La batalla de los medios de comunicación por controlar el uso de sus contenidos en la inteligencia artificial ha abierto un nuevo frente judicial. The New York Times y otros tres periódicos estadounidenses han presentado demandas contra Brave Software, la empresa propietaria del navegador y buscador Brave, a la que acusan de copiar artículos periodísticos sin autorización y comercializar el acceso a esos contenidos entre compañías de inteligencia artificial. La novedad es que los editores no se dirigen únicamente contra quienes desarrollan los modelos de IA, sino también contra las empresas que les proporcionan la información con la que elaboran sus respuestas.
Las demandas fueron presentadas el lunes 2 de noviembre ante el Tribunal Federal del Distrito Sur de Nueva York. The New York Times inició un procedimiento independiente, mientras que el New York Daily News, el Chicago Tribune y el Orlando Sentinel interpusieron una segunda demanda con acusaciones similares. Ambas acciones cuestionan varias actividades de Brave: la recopilación automatizada de noticias, su distribución a través de servicios comerciales de búsqueda, la reproducción de contenidos protegidos mediante inteligencia artificial y la posibilidad de acceder a artículos reservados a suscriptores.
El principal objetivo de las reclamaciones es Brave Search, el buscador desarrollado por la compañía fundada en 2015 por Brendan Eich y Brian Bondy. A diferencia de otros servicios que dependen de los índices de Google o Bing, Brave ha construido una infraestructura propia que, según la documentación recogida en las demandas, comprende más de 30.000 millones de páginas web. Los periódicos sostienen que la empresa ha recopilado estos materiales mediante sistemas de rastreo cuya identificación no permite a los titulares de las páginas impedir eficazmente su acceso.
El conflicto no se limita a la existencia de ese índice, sino al uso comercial que Brave hace de la información almacenada. La compañía ofrece una interfaz de programación denominada Brave Search API, mediante la cual otras empresas pueden consultar contenidos de internet e incorporarlos a sus propios servicios. Las demandas identifican a Anthropic, Perplexity, Mistral, xAI y Cohere entre las compañías que habrían utilizado esa infraestructura.
Según los demandantes, las empresas de inteligencia artificial pueden recurrir a estos servicios para obtener información con la que entrenar modelos o para recuperar contenidos actualizados cuando un usuario formula una pregunta. Se trata de actividades diferentes: el entrenamiento incorpora información durante el desarrollo de un modelo, mientras que la recuperación permite consultar materiales externos para preparar una respuesta concreta. Los escritos no demuestran que todas las compañías mencionadas hayan utilizado los artículos de los periódicos para ambos fines. Ninguna de ellas figura como demandada en estos dos procedimientos.
Uno de los elementos más relevantes de las demandas son las pruebas aportadas sobre la cantidad de contenido periodístico que puede recuperar Brave. The New York Times describe un ensayo en el que la interfaz de programación devolvió literalmente 1.291 de las 1.295 palabras de uno de sus artículos, publicado con el título Mixed Human Feelings After a Day at a Park Full of Robots. Es decir, prácticamente la totalidad del texto original.
La segunda demanda recoge ejemplos semejantes. Según la documentación judicial, Ask Brave, el sistema de respuestas mediante inteligencia artificial de la compañía, reprodujo más de 1.200 palabras de una información del Chicago Tribune sobre las ventajas fiscales concedidas a centros de datos próximos al aeropuerto O’Hare. En otra prueba, el asistente identificó 35 artículos publicados ese día por el New York Daily News y ofreció recuperar su contenido completo. Los periódicos aportan comparaciones entre las respuestas generadas y los textos originales para fundamentar sus reclamaciones.
Estas pruebas sitúan el conflicto en una cuestión especialmente importante para el negocio editorial: cuándo una herramienta de búsqueda deja de dirigir lectores hacia un periódico y empieza a ofrecer un producto que sustituye la consulta de sus artículos. Los demandantes sostienen que los servicios de Brave pueden satisfacer directamente las necesidades informativas del usuario sin que este visite la web del medio, se registre o contrate una suscripción.
