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Martin Baron advierte de que los ataques a la prensa buscan acabar con la libertad de expresión de toda la sociedad

El deterioro de la libertad de prensa, el avance de los movimientos autoritarios y la pérdida de confianza de los ciudadanos en los medios de comunicación amenazan el futuro del periodismo independiente. Martin Baron, exdirector de The Washington Post y The Boston Globe, ha advertido este lunes en Bilbao de que los ataques contra los periodistas forman parte de una ofensiva mucho más amplia contra las libertades democráticas. «Debilitar a la prensa es solo un medio para un objetivo más amplio, acabar con la libertad de expresión de todos», ha señalado durante su intervención en la novena edición del Foro Gran Vía, celebrada en la Sala BBK ante unos 300 asistentes.

El periodista estadounidense, bajo cuya dirección las redacciones en las que trabajó obtuvieron 18 premios Pulitzer, ha presentado uno de los diagnósticos más preocupantes sobre la situación actual de la profesión. Según ha recordado, la puntuación media mundial de libertad de prensa ha descendido en 2026 hasta su nivel más bajo de los últimos 25 años, de acuerdo con la clasificación que elabora Reporteros Sin Fronteras (RSF).

Estados Unidos, que durante décadas se ha considerado un referente en la protección constitucional de la prensa, ocupa actualmente el puesto 64 de esa clasificación. «Me gustaría decirles que mi país se mantiene como un bastión de la libertad de prensa. Por desgracia, no puedo hacerlo», ha afirmado Baron, que acumula medio siglo de experiencia profesional.

Su advertencia coincide con el deterioro registrado en España por la Clasificación Mundial de la Libertad de Prensa 2026, que sitúa al país en la posición 29, seis puestos por debajo de la alcanzada el año anterior.

Trump y la estrategia de deslegitimación de los periodistas

Baron ha dedicado una parte importante de su intervención a analizar la relación de Donald Trump con los medios estadounidenses. A su juicio, las actuaciones de su Administración no responden únicamente a conflictos políticos con determinadas cabeceras, sino a una estrategia para desacreditar al periodismo como institución independiente.

El exdirector de The Washington Post ha recordado las demandas emprendidas por Trump contra medios como The New York Times, The Wall Street Journal y la BBC, las restricciones de acceso impuestas a Associated Press y las limitaciones establecidas para los periodistas que cubren la actividad del Pentágono.

También ha cuestionado que se facilite el acceso a determinados creadores de contenido afines al movimiento MAGA, a los que considera propagandistas, mientras se dificulta el trabajo de medios profesionales.

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«Su objetivo no es simplemente menospreciar a la prensa o deslegitimarla. Su objetivo es deshumanizarla», ha asegurado al referirse a los ataques del presidente estadounidense contra los periodistas.

Baron ha expresado incluso su convencimiento de que Trump desearía encarcelar a profesionales críticos con su Administración. Como antecedente, ha recordado las declaraciones realizadas por el dirigente republicano en 2022 sobre la posibilidad de encarcelar a reporteros para obligarlos a revelar sus fuentes en investigaciones relacionadas con la seguridad nacional.

La preocupación de Baron no se limita a Estados Unidos, sino que alcanza a Europa y América Latina, donde observa el crecimiento de movimientos que utilizan los mecanismos democráticos para debilitar las instituciones encargadas de controlar el poder. En su interpretación, el ataque a la prensa forma parte del mismo proceso que pretende desacreditar a los tribunales, a la comunidad científica y a otros organismos independientes.

Recuperar la confianza exige demostrar cómo se hace periodismo

El diagnóstico de Baron también incluye una crítica a la propia profesión. El periodista considera que parte de los problemas de credibilidad de los medios están relacionados con el abandono de algunos principios tradicionales del oficio.

Ha lamentado que demasiados periodistas hayan dejado de considerarse observadores independientes de los hechos para actuar como defensores de determinadas causas políticas o sociales. Frente a esa tendencia, ha reclamado recuperar la independencia editorial, escuchar más de lo que se habla y «valorar la curiosidad por encima de la certeza».

