Trabajaba en artículo académico sobre inteligencia artificial cuando, allá por 2019, a mitad del libro El director, de David Jiménez, tropecé con esta frase: «—¡Qué ganas tengo de que pase la puta moda de internet!». El cómico exabrupto lo lanzó, según el exdirector de El Mundo, un redactor jefe del diario en 2015. Al leer aquello, pensé de inmediato en la inteligencia artificial (IA). Años más tarde, en efecto, un periodista al que había entregado un cuestionario sobre IAG me comentó: «¡Qué ganas tengo de que acabe de una maldita vez esta moda de la IA…!».
Nuestro equipo comenzó a investigar la relación entre inteligencia artificial y periodismo en 2019-2020. En un primer estudio de la producción académica sobre esta cuestión (publicado en 2021) advertimos que en los artículos de investigación revisados hasta esa fecha las visiones sobre a la IA en periodismo eran positivas o neutrales. Apenas había artículos que expresaran una visión negativa hacia las nuevas tecnologías. Y eso chocaba bastante con nuestra percepción personal —en gran medida intuitiva— sobre lo que realmente sucedía en los medios de comunicación. Al menos, en España.
En 2023 realizamos una encuesta amplia a la que respondieron los responsables del desarrollo de la IA de medios españoles. En 2024 hicimos algo similar entre periodistas de base, periodistas sin especial implicación con la gestión o implantación de la IA. La visión de la redacción era, como sospechábamos, mucho más crítica con ella. Por eso en este nuevo trabajo sobre inteligencia artificial generativa (IAG) publicado en 2025 nos centramos en el colectivo de periodistas.
Elaboramos un cuestionario que fue respondido por 358 periodistas. Nos ayudaron 81 colectivos (asociaciones, colegios profesionales y sindicatos). Sorprende, para empezar, el acuerdo en torno a la importancia de la IAG: casi el 80 % de los periodistas cree que cambiará la naturaleza de la profesión. No es una moda ni una fiebre pasajera. También sorprende que casi el 45 % de los encuestados confiese que su conocimiento de la IAG es «bajo» o «muy bajo» (lo considera «alto» o «muy alto» menos del 18 %).
La IAG tiene ya un uso amplio, aunque desigual y todavía con un notable margen de crecimiento. La mitad de los periodistas encuestados asegura que en sus medios no se recurre a la IAG. En cambio, dicen que sí se utiliza cuatro de cada diez. ¿En qué o para qué se emplea? Fundamentalmente, para transcribir entrevistas, como traductor o para generar ideas. También para mejorar un texto o para generar un primer borrador. Es curioso que esos usos también susciten los recelos o directamente la oposición de una buena parte de los periodistas. Por ejemplo: considera «inadmisible» recurrir a la IAG para generar un primer borrador de texto la mitad de los periodistas.
¿Y qué aporta la IAG al periodismo según los periodistas? ¿Qué tiene de valor y qué de peligro? Aporta ideas, contenidos, conocimiento. Y también —dicen los periodistas— ahorran tiempo. En el otro lado de la balanza, los periodistas entienden que la IAG no es fiable porque de vez en cuando —especialmente cuando no dispone de respuestas claras— deforma, inventa o miente. Y eso es un problema gravísimo. Además, los periodistas señalan otros inconvenientes importantes: la IAG despersonaliza, reproduce sesgos y plantea desajustes éticos. Por otro lado, casi la mitad de los profesionales considera que la calidad de las piezas generadas con IA es baja o muy baja.
También la mitad de los periodistas consultados asegura que ha conseguido herramientas de IAG por iniciativa personal. Solo el 35 % señala que se encarga de ello su empresa. En las redacciones españolas predomina el uso de IAG individual, pero sin hacerlo visible (la uso, pero no digo que la uso). Las otras actitudes más extendidas son la pasividad, el miedo y el rechazo.
Destacamos, por último, dos datos: en siete de cada diez medios de comunicación, según los periodistas, la empresa no ha ofrecido a sus trabajadores formación específica sobre la IAG; y seis de cada diez profesionales afirman que no ha habido diálogo entre empresas y trabajadores para desarrollar o implantar la IAG.
Estos dos últimos datos nos parecen fundamentales para entender el rechazo de la IAG entre los y las periodistas. Ya es inútil pretender ignorar la irrupción de la IAG periodística. Como ocurrió con internet o con las redes sociales, no se trata de una simple moda. Pero si el objetivo de los medios de comunicación es implantar la IAG en una redacción de manera eficaz, si el objetivo es desarrollarla (no imponerla), lo mejor es ofrecer formación, dialogar con los periodistas, elaborar un plan que permita debatir para qué usarla —también por qué y con qué limites— y abordar abiertamente con los profesionales cuestiones éticas o deontológicas esenciales.
*Javier Mayoral forma parte de IBERPERIA, la Red Iberoamericana de Investigación en Periodismo e Inteligencia Artificial.



