El proceso tradicional de producción periodística, que comienza con la selección de una noticia y termina con su distribución, está siendo sustituido por otro modelo entre algunos de los productores informativos que mejor conectan con las nuevas generaciones. En lugar de elaborar primero el contenido y decidir después cómo difundirlo, estos medios parten del canal, el formato y las necesidades de la audiencia para determinar qué historias contar y cómo desarrollarlas. La distribución deja así de ser la última fase del trabajo periodístico para convertirse en una decisión que condiciona desde el principio la producción informativa.
Esta es una de las principales conclusiones de Next Gen News 2, una investigación elaborada por FT Strategies, la consultora del Financial Times, y el Knight Lab de la Universidad Northwestern, con el apoyo de Google News Initiative. El estudio analiza cómo se informan las generaciones más jóvenes y qué cambios deberían introducir los medios para responder a unos hábitos de consumo que, según sus autores, anticipan buena parte del comportamiento de las audiencias en 2030.
La investigación combina una encuesta realizada por YouGov a 5.000 personas de Brasil, India, Nigeria, Reino Unido y Estados Unidos, un seguimiento cualitativo de los hábitos informativos de 84 jóvenes de entre 18 y 28 años y entrevistas con 19 productores de noticias de diferentes países. Sus resultados cuestionan algunas ideas extendidas sobre la falta de interés de los jóvenes por la actualidad y plantean cambios en la organización de las redacciones, los formatos periodísticos, la inversión tecnológica y las estrategias de relación con los lectores.
Uno de los hallazgos más relevantes es que los jóvenes no han perdido el interés por las noticias, sino que están desarrollando mecanismos para seleccionar cuáles merecen su atención. El 55% de los menores de 25 años consultados accede a información periodística al menos una vez al día, mientras que más del 65% afirma que, cuando un asunto le interesa, prefiere una información en profundidad antes que un resumen. Al mismo tiempo, cerca del 54% considera que mantenerse informado no debería exigir demasiado tiempo.
La contradicción es solo aparente. Los investigadores explican que los jóvenes intentan reducir la exposición a un flujo informativo que consideran inabarcable, pero están dispuestos a dedicar mucho tiempo a las historias que responden a sus intereses. Para conseguirlo, seleccionan fuentes, modifican sus preferencias en las plataformas, desactivan notificaciones o abandonan aplicaciones. También son conscientes de cómo los algoritmos influyen en la información que reciben y actúan deliberadamente para modificar sus recomendaciones.
El informe identifica un cambio adicional en la propia definición de noticia. Para las audiencias jóvenes, la información relevante no se limita a los acontecimientos políticos, económicos o institucionales. También incluye asuntos que afectan directamente a su vida cotidiana, contenidos sobre intereses personales, historias humanas y cuestiones que generan conversación social. Esta ampliación hace que los medios compitan por la atención con una variedad mucho mayor de productores de contenidos.
De las secciones tradicionales a equipos organizados por canales
Ante estos comportamientos, los investigadores proponen revisar la secuencia habitual del trabajo periodístico. El modelo tradicional —idea, investigación, redacción, edición, publicación y distribución— está dando paso, entre algunos productores emergentes, a otro que comienza por la distribución, continúa con la selección de la historia y la experimentación con el formato, y termina con la publicación y la participación de la comunidad.
La principal consecuencia organizativa es que las redacciones deberían dejar de considerar las redes sociales, los pódcast, los vídeos o los boletines como simples destinos de contenidos elaborados previamente. El estudio propone desarrollar productos periodísticos específicamente concebidos para cada canal, con responsables, equipos, objetivos y procedimientos de trabajo propios.
En lugar de depender exclusivamente de estructuras organizadas alrededor de secciones como Política, Economía o Deportes, plantea la creación de pequeños equipos multidisciplinares especializados en canales o productos informativos. Estos grupos integrarían periodistas, creadores, editores, especialistas audiovisuales y profesionales de producto y análisis de audiencias. Cada equipo dispondría de autonomía para experimentar con formatos, evaluar resultados y adaptar su producción a las características de su público.
El informe recoge ejemplos de organizaciones que ya trabajan con este planteamiento. Morning Brew desarrolla programas con identidades diferenciadas y formatos recurrentes, mientras que Local News International, el proyecto vinculado al creador Dave Jorgenson, utiliza estructuras narrativas específicamente diseñadas para el vídeo social. Otros casos, como los explicadores visuales de El Surtidor en Instagram o los resúmenes de actualidad de HugoDécrypte en YouTube, muestran cómo un formato reconocible puede convertirse en el elemento alrededor del cual se organiza una propuesta informativa.
Los autores también cuestionan que la pirámide invertida deba seguir siendo la estructura predominante en todos los formatos. Sin negar su utilidad para determinadas noticias, observan que algunos productores utilizan narrativas construidas alrededor de problemas, preguntas, hipótesis o ideas equivocadas que deben corregirse. Estas fórmulas buscan acompañar al público durante el proceso de comprensión, en lugar de limitarse a presentar los hechos por orden decreciente de importancia.
Dedicar más recursos a la distribución y menos a la producción repetitiva
La transformación también exige cambios presupuestarios. El estudio recuerda que, durante gran parte del siglo XX, las empresas periodísticas destinaron importantes recursos a las imprentas, el transporte y las redes de distribución. Sin embargo, la reducción de estos costes no siempre se ha traducido en inversiones equivalentes en productos digitales, capacidades tecnológicas o nuevas formas de llegar a las audiencias.
Los investigadores recomiendan que los medios inviertan de manera sostenida en capacidades de distribución y relaciones directas con sus lectores, en lugar de depender de los cambios de los algoritmos de cada plataforma. Las redes sociales deberían servir principalmente para descubrir nuevas audiencias y atraerlas hacia productos propios, como aplicaciones, páginas web o boletines informativos.
