viernes 3 de abril de 2026
InicioOpinión ConfianzaCómo el Washington Post se saboteó a sí mismo (y por qué...

Cómo el Washington Post se saboteó a sí mismo (y por qué eso no explica el declive del periodismo)

El naufragio interno del Washington Post no es solo una tragedia corporativa: es una advertencia sobre los peligros de confundir errores de liderazgo con fatalidades estructurales. Que uno de los grandes bastiones del periodismo global haya despedido a casi un tercio de su plantilla y desmantelado secciones enteras no puede leerse únicamente como un síntoma de tiempos difíciles para la prensa. Es, también, el resultado de decisiones concretas –editoriales, ideológicas y empresariales– tomadas por quienes tenían los medios para evitarlo. Asumir que todo esto era inevitable es, además de falso, profundamente peligroso.

El despido masivo en The Washington Post ha sacudido al periodismo mundial y ha acentuado la desconfianza hacia la labor de los medios. En una sola mañana, el prestigioso diario de Washington despidió a casi una tercera parte de su plantilla, cerrando secciones enteras –deportes, libros, parte de internacional– y reduciendo su redacción a la mínima expresión. “Es uno de los días más oscuros en la historia de uno de los grandes periódicos del mundo”, sentenció Martin Baron, exdirector del Post, al conocer la noticia. Sus temores son comprensibles: las ambiciones del diario se ven ahora gravemente mermadas, y muchos temen que la pérdida de calidad y alcance acelere una espiral de declive casi imposible de revertir.

Voces influyentes del panorama mediático han reaccionado con alarmismo justificado. La veterana columnista Margaret Sullivan comparó la situación con destrozar un Stradivarius: Jeff Bezos tenía en sus manos un tesoro periodístico único, pero en lugar de cuidarlo, parece estar haciéndolo añicos. Ashley Parker, exreportera del Post, fue aún más allá al hablar de un “asesinato” de la esencia del diario a manos de su dueño multimillonario y el editor que él impuso.

La indignación no proviene solo de la sentimentalidad; obedece a la percepción de que The Washington Post está siendo despojado de aquello que lo hacía especial: su amplitud de miras, su profundidad informativa y su voz independiente. Cada sección cerrada y cada corresponsal despedido reducen la capacidad del periódico para informar con autoridad, para “iluminar” las oscuridades donde –como reza su lema– la democracia podría morir.

¿Cómo pudo llegar el Post a este extremo? Gran parte de las miradas apuntan a Jeff Bezos. Cuando el fundador de Amazon compró el diario en 2013, prometió una «nueva edad dorada» y durante un tiempo pareció invertir en ese futuro. Sin embargo, en los últimos años Bezos dio un giro inquietante, coincidiendo con cambios en el clima político. En 2024, a pocos días de las elecciones presidenciales de noviembre, Bezos ordenó frenar a última hora un editorial que iba a respaldar a la candidata demócrata Kamala Harris –una decisión calificada internamente como “una orden cobarde”–, provocando la furia de los lectores y la cancelación de más de 250.000 suscripciones.

Poco después, mandó orientar la página editorial hacia posiciones más conservadoras, inclinadas a no incomodar a la nueva administración Trump. El resultado fue la salida de algunos de los mejores columnistas progresistas y caricaturistas críticos del Post, y con ellos, la alienación de una parte importante de su audiencia fiel. En palabras de Baron, “los lectores leales, indignados al ver al propietario traicionar los valores que debía defender, huyeron por cientos de miles”. La consecuencia directa: el Post entró en números rojos (se estima que perdió 100 millones de dólares en 2024) y su tráfico digital cayó en picado por tercer año consecutivo.

Bezos, uno de los hombres más ricos del planeta, ciertamente podría haberse permitido financiar esas pérdidas temporales en aras de preservar un bien público de valor incalculable. Como señala Nate Silver, para alguien con una fortuna estimada en 250.000 millones, cubrir 100 millones anuales es poco más que “un error de redondeo. Sin embargo, Bezos optó por no seguir sosteniendo al diario y priorizar la rentabilidad inmediata.

Te puede interesar:  Por qué la marca ya no es suficiente por sí sola para sostener la confianza en los medios

Más aún, según observadores, tomó decisiones empresariales y editoriales pensando en proteger sus otros intereses corporativos. No es casual que Bezos guardase silencio y se mostrase evasivo ante las cartas de sus periodistas suplicando que no hubiese despidos. Todo indica que teme enfurecer al poder político: con Donald Trump de nuevo en la Casa Blanca, Bezos tendría razones para pensar que un Post demasiado crítico podría atraer represalias contra Amazon o Blue Origin (empresas suyas altamente expuestas a contratos gubernamentales).

En definitiva, el mismo visionario que en 2016 alababa el “valor sagrado” de adquirir el Post y se comprometía a darle “pista financiera para que no tuviera que encoger hasta la irrelevancia”, hoy parece anteponer la autoprotección y los números a corto plazo a la misión periodística que abrazó.

