El ecosistema informativo digital multiplica las fuentes, difumina las fronteras entre profesionales y creadores y mantiene abierto el debate sobre qué significa hoy ser periodista, al tiempo que tensiona la confianza del público y reordena los hábitos de consumo.
La población declara que quiere información rigurosa y a la vez convive con formatos nuevos —boletines, pódcast, redes sociales— que compiten con los medios tradicionales por tiempo y credibilidad; la etiqueta “periodista” no se aplica de forma uniforme a quienes participan en ese circuito y la evaluación de su trabajo presenta fuertes diferencias por edad y por afinidad política. Estas son algunas de las principales conclusiones del último retrato sobre la profesión de periodista en Estados Unidos, elaborado con una muestra representativa de adultos del país, según un estudio de Pew Research.
La encuesta, realizada entre el 14 y el 20 de abril de 2025 a 9.397 adultos, sitúa en el 59% a quienes consideran que los periodistas son “muy” o “extremadamente” importantes para el bienestar de la sociedad, pero también constata que el 49% percibe que están perdiendo influencia y que el 45% declara mucha o bastante confianza en que actúen en el interés público.
Entre los rasgos que la ciudadanía exige a sus proveedores de noticias, sobresalen la honestidad (93%), la inteligencia (89%) y la “autenticidad” entendida de manera diversa (82%), y en las funciones diarias se prioriza “informar con precisión” (84%) y “corregir afirmaciones falsas de cargos públicos” (64%).
La definición de quién es periodista se asocia con mayor claridad a los formatos tradicionales. El 79% considera periodistas a quienes escriben en periódicos o webs de noticias, el 65% a quienes informan o presentan en televisión y el 59% en radio, mientras que los porcentajes bajan en medios nuevos: 46% para quienes conducen pódcast informativos, 40% para autores de newsletters y 26% para quienes publican sobre noticias en redes sociales.
Por tipo de contenido, el 59% aplica la etiqueta a quienes realizan “reporteo propio” frente al 36% que lo hace con quienes compilan trabajo ajeno y el 28% con quienes ofrecen opinión. Las brechas generacionales son amplias: los jóvenes son más proclives a incluir a creadores de “nuevos medios” dentro del periodismo.
Las expectativas normativas sobre cómo actuar también son claras en varios puntos. Tres de cada cuatro encuestados (75%) sostienen que, al cubrir un tema, “todas las partes merecen siempre cobertura equilibrada” y un 82% afirma que, ante falsedades de figuras públicas, los periodistas deben informar y aclarar que son falsas. Al mismo tiempo, más de la mitad (56%) cree que los periodistas “no pueden separar a menudo sus opiniones personales” de lo que publican, con diferencias marcadas por partido.
En perfil y preparación, la ciudadanía otorga más peso al conocimiento temático que al estatus laboral o a la titulación: el 70% considera “muy importante” que quien informa tenga dominio profundo del tema, frente al 31% que valora estar empleado por un medio y el 25% que prioriza un título universitario en periodismo. Aun así, un 60% opina que debería requerirse formación formal para ejercer. En transparencia, el aspecto más demandado es explicar cómo se gestionan los errores: el 66% lo considera “muy importante”.
Los datos también reflejan cómo llega la información. Casi la mitad de los adultos (46%) dice que la mayor parte de sus noticias proviene de personas a las que considera periodistas, aunque un 59% declara que preferiría informarse principalmente a través de periodistas . Ese desfase convive con una valoración ambivalente de los atributos: mayorías describen a “la mayoría de los periodistas” como inteligentes (63%) y bien intencionados (58%), pero también como “sesgados” (58%).
Las diferencias partidistas atraviesan todas las dimensiones. Los demócratas muestran niveles de confianza y valoración más altos; los republicanos son más críticos. Un 74% de los republicanos, frente al 39% de los demócratas, cree que los periodistas no logran separar sus opiniones; un 51% de republicanos califica a “la mayoría” como deshonestos, frente al 19% de demócratas . Estas brechas se reproducen en qué funciones se priorizan: entre demócratas gana apoyo el papel “vigilante” —corregir desinformación y supervisar a los poderosos— y la defensa de voces infrarrepresentadas.
El informe, publicado el 20 de agosto de 2025, incorpora además evidencia cualitativa de nueve grupos focales que ayuda a contextualizar los porcentajes y muestra percepciones sobre autenticidad, opinión y riesgos del trabajo, así como la influencia de intereses políticos o financieros en la cobertura. El conjunto dibuja un terreno exigente para el oficio: reconocimiento amplio de su función social, escepticismo sostenido sobre su imparcialidad y reglas de juego que el público sigue situando, con matices, en la verificación, la corrección y la transparencia.



