La expansión de los asistentes de inteligencia artificial, la caída del tráfico procedente de los buscadores y la fragmentación del consumo informativo están obligando a los medios a replantearse no solo cómo distribuyen sus contenidos, sino también cómo los producen. El siguiente cambio puede consistir en dejar de crear piezas cerradas —un artículo, un vídeo o un pódcast— y empezar a construir información estructurada capaz de adoptar formatos diferentes según el usuario, el canal y el momento.
Este modelo, conocido como contenido líquido, propone que la unidad básica del trabajo periodístico deje de ser el producto final y pase a ser un núcleo de información formado por componentes independientes: datos, citas, fechas, acontecimientos, fuentes, lugares o argumentos. A partir de esos elementos, distintos sistemas podrían generar automáticamente una noticia breve, una explicación extensa, un audio de diez minutos, un gráfico interactivo o una respuesta adaptada a una consulta concreta.
FT Strategies analiza este concepto en una guía firmada por Sofia Giannuzzi, integrada en una serie dedicada a explicar las tecnologías de inteligencia artificial que pueden transformar la edición de noticias. La consultora vinculada al Financial Times considera que el contenido líquido podría modificar los procesos editoriales, la personalización, la monetización y la relación de los medios con buscadores, plataformas de IA y agentes digitales.
Del artículo terminado a la información modular
FT Strategies utiliza una metáfora para explicar la diferencia entre el modelo actual y el contenido líquido. Hoy, los medios trabajan la información como si fuera arcilla que se moldea y se deja secar hasta obtener una pieza definitiva. Una vez publicado un artículo o producido un vídeo, resulta difícil modificar su estructura sin volver a trabajar sobre el producto terminado.
El contenido líquido mantendría esa arcilla húmeda. La información se almacenaría en componentes estructurados y reutilizables que podrían combinarse de distintas maneras. Un lector con quince minutos disponibles durante un desplazamiento podría recibir un boletín sonoro ajustado a ese tiempo. Otro usuario podría solicitar una cronología, una explicación para principiantes o una selección de datos clave sobre la misma historia.
La personalización no se limitaría, por tanto, a recomendar artículos distintos a cada lector. También permitiría cambiar la forma, la profundidad, la duración y el lenguaje de una misma información.
FT Strategies sostiene que, en una fase más avanzada, los llamados motores de experiencia y de decisión podrían encargarse de componer estos productos de forma autónoma en función del perfil, las necesidades y el contexto del usuario.
No es convertir un artículo en un pódcast
La guía distingue el contenido líquido de algunas prácticas que los medios ya utilizan. Transformar un artículo terminado en un pódcast mediante inteligencia artificial es una operación de reutilización de formatos, pero no supone que el contenido original sea líquido.
Tampoco lo es añadir un chatbot sobre un archivo periodístico, incorporar un generador de resúmenes a una noticia o mostrar una sección de recomendaciones personalizadas. En todos esos casos, la tecnología actúa sobre contenidos cerrados o modifica su distribución, pero no altera la forma en que la información ha sido concebida y estructurada desde el principio.
El modelo más próximo se encuentra actualmente en el periodismo de datos. Una base estructurada puede alimentar mapas, gráficos, tablas, comparadores o visualizaciones diferentes y actualizarse en tiempo real. El contenido líquido trasladaría esa misma lógica a la información textual y audiovisual.
Una historia para cada necesidad
La principal ventaja para los medios sería la posibilidad de generar distintos productos a partir de un único núcleo informativo, con un coste adicional relativamente reducido. Una investigación podría convertirse en una noticia completa, un resumen ejecutivo, una cronología, un cuestionario, un vídeo vertical o una explicación sonora sin tener que reconstruir el trabajo desde cero.
Esto permitiría que una misma historia atendiera necesidades diferentes. Parte de los usuarios querrá conocer únicamente los datos esenciales; otros buscarán contexto, documentos, antecedentes o una explicación especializada. El formato también podría adaptarse al tiempo disponible, al dispositivo utilizado o al nivel de conocimiento del lector.
Según FT Strategies, esta flexibilidad podría mejorar la eficiencia de las redacciones y reducir el número de historias que pasan desapercibidas porque se publicaron en un formato inadecuado para parte de la audiencia.
La personalización también abriría nuevas posibilidades para desarrollar experiencias de mayor valor, reforzar la relación con los usuarios y crear productos diferenciados para suscriptores.
El periodista entregaría un núcleo de información
La implantación del contenido líquido supondría una modificación profunda de las rutinas editoriales. Los responsables de una redacción ya no encargarían siempre “un artículo de 600 palabras” o “un vídeo explicativo de tres minutos”. En su lugar, podrían pedir al periodista que construyera el núcleo informativo de una historia.
Ese núcleo incluiría hechos comprobados, citas, datos, fuentes, relaciones entre acontecimientos, contexto y materiales documentales. Posteriormente, los periodistas, los editores o los sistemas automáticos utilizarían esos componentes para elaborar productos concretos.
El cambio no eliminaría necesariamente los artículos escritos por personas. Una redacción podría seguir encargando a un periodista la versión definitiva de una investigación o una crónica. Sin embargo, antes de llegar a ese resultado, la información tendría que haber sido organizada de una forma más estructurada y reutilizable.
El modelo obligaría a diferenciar con mayor claridad el trabajo de obtención y verificación de la información del proceso de empaquetado y presentación.
Una transformación más cultural que tecnológica
FT Strategies considera que la principal dificultad no reside en desarrollar la tecnología, sino en cambiar la organización de las redacciones. El contenido líquido exige abandonar procesos centrados en los formatos heredados y orientar la producción hacia las necesidades concretas de los usuarios.
