The Washington Post está desarrollando un sistema para permitir que escritores no profesionales envíen columnas de opinión con la asistencia de una inteligencia artificial llamada Ember.
Esta iniciativa forma parte de un proyecto más amplio del periódico, que busca ampliar su oferta de tribunas con aportaciones externas, incluyendo colaboraciones de autores de Substack, medios independientes y columnistas ocasionales.
De acuerdo con la información publicada por The New York Times y recogida por The Verge, Ember actuaría como una especie de asistente editorial digital capaz de automatizar diversas funciones habitualmente desempeñadas por editores humanos. Entre sus características se incluyen un medidor de “fuerza narrativa” para seguir el desarrollo del texto, una barra lateral que estructura el artículo en elementos como “tesis inicial”, “puntos de apoyo” y “final memorable”, y una guía interactiva con sugerencias y preguntas para orientar el proceso de escritura.
El proyecto, que lleva el nombre interno de Ripple, contempla que estas columnas estén disponibles gratuitamente tanto en la web como en la app del periódico, sin requerir suscripción. Está previsto que los primeros acuerdos de colaboración se formalicen durante el verano, mientras que la incorporación de Ember se plantea como parte de la fase final del plan, con pruebas previstas para otoño. Las piezas resultantes serían revisadas por editores humanos antes de su publicación y se distribuirían fuera de la sección tradicional de opinión del diario.
Este movimiento se enmarca en un contexto de transformación en el periódico propiedad de Jeff Bezos. Según el New York Times, el empresario habría intervenido recientemente en decisiones editoriales de alto nivel, como la cancelación del respaldo del diario a la candidatura presidencial de Kamala Harris, y ha comunicado a la plantilla que The Washington Post no publicará ya artículos de opinión que contradigan los principios de “libertad de expresión y de mercado”.
Ripple pretende atender a un público que busca una mayor diversidad de voces, más allá de las tribunas institucionales del periódico. La propuesta introduce así un modelo híbrido en el que la inteligencia artificial no sustituye a los editores, pero sí media entre la iniciativa ciudadana y el control editorial del medio.