Pero no todos los problemas son autoinfligidos

No todos los problemas del Washington Post son autoinfligidos. El periódico –como tantos otros medios– enfrenta los embates de un modelo de negocio en transformación vertiginosa, con la publicidad migrando a las grandes plataformas tecnológicas y los hábitos de los lectores cambiando sin cesar.

Además, la era post-Trump supuso un desafío para muchos medios que vieron descender el furor informativo y el crecimiento de suscriptores que el caos político había estimulado. Aun así, resulta evidente que hubo errores de liderazgo evitables.

Otros grandes diarios supieron navegar mejor la tormenta: The New York Times hoy es rentable, presume de récord de suscripciones digitales y ha diversificado su oferta (noticias, podcasts, juegos, cocina, vídeo) para ampliar su audiencia. Incluso medios no respaldados por magnates, como The Guardian, han logrado equilibrio financiero y crecimiento apoyándose en sus lectores.

El Post, en cambio, se embarcó en planes erráticos —desde iniciativas digitales fallidas hasta una estrategia difusa de convertir la redacción en una fábrica de “contenido de personalidades” al estilo de las redes sociales— al tiempo que abandonaba aquello que justificaba su grandeza.

Como resumió un veterano reportero del diario, “estamos tomando el camino hacia un producto mucho más mediocre, que tampoco parece atraer a más lectores”. En lugar de innovar sin perder su esencia, la dirección pareció oscilar entre dos extremos: o bien intentar ser una copia liviana de Politico, centrada solo en política rápida, o perseguir sueños grandiosos de multiplicar por cien la audiencia sin un plan realista para lograrlo.

El resultado de esas decisiones está hoy a la vista. The Washington Post queda reducido y con la moral por los suelos. Su prestigio se está erosionando justo cuando más se necesita un periodismo fuerte e independiente. No olvidemos que nos encontramos en un momento histórico en que regresan líderes populistas deseosos de vengarse de la prensa crítica, y en que la desinformación campa a sus anchas.

Te puede interesar:  La confianza no se negocia

Paradójicamente, debilitar al Post no solo pone en riesgo el futuro de esa institución, sino que empobrece el ecosistema informativo de la democracia estadounidense. Durante décadas, el Post actuó como un contrapoder fundamental –exponiendo escándalos desde el Watergate hasta los excesos de la era Trump– y ofreciendo una cobertura rica que iba de lo local a lo global.

Era, junto con el Times, uno de los dos grandes faros del periodismo estadounidense. Si ese faro se atenúa o se apaga, el escrutinio al poder será menor y la ciudadanía, más vulnerable a las tinieblas de la manipulación.

La errónea tentación de ver la crisis del «Wapo» como un símbolo de tendencias más amplia

Es tentador ver en esta crisis del Washington Post un símbolo de tendencias más amplias. Ciertamente, la prensa atraviesa una encrucijada: los periodistas se enfrentan simultáneamente a las presiones financieras de la era digital y a la hostilidad política de líderes que quisieran una prensa dócil o inexistente.

Pero lo ocurrido con el Post no debe aceptarse con fatalismo, como si fuera un desenlace inevitable. Más bien, es una llamada de atención sobre las consecuencias de traicionar la confianza de la audiencia y de gestionar un medio informativo con la mirada puesta más en los balances trimestrales (o en las conveniencias políticas del propietario) que en el valor a largo plazo de la calidad periodística.

Lo ocurrido con el Post no debe aceptarse con fatalismo, como si fuera un desenlace inevitable

En el caso del Post, la cura estaba al alcance: había margen para ajustes y nuevas estrategias sin necesidad de desangrar al periódico ni dilapidar el capital de credibilidad ganado con años de buen periodismo.

Jeff Bezos, con todos sus recursos, podría haber elegido ese camino. Aún está a tiempo de corregir el rumbo, vender el diario a alguien dispuesto a sostenerlo o invertir él mismo en reconstruir lo que ha desmontado.

Como dueño de The Washington Post, Bezos tenía la oportunidad de ser recordado como el magnate que salvó un tesoro nacional; hoy corre el riesgo de pasar a la historia como quien lo llevó a la ruina por sus propios errores.

Sí, en sus manos estuvo un Stradivarius informativo de incalculable valor, y está a punto de estrellarlo contra el suelo. Evitarlo no solo salvaría su legado como editor, sino que sería un servicio imprescindible a la democracia.

Porque al final del día, lo que está en juego en la agonía del Post no es solo el destino de una empresa, sino el derecho de los ciudadanos a estar informados y la salud del debate público en tiempos de incertidumbre. Y esa es una responsabilidad que trasciende con mucho cualquier cálculo de pérdidas y ganancias.

* Lluís Cucarella es director editorial del Laboratorio de Periodismo, CEO de Next Idea Media y consultor asociado a WAN-IFRA

Artículos relacionados

DEJA UNA RESPUESTA

Please enter your comment!
Please enter your name here

ÚLTIMOS ARTÍCULOS

LO MÁS LEÍDO