Muchos periódicos digitales ofrecen el acceso a su archivo histórico como un valor añadido para las suscripciones. Pagando la suscripción premium, se puede consultar el histórico del periódico. Pero se quedan ahí. Otros, aprovechan la hemeroteca para publicar datos de efemérides destacadas, enlazando en algunos casos con las noticias originales. Pero también se quedan ahí.

El medio estadounidense The Atlantic ha ido un paso más allá y aparte de incluir también estas dos opciones entre las que ofrecen a sus suscriptores, ha creado un equipo dedicado para recuperar a escritores famosos que colaboraron con The Atlantic y permitir que los suscriptores los conozcan más. Se han contratado a escritores contemporáneos para que escriban ensayos sobre los escritores antiguos más destacados que estuvieron vinculados a The Atlantic, rastreando su paso por la hemeroteca digital.

«Para ayudar a nuestros lectores a comenzar a explorar los millones de palabras que acabamos de subir a la web -explica Jeffrey Goldberg, editor jefe- estamos lanzando un proyecto especial que destaca a 25 escritores de nuestro pasado, con ensayos escritos por escritores atlánticos [en referencia a la revista] contemporáneos».

Entre estos escritores destacados que The Atlantic recuperará de su archivo para darlos a conocer más a los suscriptores figuran algunos muy populares también fuera de Estados Unidos, como Henry David Thoreau o Raymond Chandler, así como Frederick DouglassHelen Keller, Harriet Beecher Stowe, y John Muir. Aunque el proyecto inicial es el de redescubrir para sus lectores a 25 escritores populares rastreando en la hemeroteca, la idea es «seguir sumando nuevos escritores, porque el banco atlántico tiene una profundidad infinita».

Los suscriptores tendrán acceso completo a todas las obras, incluidas las primeras obras de autores como Robert Frost, Ernest Hemingway, Louisa May Alcott, Sylvia Plath y James Baldwin, que se irán destacando también en artículos actuales, tomando como referencia la hemeroteca, una forma no sólo de aprovecharla, sino de incitar a los suscriptores para que buceen también en ella.

En total, The Atlantic ha puesto los 138 años que no podían verse a disposición de los suscriptores. Solo el 6% del contenido se había publicado en línea, y la mayor parte del registro existía en copias físicas. 

Son cerca de 30.000 artículos, reseñas, cuentos y poemas, publicados entre la fundación de The Atlantic en 1857 y 1995, el año en que se lanzó el sitio web.

«Una de mis grandes alegrías como periodista en The Atlantic es explorar en nuestro archivo físico», señala Goldberg. «Y ha sido una frustración particular mía no poder compartir la alegría con nuestros lectores». 

Desde racistas hasta antisemitas, «todo está aquí, lo bueno y lo malo»

El editor en jefe recuerda que abrir una hemeroteca implica que habrá de todo: «Prosa luminosa, límpida y polifónica, pero también prosa opaca e ininteligible, junto con un buen número de escritores que merecen su oscuridad. Todo está aquí: lo bueno, lo malo, lo brillante, lo ofensivo, lo ridículo. Sabíamos desde el principio que no íbamos a censurar ni recortar nada. Hay en los archivos simpatizantes de la eugenesia y personas que hoy serían correctamente llamadas racistas y misóginas, imperialistas y antisemitas. Como periodistas, sentimos que era importante compartir nuestros archivos en su totalidad, por razones de transparencia y precisión histórica».

The Atlantic ha logrado también encontrar un patrocinador para el lanzamiento de la hemeroteca digital, Ancestry, una empresa de servicios de genealogía online.

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