viernes 3 de abril de 2026
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La censura digital desplaza el control informativo hacia algoritmos, presión económica y desinformación

La censura digital ya no necesita prohibiciones explícitas ni cierres de redacciones, sino que opera mediante algoritmos opacos, presiones económicas y campañas de desinformación que erosionan la visibilidad del periodismo sin dejar huellas evidentes, según concluye el estudio académico La metamorfosis de la censura en la era digital: desafíos algorítmicos y el futuro del periodismo, firmado por José Francisco Díaz Cuesta y Serafín Barros Garbín (Universidad Complutense de Madrid) y publicado en Comunicación y Hombre

El trabajo sostiene que la censura contemporánea ha dejado de ser exclusivamente un acto estatal directo para transformarse en un sistema híbrido donde confluyen violencia física, acoso judicial, asfixia financiera y regulación algorítmica. La investigación, basada en una revisión sistemática de literatura académica publicada entre 2015 y 2024 y en informes de organismos internacionales como Reporteros Sin Fronteras y UNESCO, identifica una mutación estructural que afecta al núcleo del sistema democrático: la capacidad del periodismo para fiscalizar el poder.

Violencia y acoso judicial: la persistencia de la censura clásica

Los autores recuerdan que la violencia física contra periodistas continúa siendo un mecanismo activo de silenciamiento. Entre 2006 y 2020 fueron asesinados más de 1.200 periodistas en el mundo, y en torno al 90% de los casos permanece impune, lo que convierte la impunidad en parte del propio mecanismo de censura . En México, donde se registraron más de 150 homicidios de comunicadores en la última década, la violencia se ha convertido en un instrumento para disciplinar la cobertura informativa.

Junto a la violencia física, el estudio describe el uso creciente de demandas estratégicas contra la participación pública (SLAPP), cuyo objetivo no es tanto ganar un litigio como desgastar económicamente a periodistas y medios. El procedimiento, detallan los investigadores, obliga a asumir costes legales elevados y genera un efecto disuasorio incluso cuando las demandas no prosperan . El caso de la periodista filipina Maria Ressa, galardonada con el Nobel de la Paz, es citado como ejemplo de este patrón de presión judicial prolongada.

El informe incorpora también la dimensión de género, apoyándose en datos de la UNESCO que indican que el 73% de las periodistas ha sufrido amenazas, intimidaciones o insultos en línea. Las campañas coordinadas de descrédito, amplificadas por bots y sistemas automatizados, constituyen una forma específica de silenciamiento dirigida a expulsar a mujeres del espacio público digital .

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La censura económica y la presión publicitaria

El estudio identifica una segunda dimensión menos visible pero igualmente eficaz: la asfixia económica. La caída de ingresos publicitarios en los medios tradicionales y la concentración del mercado digital en grandes plataformas tecnológicas han debilitado la autonomía financiera de las redacciones. La dependencia de la publicidad institucional o privada puede derivar en presiones indirectas para moderar determinadas coberturas.

Los autores describen cómo esta vulnerabilidad se traduce en una forma de censura que no requiere órdenes explícitas, sino que opera mediante incentivos y desincentivos económicos. La precariedad estructural favorece la autocensura, especialmente en medios locales o con estructuras financieras frágiles .

Desinformación y populismo: la erosión del debate público

El análisis dedica un apartado específico al fenómeno de la desinformación y su relación con estrategias políticas contemporáneas. Durante el primer mandato de Donald Trump (2017-2021), señalan los investigadores, la reiteración sistemática de afirmaciones falsas generó un entorno en el que la distinción entre verdad y opinión se diluía, dificultando la labor de verificación periodística .

El estudio sostiene que la repetición de narrativas falsas, amplificadas por redes sociales y medios afines, configura una modalidad de censura indirecta: no se impide hablar, pero se inunda el espacio público con información contradictoria hasta debilitar la credibilidad de los hechos contrastados. La normalización de esta dinámica, advierten, plantea riesgos estructurales para las democracias.

La censura algorítmica y el “gatekeeping” invisible

La aportación central del trabajo se centra en la censura algorítmica. Plataformas como Facebook o Google determinan qué contenidos se muestran a cada usuario en función de criterios de relevancia, interacción previa y rentabilidad publicitaria. Esta lógica, basada en el engagement, puede relegar informaciones de alto valor público si no generan tráfico o reacciones inmediatas.

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Los autores subrayan que esta forma de control no adopta la forma de una prohibición, sino de una reducción sistemática de visibilidad, fenómeno que se manifiesta en prácticas como el “shadow banning”, donde el contenido no desaparece formalmente, pero deja de alcanzar a su audiencia potencial . La inteligencia artificial actúa como intermediaria entre emisores y receptores, modulando la circulación de información sin que el usuario perciba una intervención directa.

El documento advierte de que el diseño técnico de estas plataformas no es neutral y responde a incentivos económicos. La priorización de contenidos polarizantes o emocionales, que retienen más tiempo al usuario, puede desplazar investigaciones complejas o análisis de largo formato, reduciendo su alcance efectivo.

Autocensura inducida y “algospeak”

El estudio describe además un fenómeno emergente: el “algospeak”, término que alude a la adaptación del lenguaje por parte de creadores de contenido para evitar penalizaciones automáticas. Periodistas y comunicadores recurren a eufemismos o alteraciones léxicas para esquivar filtros automatizados, lo que configura una forma de autocensura inducida por la lógica algorítmica .

A diferencia de la censura clásica, no existe una orden expresa de prohibición. Es el propio diseño de los sistemas el que incentiva ajustes preventivos en el discurso, con el objetivo de mantener visibilidad y monetización.

Propuestas y perspectivas

En sus conclusiones, los autores plantean cinco líneas de actuación: reforzar la protección física y jurídica de periodistas; exigir transparencia en los sistemas algorítmicos; fortalecer la sostenibilidad económica de los medios independientes; promover la alfabetización mediática; y desarrollar una ética profesional adaptada al entorno digital .

El estudio sostiene que la metamorfosis de la censura no implica su desaparición, sino su sofisticación. El control ya no se ejerce únicamente desde el Estado, sino a través de una red de mecanismos interdependientes —violencia, precariedad, opacidad tecnológica y manipulación informativa— que operan de forma simultánea. La defensa del periodismo, concluyen los investigadores, depende de reconocer esta transformación estructural y de articular respuestas institucionales y sociales acordes con la nueva arquitectura del poder informativo.

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