Sin embargo, su principal propuesta para reconstruir la relación entre medios y ciudadanos pasa por modificar la manera en que las redacciones acreditan la veracidad de sus informaciones.

Los medios deben dejar de pedir a los lectores que simplemente confíen en ellos y facilitarles las pruebas necesarias para que puedan comprobar por sí mismos cómo se ha elaborado cada noticia.

Baron ha resumido esta filosofía en una expresión: «Mostrar, no solo contar».

En la práctica, propone publicar las grabaciones completas de audio y vídeo de los acontecimientos, ofrecer enlaces directos a las fuentes utilizadas, destacar los fragmentos relevantes de los documentos judiciales y proporcionar evidencias que permitan reconstruir el proceso de verificación periodística.

«Que comprueben nuestro trabajo», ha planteado.

Esta propuesta da continuidad a las ideas que el propio Baron había desarrollado anteriormente. En febrero de 2024, el Laboratorio de Periodismo ya recogió su llamamiento a que los periodistas demostraran la veracidad de sus noticias mediante pruebas concretas, especialmente ante la proliferación de herramientas capaces de fabricar información falsa.

La inteligencia artificial aumenta el riesgo de falsificaciones difíciles de detectar

La inteligencia artificial generativa ha ocupado otro de los apartados centrales de su intervención en Bilbao. Baron ha alertado de que las nuevas herramientas permiten producir imágenes, audios y vídeos falsificados con un nivel de realismo que dificulta progresivamente su identificación.

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«Las falsificaciones, especialmente de imágenes y audios, serán cada vez más frecuentes, más peligrosas y más difíciles de detectar y desmentir», ha advertido.

El problema se agrava, según ha explicado, por la confianza que muchos ciudadanos depositan en las respuestas proporcionadas por los sistemas de inteligencia artificial, sin comprobar necesariamente su procedencia o exactitud.

«El público deposita una confianza excesiva en la exactitud de la información que proporciona la inteligencia artificial», ha señalado.

Para hacer frente a estos riesgos, el periodista ha defendido el fortalecimiento de las capacidades técnicas de las redacciones, la colaboración con expertos independientes y una mayor inversión en periodismo de investigación.

Su posición no implica rechazar la tecnología. Baron ya había defendido en una intervención organizada por WAN-IFRA en 2024 que la inteligencia artificial puede mejorar el trabajo de los periodistas siempre que se mantengan los estándares éticos y la verificación humana.

Un periodismo que debe adaptarse sin renunciar a sus principios

El exdirector de The Washington Post también ha abordado la transformación de los hábitos de consumo informativo y la pérdida de influencia de los medios tradicionales. Las audiencias están cada vez más fragmentadas, las teorías conspirativas encuentran nuevos canales de distribución y una parte de los ciudadanos se inclina por informaciones que confirman sus creencias en lugar de buscar hechos contrastados.

Baron considera que esta evolución obliga a los medios a revisar sus formatos, incorporar nuevas formas de narración y aprender a conectar con las generaciones más jóvenes. La adaptación, sin embargo, no debe suponer el abandono de los principios profesionales que distinguen al periodismo de otras actividades de comunicación.

Durante su intervención también ha reivindicado el papel de las redacciones que mantienen su independencia frente a las presiones políticas y económicas, y ha citado el trabajo de periodistas húngaros que han investigado casos de corrupción pese a las dificultades impuestas a la prensa.

Frente a quienes consideran que el oficio atraviesa una crisis terminal, Baron ha rechazado esa interpretación: «El ámbito del periodismo está experimentando una transformación, no está muriendo».

Para afrontar esa transformación, ha defendido la necesidad de contar con periodistas con «alma y columna vertebral»: profesionales conscientes de la función pública de su trabajo y dispuestos a mantener sus principios incluso ante las presiones del poder.

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