La propuesta alcanza al trabajo individual de los periodistas. El informe plantea, como orientación, que puedan dedicar entre el 30% y el 40% de su tiempo a desarrollar formas de hacer llegar sus historias a las audiencias. Esto incluye colaborar en la producción de vídeos, preparar versiones sonoras de los artículos o participar en la adaptación de investigaciones a distintos formatos. Los autores reconocen que esta redistribución puede reducir el número de noticias publicadas, pero consideran que no tiene por qué disminuir la interacción con los contenidos.
Como argumento adicional, el documento incorpora datos del News Sustainability Study, basado en unas 700 empresas informativas de todo el mundo. La comparación muestra que los medios clasificados como más sostenibles destinan una proporción superior de sus costes a producto y tecnología. Entre los grupos regionales analizados, esa partida representa el 26% de los costes en los más sostenibles, frente al 18% en los menos sostenibles. La diferencia también aparece entre los medios digitales que compiten en mercados nacionales, con un 25% frente a un 17%. Se trata de una asociación observada en el estudio, no de una demostración de que el aumento de la inversión tecnológica produzca por sí solo una mayor rentabilidad.
Siete formas de relacionarse con las noticias
Otra de las aportaciones de Next Gen News 2 es una ampliación del modelo que sus autores habían desarrollado en su primera investigación. El nuevo marco identifica siete modalidades de relación con la información, diferenciando entre descubrimiento, consumo y participación social.
En la fase de descubrimiento aparecen tres comportamientos: encontrar noticias incidentalmente mientras se navega por una plataforma, buscarlas deliberadamente y recibirlas mediante suscripciones o notificaciones. Cuando una información despierta suficiente interés, el usuario puede pasar a otras tres modalidades: verificar los hechos, profundizar en un asunto para adquirir conocimientos o contrastar perspectivas para formar una opinión. La séptima modalidad es la socialización, entendida como una actividad bidireccional en la que las personas comparten noticias y también atribuyen un valor especial a las que reciben de familiares, amigos y otros contactos.
Esta clasificación lleva a los autores a sostener que los medios no deberían diseñar todos sus contenidos con el mismo objetivo de consumo. Una persona que recibe una notificación puede limitarse a leer el titular y considerar satisfecha su necesidad informativa. Otra que busca activamente una explicación puede estar dispuesta a dedicar una hora a un vídeo o a un pódcast. Y quien intenta comprobar una afirmación necesita pruebas, fuentes y datos accesibles con rapidez.
Para responder a estas necesidades, el estudio destaca soluciones como la personalización de temas y autores de The Verge, las notificaciones configurables de The Guardian o la utilización de inteligencia artificial para consultar archivos periodísticos, como ocurre con Ask FT. También menciona el modelo de Inshorts, que permite acceder a resúmenes de 60 palabras y ampliar después la información, y la aplicación Particle, que ofrece distintas formas de presentar una misma noticia mediante IA.
Las recomendaciones incluyen reducir las interrupciones innecesarias, permitir que el lector configure sus intereses, desarrollar boletines que puedan completarse en pocos minutos y ofrecer recorridos hacia contenidos más extensos. En los formatos de vídeo breve, los investigadores subrayan la importancia de explicar durante los primeros dos segundos de qué trata una historia y por qué puede resultar relevante.
La inteligencia artificial avanza, pero las noticias humanas mantienen su valor
La investigación también examina la incorporación de la inteligencia artificial a los hábitos informativos. Los resultados muestran diferencias importantes entre mercados. En Nigeria, aproximadamente el 40% de los menores de 25 años afirma obtener noticias frecuentemente mediante herramientas de IA, mientras que en Estados Unidos y Reino Unido el uso frecuente es mucho menor.
Los participantes que utilizan asistentes como ChatGPT, Gemini o Perplexity valoran especialmente su capacidad para resumir acontecimientos, explicar asuntos complejos y responder preguntas. Sin embargo, varios de los jóvenes entrevistados explican que comprueban posteriormente las respuestas mediante búsquedas y consultas a otras fuentes.
Pese a la expansión de estas herramientas, la mayoría de los jóvenes encuestados en los cinco países sigue atribuyendo más valor a las noticias elaboradas por personas que a los contenidos generados por inteligencia artificial. El estudio observa además una diferencia entre la atención y la confianza: aunque los creadores independientes consiguen establecer relaciones de proximidad con sus seguidores, las organizaciones periodísticas tradicionales continúan siendo referencias importantes cuando los usuarios necesitan verificar hechos.
Esta distinción abre una oportunidad para los medios consolidados, pero también señala sus debilidades. Según los investigadores, las organizaciones tradicionales suelen conservar una reputación de credibilidad, mientras que los productores emergentes destacan por su capacidad para generar afinidad, mostrar su personalidad y hacer transparentes sus motivaciones. Muchos jóvenes recurren a los primeros para confirmar información y a los segundos para comprenderla, interpretarla o discutirla.
El informe concluye que la capacidad de conectar con las audiencias debe dejar de considerarse una consecuencia automática de publicar buen periodismo y pasar a formar parte de las competencias centrales de una organización informativa. Para ello propone combinar la credibilidad y los estándares profesionales de las redacciones con nuevas capacidades de producto, distribución, experimentación y participación.
Más que anticipar la desaparición de los formatos tradicionales, la investigación plantea un cambio en la manera de decidir qué producir, cómo organizar los recursos y qué relación establecer con los lectores. Sus conclusiones proceden de cinco mercados con realidades informativas diferentes y no pueden trasladarse automáticamente a todos los países, pero ofrecen un conjunto de comportamientos y prácticas con los que evaluar las estrategias que los medios están desarrollando para las audiencias de 2030.