La consultora recuerda que un estudio realizado junto a WAN-IFRA concluyó que solo el 32% de las redacciones había conseguido alinear su estrategia empresarial con la cobertura editorial diaria. En un sistema basado en contenidos líquidos, esa falta de coordinación sería todavía más problemática.
Los responsables editoriales, de producto, tecnología y negocio tendrían que acordar qué componentes debe incluir cada historia, cómo se almacenan, quién puede modificarlos y qué reglas deben respetar los sistemas que los conviertan en productos finales.
Marcel Semmler, responsable global de producto de Bauer Media Group, sostiene que este modelo requiere replantear la colaboración entre las áreas editorial, comercial y de producto. La tecnología puede facilitar la transformación, pero el impulso debe proceder de la dirección.
El riesgo de perder el control editorial
El principal obstáculo es la supervisión. Una personalización verdaderamente individualizada podría generar miles de versiones de una misma historia. Resultaría imposible que un editor revisara manualmente cada resumen, audio, respuesta o visualización antes de mostrársela a un usuario.
Los medios tendrían que garantizar que los sistemas no modifican el sentido de las declaraciones, eliminan matices esenciales, mezclan datos incompatibles o presentan como hechos conclusiones que no aparecen en las fuentes originales.
También sería necesario definir qué elementos pueden adaptar los algoritmos y cuáles deben permanecer invariables. Una cifra, una cita textual o una atribución no deberían cambiar según el usuario, aunque sí podría hacerlo la extensión o el orden de la explicación.
El contenido líquido exigirá, por tanto, sistemas de trazabilidad, control de versiones, reglas editoriales automatizadas y mecanismos que permitan conocer qué información utilizó la IA para construir cada producto.
Nuevas formas de medir una noticia
La medición también se volverá más compleja. Actualmente, los medios evalúan el rendimiento de una pieza mediante indicadores como las páginas vistas, el tiempo de lectura, las reproducciones, la conversión a suscripción o la recurrencia.
Si una historia se presenta en numerosos formatos, ya no bastará con analizar el rendimiento de una URL o de un artículo concreto. Habrá que determinar qué combinaciones de contenido, duración y presentación funcionan mejor para cada tipo de usuario.
Una historia podría tener pocas lecturas en su formato tradicional, pero generar un alto consumo mediante audios personalizados, respuestas de asistentes de IA o visualizaciones interactivas. El éxito se mediría sobre el conjunto de usos derivados del núcleo informativo, no únicamente sobre la pieza publicada originalmente.
Retención, publicidad y licencias
FT Strategies identifica tres posibles vías de monetización. La primera es la retención. Al ofrecer la información en el formato preferido por cada usuario, los medios podrían incrementar el tiempo de uso, la frecuencia de acceso y el valor percibido de la suscripción.
La segunda es la publicidad dinámica. El conocimiento sobre cómo consume cada usuario permitiría adaptar no solo los contenidos, sino también los formatos comerciales. La personalización publicitaria podría evolucionar en paralelo a la personalización editorial, aunque esta posibilidad requerirá límites claros para evitar que los intereses comerciales condicionen la información.
La tercera vía es la concesión de licencias. Los núcleos de información estructurados podrían convertirse en un producto comercializable para empresas tecnológicas, plataformas, agentes de IA o sistemas especializados.
Los medios podrían ofrecer acceso mediante acuerdos de datos, licencias por volumen o sistemas de pago por consulta. En lugar de limitarse a vender artículos ya publicados, pasarían a comercializar conjuntos de información verificable, estructurada y actualizada.
Una infraestructura para buscadores y plataformas de IA
El contenido líquido también podría facilitar la adaptación a la optimización para buscadores y a la denominada optimización para motores generativos. La estructuración de los datos ayudaría a los sistemas automáticos a identificar hechos, entidades, respuestas y relaciones dentro de una información.
FT Strategies considera que los medios podrían presentar determinadas versiones de sus contenidos para facilitar su interpretación por buscadores, asistentes y agentes, mientras mantienen otras experiencias más narrativas o interactivas para sus lectores.
Esta capacidad permitiría modificar con mayor rapidez la forma en que se exponen los contenidos a medida que cambien las reglas de Google, ChatGPT, los resúmenes automáticos o los nuevos sistemas de búsqueda conversacional.
Sin embargo, una mayor accesibilidad técnica también podría facilitar que terceros extraigan y reutilicen la información. Los medios tendrán que equilibrar la visibilidad de sus contenidos con el control sobre su propiedad intelectual y su capacidad para obtener ingresos por el uso automatizado.
El producto final deja de ser el centro
La propuesta de FT Strategies no consiste simplemente en utilizar inteligencia artificial para producir más versiones de una noticia. Supone cambiar la unidad central del sistema editorial.
En el modelo tradicional, el valor se concentra en el producto terminado. En el contenido líquido, el activo principal sería la información estructurada, verificada y preparada para circular por distintos formatos y plataformas.
La transición puede prolongarse durante años y requerirá nuevos sistemas de gestión de contenidos, estándares comunes, procesos de verificación y perfiles profesionales. También obligará a revisar el papel de periodistas, editores, responsables de producto y desarrolladores.
La cuestión decisiva será quién controla la transformación de la información. Los medios pueden utilizar el contenido líquido para construir experiencias propias, personalizadas y monetizables, o permitir que sean las grandes plataformas de inteligencia artificial las que organicen sus contenidos y gestionen la relación con las audiencias.
FT Strategies plantea el contenido líquido como una posible infraestructura para que las empresas periodísticas mantengan esa capacidad de decisión. No garantiza por sí solo un modelo sostenible, pero puede determinar si los medios continúan creando productos cerrados para canales cada vez menos controlables o convierten su información en un activo adaptable que puedan distribuir, personalizar y comercializar bajo sus propias reglas.



