en presentar estos casos como desviaciones individuales, recurriendo al relato de las “manzanas podridas”, con el objetivo de proteger la legitimidad del sistema sin cuestionar las normas generales del periodismo.
Los autores advierten de que estos mecanismos pueden generar efectos contraproducentes cuando se vuelven demasiado rígidos. La idealización del pasado, explican, puede dificultar la adaptación a nuevos formatos y narrativas; las fronteras profesionales pueden excluir formas legítimas de periodismo que no encajan en el modelo tradicional; y la tendencia a individualizar los errores puede impedir abordar problemas estructurales de la profesión.
La investigación subraya además que la literatura académica ha identificado más de 160 variantes del término “periodismo”, reflejo de las dificultades actuales para establecer una definición única y estable de la profesión. Frente a ello, el estudio propone abandonar la búsqueda de una definición cerrada y centrar el análisis en los mecanismos mediante los que el propio periodismo construye y defiende continuamente su identidad colectiva.