El enfrentamiento también afecta a los muros de pago. Los periódicos acusan a Brave de ofrecer en su navegador una opción denominada Paywall blocker, que permite activar filtros destinados a sortear determinadas restricciones de acceso. La publicación tecnológica Ars Technica realizó una comprobación independiente y constató que, al utilizar esa función, podía acceder a un artículo de pago de The New York Times. La demanda sostiene que esta práctica vulnera las disposiciones de la Digital Millennium Copyright Act (DMCA) estadounidense relativas a la elusión de medidas tecnológicas de protección.
La publicidad constituye un tercer motivo de enfrentamiento. Las demandas cuestionan que Brave bloquee los anuncios publicados en las páginas de los periódicos y comercialice simultáneamente su propio sistema publicitario. Los editores consideran que esta combinación permite a la compañía beneficiarse de la audiencia atraída por sus contenidos sin asumir los costes de producirlos. Por este motivo incluyen una reclamación por enriquecimiento injusto que, según los escritos, es independiente de las posibles infracciones de derechos de autor.
The New York Times asegura que intentó detener estas prácticas antes de acudir a los tribunales. El periódico afirma que remitió una primera comunicación al consejero delegado de Brave el 11 de agosto de 2025 y una segunda el 13 de abril de 2026, exigiendo que cesara el uso no autorizado de sus contenidos. Según la demanda, ninguna de las dos obtuvo respuesta. Ahora solicita una orden judicial permanente que impida las conductas denunciadas, además de indemnizaciones y la restitución de los beneficios que considera obtenidos indebidamente.
La compañía demandada no había ofrecido una respuesta pública específica en las informaciones consultadas tras la presentación de los procedimientos. Sin embargo, Brave ya mantiene otro litigio con News Corp, propietario de The Wall Street Journal y el New York Post. En marzo de 2025, Brave acudió preventivamente a los tribunales para solicitar que se reconociera la legalidad de sus prácticas de búsqueda. News Corp respondió en julio de 2026 con una contrademanda por presunta vulneración de derechos de autor.
En aquel procedimiento, según informó Reuters, Brave defendió que la indexación de artículos, la presentación de fragmentos y la elaboración de resúmenes generales podían estar amparadas por la doctrina estadounidense del uso legítimo (fair use). News Corp, por su parte, argumentó que comercializar contenidos periodísticos sin autorización reduce los incentivos de las empresas tecnológicas para negociar licencias directamente con sus propietarios. Esa controversia continúa siendo distinta de las nuevas demandas, aunque plantea cuestiones jurídicas estrechamente relacionadas.
La ofensiva judicial estadounidense coincide con un aumento de las reclamaciones de los editores en otros mercados. Esta misma semana, el Laboratorio de Periodismo ha informado de un dictamen del abogado general del Tribunal de Justicia de la Unión Europea que plantea posibles responsabilidades por la reproducción de contenidos periodísticos mediante Gemini, el asistente de Google. El pronunciamiento todavía no es vinculante y no equivale a una sentencia. No obstante, también distingue entre el entrenamiento de modelos y la recuperación de información que posteriormente aparece en las respuestas a los usuarios.
Otra controversia relacionada es la de Meta, que, tras la presión de los editores, ha aplazado la aplicación de sus nuevas condiciones comerciales. Las asociaciones del sector temen que determinadas disposiciones permitan ampliar la recopilación automatizada de contenidos periodísticos sin acuerdos específicos de remuneración, una interpretación que Meta rechaza.
En el caso de Brave, las dos demandas presentadas en Nueva York reúnen cinco reclamaciones, entre ellas distintas modalidades de infracción de derechos de autor, elusión de medidas tecnológicas de protección y enriquecimiento injusto. Los procedimientos se encuentran en su fase inicial. Todavía no existe una resolución que determine si las actividades denunciadas son ilegales ni una cuantificación judicial de los daños reclamados.



