viernes 3 de abril de 2026
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TikTok concentra los niveles más altos de desinformación sobre salud mental, con tasas que superan el 50% en algunos contenidos

El volumen de contenidos sobre salud mental difundidos en redes sociales presenta altos niveles de inexactitud, con especial incidencia en TikTok, donde más de la mitad de las publicaciones analizadas sobre trastornos como el TDAH o el autismo contienen información engañosa o sin base científica, según recoge un estudio reciente que ha examinado miles de contenidos en distintas plataformas digitales y que advierte del impacto que este fenómeno puede tener en jóvenes que utilizan estas redes como fuente principal de información y autodiagnóstico.

El análisis se basa en la revisión de 27 estudios previos que evaluaban la precisión de publicaciones relacionadas con salud mental y neurodivergencia en plataformas como TikTok, YouTube, Facebook, Instagram y X. En conjunto, se estudiaron cerca de 5.000 contenidos sobre trastornos como autismo, TDAH, esquizofrenia, trastorno bipolar, depresión, ansiedad, fobias, trastornos de la conducta alimentaria y trastorno obsesivo compulsivo. Los resultados indican que hasta un 56% de estos contenidos eran inexactos o carecían de fundamento, con una mayor concentración de desinformación en temas vinculados a la neurodivergencia, recoge Euronews.

TikTok aparece como la plataforma con mayor prevalencia de contenidos engañosos, con un 52% de desinformación en vídeos sobre TDAH y un 41% en los relacionados con autismo. En comparación, YouTube presenta una media del 22%, mientras que Facebook se sitúa por debajo del 15%. La variabilidad también depende del tema analizado, con casos extremos que van desde la ausencia de desinformación en ciertos contenidos infantiles sobre ansiedad y depresión hasta cifras cercanas al 57% en vídeos sobre claustrofobia en pruebas médicas.

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Los investigadores señalan que el formato visual y el alto nivel de viralidad de estos contenidos favorecen la difusión de mensajes incorrectos, especialmente cuando no existen fuentes accesibles y verificadas para contrastar la información. Eleanor Chatburn, coautora del estudio en la Universidad de East Anglia, ha explicado que la facilidad con la que los vídeos atractivos se propagan contribuye a amplificar contenidos que no siempre son precisos.

El estudio también pone el foco en el perfil de los usuarios que consumen este tipo de información. Una parte relevante corresponde a adolescentes y jóvenes, un grupo en el que uno de cada siete presenta algún trastorno mental, según datos de la Organización Mundial de la Salud. En este contexto, las redes sociales se han convertido en una vía habitual para intentar interpretar síntomas y buscar posibles diagnósticos.

Los autores advierten de que, aunque este interés puede servir como punto de partida, debe derivar en una evaluación clínica profesional. El consumo de información inexacta puede llevar a interpretar como patológicas conductas habituales o a reforzar ideas erróneas sobre trastornos complejos. Además, la difusión de información incorrecta puede contribuir a aumentar el estigma y reducir la probabilidad de que las personas busquen ayuda cuando la necesitan.

El informe también alerta de los riesgos asociados a los consejos sobre tratamientos no respaldados por evidencia científica, que pueden retrasar el acceso a atención adecuada y afectar negativamente a la evolución de los trastornos.

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