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La identificación de una fuente tras el registro del móvil de un periodista reabre en Brasil el debate sobre el secreto profesional

La incautación del teléfono móvil y los ordenadores de un periodista durante una investigación policial ha abierto en Brasil un debate sobre hasta dónde puede llegar la actuación de las autoridades cuando afecta a la confidencialidad de las fuentes. El caso enfrenta dos principios especialmente sensibles: la protección constitucional del secreto de las fuentes periodísticas y la seguridad de un magistrado del Supremo Federal cuyos desplazamientos y dispositivos de protección habían sido objeto de una investigación periodística.

El caso, reconstruido por el periodista Leonardo Coelho en LatAm Journalism Review (LJR), tiene como protagonista a Luís Pablo, un periodista del estado de Maranhão conocido por sus informaciones sobre políticos y otras figuras de poder. En noviembre de 2025 publicó en su web una investigación en la que sostenía que Flávio Dino, exgobernador de Maranhão y actualmente magistrado del Supremo Tribunal Federal, había utilizado indebidamente recursos públicos para desplazamientos privados con su familia.

La controversia dejó de centrarse únicamente en el contenido de la información cuando la policía registró el domicilio del periodista y utilizó sus dispositivos para identificar a una de sus fuentes.

Dino sostuvo que los datos publicados incluían información sensible sobre sus desplazamientos y su dispositivo de seguridad y que habían sido obtenidos de forma ilícita. En diciembre de 2025, la Policía Federal empezó a investigar si Pablo había accedido ilegalmente a información sobre los viajes y la protección del magistrado. En marzo de 2026, con autorización del juez del Supremo Alexandre de Moraes, los agentes registraron la vivienda del periodista y se incautaron de su teléfono y sus ordenadores.

El análisis de esos dispositivos permitió a los investigadores localizar conversaciones de WhatsApp que señalaban a Raimundo Cutrim, antiguo secretario de Seguridad de Maranhão y adversario político de Dino, como origen de parte de la información. Según la investigación policial, Cutrim había facilitado al periodista fotografías, vídeos y datos relacionados con el vehículo utilizado por el magistrado y con aspectos de su dispositivo de seguridad. Pablo confirmó posteriormente en entrevistas que Cutrim era su fuente.

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La identificación de Cutrim a partir del material incautado al periodista es el elemento que ha convertido el caso en una cuestión de alcance nacional para la profesión periodística brasileña. La Constitución de Brasil protege desde 1988 la confidencialidad de las fuentes, una garantía incorporada tras el final de la dictadura militar y que desde entonces ha sido objeto de distintas interpretaciones judiciales.

Pablo ha defendido que la documentación recibida tenía interés público. Según explicó a LJR, antes de publicar solicitó comentarios tanto a Dino como al Tribunal de Justicia de Maranhão, sin obtener respuesta. El periodista sostiene que los documentos mostraban que el Supremo había solicitado apoyo de seguridad para Dino durante su estancia en el estado y que posteriormente se había requerido un vehículo blindado cuyo uso estaba restringido a determinadas autoridades entre las que, según su interpretación, no figuraba el magistrado. También afirmó que parte de esos gastos habían sido abonados mediante una tarjeta de crédito pública.

Dino, por su parte, ha defendido la utilización del vehículo y sostiene que el problema afectaba directamente a su seguridad. En una declaración difundida en marzo explicó que su equipo había detectado una operación ilegal de seguimiento de sus movimientos que incluía información sobre matrículas de los vehículos utilizados, número y nombres de los agentes de seguridad y otros datos de protección. La información fue trasladada a la Policía Federal y a la Fiscalía General.

El caso plantea así una cuestión especialmente compleja: si una investigación sobre la posible obtención ilícita de información puede desarrollarse utilizando los dispositivos profesionales de un periodista cuando esa actuación permite descubrir una fuente confidencial.

Las principales organizaciones profesionales brasileñas que se han pronunciado sobre el asunto han cuestionado ese procedimiento. El Sindicato de Periodistas de Maranhão y la Federación Nacional de Periodistas (Fenaj) criticaron la operación policial, mientras que la Asociación Brasileña de Periodismo de Investigación (Abraji) advirtió de que la incautación de material utilizado para producir información periodística y la identificación de una fuente pueden amenazar la independencia profesional.

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Abraji ha defendido que la posible existencia de un delito debe investigarse sin debilitar las garantías constitucionales reconocidas a los periodistas. El caso también ha provocado reacciones fuera de Brasil. Pierre Manigault, presidente de la Sociedad Interamericana de Prensa, consideró especialmente grave que la fuente pudiera ser identificada mediante el análisis de los dispositivos incautados al periodista.

Flávia Tavares, directora del medio Meio, señaló a LJR que la decisión judicial que autorizó la incautación puede tener consecuencias más allá de este caso concreto y afectar tanto a grandes organizaciones informativas como a pequeñas redacciones locales. Otros periodistas han defendido que las autoridades disponían de vías alternativas para investigar cómo se había accedido a la información reservada sin necesidad de utilizar los archivos profesionales del periodista, como registros de acceso, cámaras de seguridad o movimientos financieros.

Sin embargo, dentro del propio periodismo brasileño no existe unanimidad sobre que este caso deba interpretarse únicamente como una vulneración del secreto profesional. Algunos periodistas consideran que la naturaleza de los datos obtenidos y el posible riesgo para la seguridad de Dino modifican sustancialmente el debate.

El comentarista político Reinaldo Azevedo ha sostenido que el elemento fundamental del caso es la seguridad del magistrado y ha cuestionado que el acceso a información tan detallada sobre sus protocolos de protección pueda quedar amparado automáticamente por la actividad periodística. Amanda Miranda, periodista de ICL Notícias, también ha señalado que el asunto afecta a la privacidad y seguridad de los funcionarios públicos y ha recordado que Dino participaba en investigaciones relacionadas con corrupción, malversación y asesinatos en Maranhão, circunstancias que podían aumentar su vulnerabilidad.

La investigación se amplió además después de que la policía encontrara, durante un registro realizado en agosto a la fuente del periodista, una transferencia de 100.000 reales brasileños —unos 20.000 dólares— realizada por un abogado a Pablo. La Policía Federal investiga si ese pago podría estar relacionado con publicaciones sobre Dino. Pablo lo

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