martes 7 de abril de 2026
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La brecha de las redacciones locales con la imagen: alta prioridad, baja inversión

La fotografía y el vídeo se han convertido en el eje de la relación entre medios y audiencias, no solo como acompañamiento estético, sino como la infraestructura que sostiene la confianza, refuerza la fidelidad y multiplica el alcance de las coberturas. El reto, sin embargo, sigue siendo cómo dotar de estructura, recursos y formación a esa apuesta visual. Así lo confirma el 2025 Local Visual Journalism Survey Report, elaborado por CatchLight Local y Prism Photo, que expone con datos las prioridades y las carencias que marcan hoy la gestión del periodismo visual.

La relevancia de las imágenes en el periodismo ya no admite discusión. Fotografía y vídeo son hoy, en gran parte, el lenguaje que articula la conexión entre medios y comunidades, un terreno donde se juega la confianza de las audiencias y la capacidad de retención de los lectores.

No se trata únicamente de atraer clics en redes sociales: los contenidos visuales marcan la diferencia en newsletters, fidelizan a públicos fragmentados y aportan profundidad a las coberturas cotidianas.

Este diagnóstico no es exclusivo de un mercado concreto. Lo visual se ha convertido en infraestructura editorial en cualquier geografía donde las redacciones locales necesitan competir con narrativas alternativas y mantener su función de servicio público. Y precisamente una investigación de CatchLight Local y Prism Photo —Inside the 2025 Local Visual Journalism Survey: What You Need to Know / 2025 Local Visual Journalism Survey Report— ofrece un mapa detallado de cómo se traduce este fenómeno en decisiones de gestión, qué carencias persisten y qué aprendizajes resultan extrapolables a redacciones de todo el mundo.

Los datos revelan una paradoja extendida: más del 80% de los responsables encuestados consideran las imágenes una prioridad alta o muy alta, pero casi dos tercios de las redacciones destinan menos del 10% de su presupuesto total a este ámbito. Aunque la mayoría ha mantenido o incluso incrementado el gasto en los últimos tres años, la inversión no siempre se traduce en equipos sólidos. Solo un tercio de las redacciones cuenta con un fotógrafo de plantilla y otro tercio con un editor o responsable visual a tiempo completo.

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Esta debilidad estructural obliga a que la producción recaiga en reporteros que asumen la cámara como tarea añadida, lo que limita tanto la cobertura de urgencia como el desarrollo de proyectos narrativos propios. El informe constata además que tres de cada diez redacciones han perdido personal visual en el último lustro y que casi la mitad de quienes toman decisiones carecen de formación específica en el área.

Competencias, formación y ética visual

Más allá de los recursos económicos, la carencia más citada por las redacciones es la falta de habilidades y capacitación. Más del 50% de los encuestados identifica la formación como el gran desafío pendiente y más de la mitad declara su intención de contratar un fotoperiodista a tiempo completo en los próximos tres años. La demanda no se limita a técnica: se requiere también formación ética y narrativa, especialmente en un contexto donde la irrupción de la inteligencia artificial generativa suscita debates sobre autenticidad y confianza.

En contra de usar la IA fotorrealista

Las redacciones consultadas rechazan de manera mayoritaria el uso de IA fotorrealista en sus flujos de trabajo y defienden la necesidad de reforzar estándares que protejan la credibilidad. El concepto de “visuales éticos” se repite como un imperativo editorial en un entorno de saturación informativa.

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Otro hallazgo clave es la gestión de activos visuales. La mayoría de redacciones depende de herramientas generalistas como Google Drive, y cuatro de cada diez identifican el archivo y la buscabilidad como un cuello de botella que limita la reutilización y la velocidad de respuesta. La profesionalización del archivo emerge así como un paso crítico para maximizar la vida útil de los contenidos visuales y para liberar recursos en la cobertura diaria.

El estudio aporta una agenda aplicable a redacciones de cualquier tamaño y geografía:

  • Alinear el presupuesto con la importancia declarada de lo visual.
  • Estabilizar equipos con al menos un editor o fotógrafo de plantilla que marque la diferencia en proyectos propios.
  • Integrar la planificación visual desde el inicio de la cobertura, no como añadido posterior.
  • Medir impacto con indicadores relevantes —apertura de newsletters, engagement sostenido, retorno de lectores— más allá del clic inmediato.
  • Reforzar programas de formación y mentorización, también en niveles directivos.
  • Profesionalizar el archivo como infraestructura editorial.
  • Proteger estándares éticos frente a la presión tecnológica.

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