La propagación de noticias falsas y la manipulación de la información centraron parte del debate en el X Congreso Internacional de la Lengua Española,celebrado recientemente. En la mesa titulada “Noticias falseadas. El poder de la mentira”, el director del Instituto Cervantes, Luis García Montero, y la periodista de RTVE, Pepa Bueno, alertaron sobre lo que calificaron como una “pandemia de fake news” que amenaza la credibilidad del periodismo y la calidad democrática.
García Montero señaló que el auge de los bulos responde a “una nueva manera de comunicarse que transforma la relación con la verdad”. El poeta y filólogo español insistió en que el periodismo debe mantener su compromiso con la información veraz frente a los intereses económicos y políticos que condicionan la comunicación pública. “Entre las redes sociales y los medios controlados por grandes fortunas, los periodistas lo tienen muy difícil. Si uno trabaja en un estercolero, o produce estiércol o se queda fuera de juego”, afirmó durante su intervención.
El director del Cervantes advirtió además sobre el riesgo de resignarse ante la manipulación informativa: “Tirar la toalla significa aceptar las injusticias y contribuir a la mentira. No podemos permitir que la prisa y la impunidad transformen la verdad en un producto desechable”.
Por su parte, Pepa Bueno recordó que la mentira ha sido una constante histórica, pero subrayó que en la era digital ha adquirido una capacidad inédita para difundirse a escala global. Identificó el año 2016 como un punto de inflexión, marcado por el Brexit, el referéndum de paz en Colombia y la elección de Donald Trump en Estados Unidos, tres acontecimientos que evidenciaron la influencia de la desinformación en la opinión pública. Para contrarrestarla, propuso tres compromisos: “transparencia profesional, transparencia editorial y transparencia financiera”.
En la misma sesión, Juan Aurelio Arévalo Miró-Quesada, director del diario El Comercio de Perú, advirtió que parte del público ya no busca estar informado, sino reafirmado en sus creencias. “El buen periodismo dice la verdad, aunque incomode, pero muchos prefieren medios que les confirmen lo que piensan. Ese cortocircuito erosiona la democracia”, señaló.


