La Autoridad francesa de la competencia ha intensificado su ofensiva contra las principales empresas tecnológicas estadounidenses en el contexto del desarrollo acelerado de la inteligencia artificial (IA). El pasado 9 de julio, el organismo anunció la apertura de un nuevo procedimiento contra Meta —matriz de Facebook, Instagram y WhatsApp— por presunto abuso de posición dominante en el mercado de la publicidad en línea, reabriendo un expediente que ya había obligado a la empresa en 2022 a modificar sus acuerdos con otros actores del sector.
La ofensiva no se limita a Meta. En marzo, Apple fue sancionada con 150 millones de euros debido a su sistema App Tracking Transparency, que obliga a las aplicaciones de terceros —pero no a las propias de Apple— a solicitar el consentimiento del usuario para recolectar datos. Esta multa representa la mayor parte de los 180 millones de euros impuestos por la Autoridad francesa en lo que va de 2025.
La expansión de la IA, y los riesgos derivados de su uso por parte de los gigantes tecnológicos, han sido el foco central de la rueda de prensa celebrada en París el 10 de julio. Según publica Challenges, Benoît Cœuré, presidente de la Autoridad de la competencia y también del comité de la competencia de la OCDE, declaró que la inteligencia artificial «irriga todo el trabajo» del organismo. Las compañías del grupo GAFAM —Google, Apple, Meta, Amazon y Microsoft— están desarrollando modelos de IA, motores de búsqueda inteligentes y servicios conectados, en un contexto aún escasamente regulado. Entre los riesgos identificados: el entrenamiento de modelos sobre obras protegidas sin el consentimiento de los autores y sin mecanismos de transparencia ni retribución por derechos de autor.
La Autoridad presume de haber sido pionera en abordar estas prácticas. En 2022, impuso medidas a Google por entrenar un modelo de inteligencia artificial con contenidos de medios de comunicación sin informar ni ofrecer mecanismos de retirada a los editores. El gigante estadounidense tuvo que reconocer el derecho de los autores y agencias de noticias a decidir sobre el uso de sus obras. Dos años más tarde, en 2024, Google fue sancionada de nuevo con 250 millones de euros por incumplir esos compromisos. Esta multa contribuyó a que el total de sanciones de ese año alcanzara un récord de 1.400 millones de euros.
Desde entonces, la Autoridad ha puesto en marcha varias iniciativas centradas en la IA: un dictamen sobre cómo prevenir prácticas anticompetitivas ligadas al entrenamiento de modelos, un segundo en preparación sobre la creación automatizada de vídeos y una próxima publicación sobre el acceso a los recursos energéticos, incluida la energía nuclear utilizada por los centros de datos.
Organismos nacionales, como la Autoridad francesa, han asumido un papel cada vez más influyente ante la falta de una regulación común europea. No obstante, Benoît Cœuré advirtió que la complejidad de los textos legislativos europeos puede acabar beneficiando a las grandes tecnológicas. “Son ellas quienes los han redactado, muchas veces, desde sus oficinas de lobby en Bruselas”, denunció, en referencia a la tramitación del reglamento IA Act, cuyo texto simplificado será presentado en otoño por la Comisión Europea.
En paralelo, la aplicación del derecho de la competencia ha adquirido una dimensión geopolítica. El presidente de la Autoridad instó a evitar que las sanciones recaigan únicamente sobre empresas estadounidenses. “El derecho no debe depender del pasaporte de una empresa”, señaló, alertando de que el reglamento europeo de mercados digitales (DMA) no debe ser utilizado como herramienta de negociación comercial. En los últimos meses, la UE ha utilizado su política de competencia como contrapeso ante las presiones arancelarias de la Administración Trump.
La presión regulatoria no ha frenado las denuncias. El pasado 30 de junio, un grupo de editores europeos presentó ante la Comisión Europea una nueva queja contra Google, según la agencia Reuters, por mostrar resúmenes generados por inteligencia artificial en los primeros resultados de búsqueda, desplazando a los medios originales.
La batalla por el control de la IA —y sus condiciones de desarrollo— está lejos de terminar.



